Ciudades Suspendidas

De chico recibí un regalo guardado en una caja de cartón. Era un carrete de hilo rojo, grosísimo y pesado. Parecería ahora un regalo insulso ¡cuán equivocado! Agradezco que aquel niño no lo viera así. Bien sumergido en la emoción, lo tomé y salí a galope al parque de la vuelta. Allí, rápidamente y con un par de manos más comenzamos el espectáculo. Anudé el inicio a la rama de un robusto árbol, lo dejé caer y un amigo prosiguió el atado hasta el tronco más lejano. Dio dos vueltas, me lo pasó y continuamos. Las manos se multiplicaron sin mucho esfuerzo, era tanto hilo que de no ser así el octogésimo nudo hubiera sido inalcanzable.

En un abrir y cerrar de ojos, levemente cansados, unos treinta niños y niñas de toda la cuadra me acompañaban en mi asombro. Les confieso haber dejado la mitad del carrete, pero aquello adquirió tal densidad y magnitud que de haber continuado tal vez seguiríamos ahí. Saltamos de alegría y no paramos de explorarla. Podría tardarme horas relatándoles miles de figuras, movimientos, choques o sollozos que ejecutamos ese día, pero dejaré aquello a su inventiva. Verán, la magia envuelve a ese recuerdo. Unos hilos tensados crearon casas flotantes, muros invertidos y puentes inútiles. Un paraíso en el aire nacido de un carrete de hilo rojo. Aquello es una demostración excepcional de que el asombro, el misterio y la magia son la cuna de aventuras, retos y, sobre todo, historias compartidas. Aquella ciudad sigue viva, una leyenda que recorremos todos los días con cada niño y niña que estuvo ahí.

El Errante

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Simulaciones Virtuales de un Recuerdo

Un render: imagen simulada en un entorno virtual, intrínsecamente plana. Bien tratada, esa imagen puede despertar emociones más allá de la fría luz blanca de una pantalla. Aunque, si me sincero con ustedes, admito tener un cariño particular por cualquier representación que supere la barrera de la vana simulación. En el mundo físico, lo equivalente serían los modelos a escala: esos objetos que permiten manejar y conocer a detalle y con la facilidad de un movimiento, mientras que lograrlo en sus dimensiones reales sería un proceso agotador e incompleto. El objeto a escala o ese «render» coinciden en la delgada línea de la imaginación. Gaston Bauchelard, el filósofo francés, escribía en su Poética del Espacio del ensueño y la miniatura… pues precisamente cuando permiten al que ve o experimenta imaginar visiones y sueños, todo queda superado y cometido.

Eso vi en una imagen de un amigo mío. Una casa, casualmente, de los sueños. Por sobre descripciones relevantes o anotaciones interesantes, me concentraré en una solución que él acostumbra a explorar, y que a mi punto de vista resulta emocionante pues me provoco precisamente la ensoñación. Una casa separada de sus cimientos, parcialmente, con un jardín que la rodea lateralmente y al mismo tiempo la funde en ese espacio vacío debajo de ella. Es una regresión curiosa; en la escena se presenta un innombrable respeto por la tierra y la naturaleza, a la vez que exagera la necesidad por mantenerla viva y en una relación mutua con ese hogar. Las reflexiones podrían no parar, pero quedaré satisfecho con haberles compartido esas dos. Los jardines son (y deben ser) uno de los futuros prometedores de hogares y comunidades… y esta es una forma de encontrarlos.  

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Hogares Matinales

Normalmente despierto por las mañanas y la casa, casi como mi cuerpo, realiza un ritual para comenzar el día. A cada uno nos pasará distinto, incluso esas casas repetidas crean y motivan maneras diferentes de despertar. En la lista, inicialmente hay una razón de causa: al anochecer todo oscurece, nos ensimismamos; cuerpo y hogar… en el alba, el proceso es inverso: la casa se abre al ritmo de la luz matutina que se come a la oscuridad a paso firme. A partir de aquí, entran los colores únicos según se trate.

En tiempos fríos como este, esa apertura se intenta retardar hasta que el calor atice los muros. La variedad es infinita, incluso en mi caso. De vez en vez los ruidos comienzan en tiempos de madrugada, previo al amanecer… una puerta en la terraza abriéndose. En normalidad, a primeras horas de la mañana la historia recomienza. Una olla de canela se prepara en la cocina, sea por lo cálido, por la reacción corporal, el terroso olor o la ebullición animada de la olla nos reunimos naturalmente ahí, aunque sea para el breve saludo matinal. El encierro se mantiene por unas horas más, entre aromas y tranquilidad. Paulatinamente la casa abre sus puertas y ventanas. La cocina, una vez más, toma batuta. Le siguen el patio y la cochera, hasta terminar en cada cuarto. El hogar es una actividad humana ¿Qué otro argumento necesita para apreciar la belleza del propio y el ajeno?

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Revestimientos Futuros

Ahora pasa por mi cabeza una idea intrigante… intriga demostrable en un boceto y, por este medio, en palabras. El revestimiento es un dilema inextricable en arquitectura. Reducirlo para explicarlo no sería lo más conveniente, así que me permitiré puramente compartirlo y trabajarlo posteriormente.

Boceto de Autoría Propia.

«Revestir» es sencillamente sobreponer una capa… interponer entre un objeto previo y el sujeto, como saben, nosotros mismos. Nada novedoso, es algo que hacemos usualmente. Declarar alguna postura en tan pocas palabras sería dejarles sin cabos por atar… así que diré una improvisada reflexión conducida por un casual boceto. Qué sucede cuando se «reviste» no con la intención de ocultar y dejar sin rastro al material previo, sino con la de exaltarlo, delatarlo o abrir una mirilla hacia su presencia. Es algo muy parecido a lo que un arqueólogo o restaurador haría con un monumento o una pieza histórica, no se oculta el paso del tiempo, sino que se cuida una sutil presencia de este. La pieza consecutiva sería mencionar a Carlo Scarpa y el cuidadoso trabajo de sus diseños donde los elementos se presentan conjuntos y orquestados en la obra arquitectónica.

En conclusiones burdas, es un pensamiento simplón que pretende notar esa posibilidad. La remodelación de un espacio, la restauración de un entorno o el banal acto de limpiar representan ese sacro y humano acto: revestir el pasado con la voluntad de preservarlo por un instante más.

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Un Mínimo de Eggers

Aludir excesivamente a la maestría o vanagloriar alguna cosa nunca ha sido mi objetivo… es más terrenal me parece: usar las palabras para expresar una emoción, algo más personal que les permita adentrarse tanto como yo, ya si de paso va la benevolente o constructiva crítica, que venga. Hay una figura que recién ayer, casualidad o destino, recordé: lo «mínimo». En lo poco que me he adentrado al mundo literario he escuchado con cierta constancia ese adjetivo, y su uso más memorable a mi humilde opinión, en los «poemínimos» del poeta guanajuatense Efraín Huerta. Recordándolo, hoy toca un cortometraje (entrando en esa cualidad de mínimo) de Robert Eggers: «Brothers».

El cine es extraordinario… hasta en la pantalla más chica es inmersivo. Les escribo así puesto que la historia que narra Eggers es más que los diez minutos de duración… ahí radica su portento. La película que ocurre es la de uno entrecruzándose con la de Eggers, precediéndola sentimentalmente y presenciándola posteriormente. Es envidiable… tan funesta intensidad es el regalo. No hay mucho mérito en describirla, sólo en contarles esa innecesaria verdad… el mismo argumento que cualquiera apellidado «mínimo» usaría. La duración es un trámite, es lo previo y lo contiguo lo expectante.

Concéntrense en eso… que, entre casas, poemas y filmes mínimos, a ver a donde llegamos.

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Deducciones Mínimas de Pizzigoni

Arquitecturas que sublevan… Me fascina toparme con curiosidades y hallazgos en internet, una consecuencia directa de la acción de «andar buscando» a la vez que de una vida inevitablemente contenida en un entorno virtual; medianamente incitados por la pandemia. «Sublevar» es un verbo duro pero pertinente para esta presentación vespertina. Pino Pizzigoni es el nombre del protagonista. Añadiré que hay una emoción intrínseca muy personal de hablar y deducir características de las curiosidades que hallo tan pronto lo hago, como Pizzigoni… es una manera muy intuitiva y natural de introducirme a un tema.

Demasiado para una introducción, pero sigamos. Del que asumo arquitecto italiano, Pino Pizzigoni, encontré en Twitter un proyecto suyo denominado «Casa Mínima», un breve y poco documentado proyecto en Bérgamo, Italia. Narrar con la sola palabra quizá les acerque a mi asombro, pero dudo mucho que a la particular casa de Pizzigoni. Aunque haré mis reflexiones con el más voluntarioso intento de lograrlo. Con una mínima investigación, valga la redundancia, añado la caída con otro hogar de Pizzigoni, que me permitió escribirles de mis impresiones con más certeza.

No podría parar de asombrarme por sus diseños… lo visual es algo, pero la imaginación permite deducir ciertas características, precisamente, que sublevan. La escala es el filtro en crisis… no por las dimensiones, sino por el uso constante del medio nivel, de la medida mínima y de la restricción que la forma le impone. Su exploración formal se acerca la exploración corporal. No sé si será la imaginación o la incapacidad de la fotografía, pero el arquitecto parece esperar que, al andar por la casa, trabajarla, habitarla, se nos pida estar en cercano contacto con la dimensión y el material. Podrá estilizar sus casas con formas rebuscadas, una condición que parece incitar más al cuerpo, que la plena y pura forma por placer. Afirmaciones dejadas al aire, como siempre…

(Continuará)

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