Finales Interminables

Comienzo un texto, y casi instantáneamente viene a mí la necesidad de ser breve… ¡lamentables síndromes! En fin, caso aparte. Ante la inminencia del fin de año, escribo a ciegas. Quizá terminen leyendo alguna forma de oda a los finales; o un homenaje a un renovado diseño del blog… ¡cómo saberlo! ¡y cuanto acierto! La imprecisión de un fin de ciclo, tan borroso como el inicio o escabroso como el viaje.

En algún punto se enterarán, así que vale destaparlo… esto es un artículo de celebración, lo más pertinente, me parece. Antes que nada, personal. Concedo con emoción haber llegado al artículo sesenta y uno con un promedio de cinco artículos a la semana. Escribir en este blog al menos me da la oportunidad de pensar arquitectura o cualquier otro tema que despierte mi curiosidad. Con eso, lo más esperado es compartirlo con el rigor de soltarlo a la opinión pública… sepan que el Errante festeja con cada uno de ustedes que ha leído alguna que otra frase o descabellada idea en este lugar.

Dicho esto, la otra parte relevante. Pasado un año tan particular… la celebración exige alguna forma de cierre… algo que pueda redimir penas y glorias, esfuerzos y derrotas… y habiendo escrito de ello recientemente, haré lo propio.

Los finales tratan del reconocimiento… pariente del agradecimiento y victimario de la sinceridad. Superado cualquier tipo de acto ritual de fin de año, todo puede resumirse a esa acción central: el «reconocimiento». Un reflejo sin tapujos, ocurrido en una especie de éxtasis natural… una negación a sobrestimar las buenas acciones y una sincera reverencia a los errores. Sigan el paso… el reconocimiento es el umbral que se cruza desde una puerta semiabierta… una liberación que no culmina. Palabras más, palabras menos… el fin de año es el día más común de todos, o al menos, así espero que sea. Sólo un día normal donde ese sincero agradecimiento ocurra mutuo… un «final interminable», sí así lo desean.

Que manera tan ideal para un final… tengo la esperanza de que esos finales interminables les sucedan inesperada y continuamente a lo largo de sus vidas… y, aún así, festejar la reunión improvisada, virtual o mental con sus seres queridos.

Finales interminables para todos ustedes, los presentes y los ausentes.

El Errante

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Notas de Arquitectura Paramétrica I

El tema que introduzco es nuevo para el contenido de este blog (incluso por su reciente introducción con arquitectura). Siento un poco la emoción del inicio de un viaje, o la ansiedad de un niño por usar el juguete que tanto deseaba. Y afirmo que buena parte de los sentimientos se acrecientan por ya haberlo usado. Nada más y nada menos que la «arquitectura paramétrica». Es un concepto extraño… no nos dejemos engañar. Uno de los medios para diseñar que acercan más eficazmente las matemáticas, la tecnología y la arquitectura. Usaré este escrito para abreviar de lo que va, pues será un largo camino.

La arquitectura paramétrica es una cúspide, literalmente es asociar matemáticamente la construcción de una forma. A manera de ejemplo, podremos pensar en un muro de tabiques. Cuando se construye, uno a uno el muro se forma… aunque como arquitectos nos es más conveniente primero crear un modelo virtual que nos permita previsualizarlo y tomar decisiones. Como ven, hablamos de una herramienta. Imaginemos pues que creamos un modelo virtual de ese muro. Tabique a tabique estaremos creando el muro entero… un proceso de trabajo intensivo. Si decidiéramos hacer un modelo paramétrico, dejaríamos de preocuparnos por los problemas de modelado y nos concentraríamos en resolver matemáticamente el muro. Definiríamos las medidas de un tabique y con una simple repetición, las copias irían según lo definamos… resultando en un proceso más breve y con una sorpresiva ventaja, si las medidas cambian, y el modelo entero hace lo propio en un santiamén.

Es un caso burdo, he de aceptarlo, pero sencillo de digerir. La esperanza está en tener a la disposición una herramienta tan hábil y que nos permitirá solucionar problemas de los que antes sólo podíamos adivinar. Una promesa inesperada. Aún así, no durmamos en laureles. Esta nueva búsqueda trae consigo encrucijadas inesperadas, la peor de ellas es que visualizar (y resolver) un problema paramétrico eleva el diseño arquitectónico a una dimensión tan abstracta como las matemáticas, en otras palabras, lo aleja de la sensación humana (al arquitecto y al usuario juntos) … todo se vuelve forma abstracta. Y créanme cuando les digo que es lo más llamativo de la discusión.

El Errante

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JG y Gratitoad

He visto bellas metáforas del agradecimiento. Tal cual… imágenes y hermosas representaciones que saben encuadrar su figura en blancos y negros, y embellecer un simple «gracias». No sé si es por el prevalente sentimiento de recién verla, pero la película de Pixar «Soul» hace lo propio. No es un tema evidente, subyace en la chispa de «vivir» … en el cliché del Carpe Diem. Un curioso personaje que le da lugar a su vida tras comprenderla. Y por fin hallo lugar para hablar de esto, la serie estadunidense «Big Mouth». Otro magno ejemplo de un buen retrato (y trato) de las emociones. Con una suave y cuidadosamente colocada personalidad para cada cual… y no dudaré en afirmar la enternecedora aparición de un sapo llamado en inglés «Gratitoad». Un juego de palabras que encarna el agradecimiento (gratitude) y sapo (toad). Por sobre el remarcable ingenio del nombre, es la personificación y su centralizada importancia tan parecida a la película de Pixar. Resulta que, para cada personaje, en especial para la adolescente Jessi es sólo a través del sapo, en otras palabras, del agradecimiento, como supera la disfuncional vida que lleva. Supongo que les escribo desde la emoción de tan ingeniosas, honestas y buenas enseñanzas.

Con esa suerte de crítica, no puedo seguir sin recordar la actitud de Albert Camus: una excesiva valoración de la bondad es una equivalente exageración del mal. Créanme cuando les digo que cada vez que lo repito, más sentido tienen esas palabras. Sepan que no son mis intenciones el llevar lo deprimente junto a lo optimista… sólo darles una narración humana. Tengo el sincero temor de generalizar el agradecimiento, pues sabemos que el sufrimiento es el pan de diario de muchos ¿con qué argumento invitas a tomar una actitud como esta? Y no quisiera finalizar con ese enfrentamiento cortante, sino con la reiteración de un motivo que persiste: las acciones que tomemos forman parte del mundo real… sea para un servidor escribir y compartir; para un arquitecto diseñar un hogar; para un informático, mejorar un proceso; o para una madre hacer un pastel… la cuenta al final es que esas acciones tengan la posibilidad de ofrecer el placer recibido. No nos adelantemos a que suceda, no no no… sencillamente arrojar las consecuencias con las mejores posibilidades de persistir. Si va bien, alguna ofrecerá una puerta abierta que antes no existía… quién dirá, que tal vez, sólo tal vez, la chispa siga encendida.

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Las Palabras que Superas

Las palabras son superables… ansío con mi corazón lograr que algún día cumplan la promesa dada al escribirlas. Una indeseada naturaleza. Sin ser una imagen cómoda, comprendo las razones que tiene un prisionero por escribir. No persiguen fama, posiblemente ni siquiera virtud… sólo una oportunidad de que una parte propia escape en alguien más. Sólo coincidencia que entre la incertidumbre del encierro por una pandemia haya nacido este blog.

Que tristeza aceptar que una palabra sólo es visual… pero, al mismo tiempo, supongo que esa razón es la más emocionante. Ahora sólo son palabras. Al paso de los días, es una liberación personal… y al paso de más días, tal vez la maravilla de alguno de ustedes, lectores queridos. Ese empuje es un inigualable combustible. Día a día, paso a paso.

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Casas Imaginarias

Ronda en mi mente una casa imaginaria… un dibuja y prueba de algunas ideas. Constantemente me pregunto qué hacer con ellas ¿un sketch breve es suficiente? ¿o volverlo una imagen digital lo expulsaría? ¿O un dibujo abstracto? Podría seguir nombrando maneras de representarla sin construirla ¿cuál es la mejor?

Tantos pensamientos fantásticos han pasado desapercibidos… sólo espero que este se archive en una larga lista de ideas que algún día serán un hogar real. Y tiene importancia hablar de esto… al menos desde la mirada del arquitecto. La valija sin fondo se llenará… recuerdos, dibujos, maquetas o palabras a medio escribir un día evolucionarán y encontrarán un lugar en la realidad.

Con el afán del cariño y del cuidado, a esta la coloqué en un lugar. En un terreno en el que suelo correr… hoy que lo hice a media tarde, imaginé que tan alto es… vi por donde entraría la luz y la oscuridad… sentí mis pasos según estaría sobre concreto o jardín… todo estaba ahí. Alguno de estos días tomará una forma memorable… más cerca de ser real, mientras tanto es una nube en el cielo.

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Fuego Navideño

Una tradición, un arraigo profundo, un preciado objeto: el “asador”. Una caja mágica que es personalizada, como los millones de objetos que habitan repisas, cajones, mesas o cualquier superficie útil (o inútil) de los hogares mexicanos. Fortuna o no, casi todos los tenemos… en el caso opuesto, ingeniosamente los fabricamos de unos tabiques y alambres. Un símbolo que contiene y crea tantos recuerdos. Que momento tan ideal como la pasada Nochebuena para encender el propio.

Sobreviviendo a este año pantanoso nos alcanzaron días especiales para toda sociedad… celebraciones de fin de año y, para la sociedad mexicana, la época navideña. Uno llega a estas fechas con una necesidad de consumir esperanza y renovar sus votos anuales. Ahora, en una situación inigualable, llegamos aún más abyectos a recibirla, entre las desgracias y carencias hoy más presentes y compartidas. La solicitud es más que obvia… “Enciendan su querido asador.”

En tiempos convulsos, la esperanza está en los símbolos. Agradezco la fortuna de conocer a los asadores… a los más humildes cuidadosamente colocados y siempre al filo de caer; los de barro, hechos en algún fogón a las afueras de la ciudad; o los armados entre láminas. El hogar los habitará todos. El fuego es el símbolo máximo de cariño… lo encuentren en el asador que encendió su padre, en la vela que cuida su madre o en el cerillo que sostenemos. Una espiral de atracción visual, una sensación de deseo o un recibimiento caluroso hallaremos en él. No interesan las formas, ni los medios tanto como poder estar junto a esa esperanza celebrada y presente. Esa luz natural es un viejo sabio, celébrenlo.

El Errante

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