Nueve días de Guarda

Discutir la muerte es meterse en un embrollo épico. Necesitas de astucia mental y escrita para saber por dónde andar. Aunque, a diferencia de cualquier otro tema, cualquier camino es profundamente revelador. Una narración es un método fiable para explorar el rastro sombrío de su presencia.

Siéntense en un novenario católico. Les obligo, pues es el evento más practicado en mi país. Antes recuerden alguna capilla, la de su cuadra o colonia. Añádanle el folclore de una misa dominical, cuando en veces a regañadientes pisabas el templo y terminas con el premio dulce de un raspado de sabor o un churro bañado en salsa. Y si lo recuerdan en un diciembre, con la punzante brisa fría del invierno, prueben el más delicioso chocolate, champurrado o con suerte ponche. Pues en novenario, todo es nulo, calmo, a pesar del ruido, o vacío a pesar del lleno.

Creyente o no, algo termina pasando. Un novenario, nueve días de guarda continua y de sagrado recogimiento; y cada uno que lo tome a su gusto. Pasan los años y sólo confiero un beneficio singular a esta tradición: honestidad. Insisto, creyentes o no, son nueve días obligados, por no decir, necesarios.

Cada familia es distinta, tantos matices y combinaciones, pero con el común tabú de la muerte. Con el paréntesis de creernos una cultura que festeja la muerte, pero poco se la discute fuera del mito. No sabría hacer una comparación fidedigna con otras costumbres, pero el que la nuestra tenga sus nueve días nos permite, aunque sea para nuestros adentros, pensarla. Y como les decía, cualquier camino es revelador y, por lo tanto, honesto. Un novenario de honestidad personal al menos.

El Errante

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Tribulaciones a los Jardines

Acercamiento pícaro a una orquídea (Foto de Fernanda Contreras)

Podría pasar horas viendo fotografías de los jardines de Barragán, y eso que los pocos míos que veo con cierta recurrencia no le piden nada en cuanto a carácter se trata. Al menos asumo que esa es una de las palabras que usaría para describir un jardín mágico, quizá de la categoría de Ferdinand Bac en sus jardines encantados, pero les digo, puede ser solo adivinanza. Aún más les afirmo con orgullo que ya he aprendido algunas palabras de esas que apenas se empapan en el mundo de los viveros, plantas y vegetación. Eso digo porque arrayán u orquídea ya forman parte de mi vocabulario y recuerdos. Por igual.

Hace ya tiempo (si es que un par de años entra en ese margen) un profesor contó la historia de un chico que había vivido hasta entonces solamente entre haciendas y campo… entonces nos preguntó, cuando le pida diseñar una casa ¿cómo la hará? ¿una moderna de ciudad o una reinterpretación (vaya figura) de lo que conoce? La respuesta pareciera obvia, y posiblemente cierta para tus primeros años de instrucción, pero como todo, la escuela hace lo suyo por homogeneizar. Quejas aparte, si extraigo una verdad entrañable de su historia, como para aquel chico lo serán las haciendas y el campo, para mi serán los jardines de los que me he rodeado. No son pocos los mitos y leyendas acerca de un Barragán naciendo entre establos y campo; prueba fehaciente de esta verdad.

Hay orígenes que no escogemos, pero que las coincidencias de la vida nos hacen escoger. Esos símbolos, y más allá, figuraciones y abstracciones de lo creemos que somos.

¿Qué son ustedes?

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Irapuato a Ciegas

Estoy en las inmediaciones de mi ciudad. Un Irapuato que como arquitecto tengo tantas ansias de diseccionar. A diferencia de un turista, uno suele andar apreciando y observando, con ojo minucioso. Así nos hallemos en las metrópolis mundiales, a la mitad del campo o entre ruinas y pocilgas, siempre intentas ver. La belleza tiene tantas formas, ahí tienen al dicho popular «en gustos se rompen géneros»; así que atentos, pues pasa desapercibida entre el ajetreo de diario. Es casi una responsabilidad profesional actuar así; se trata de una incesante capacitación y aprendizaje. Así lo hago en mi ciudad, con el pesar de tener el terrorífico obstáculo de un Irapuato azotado por inseguridad y violencia a partes iguales… quizá yo me quejo desde ese placer que requiero, pero la realidad es mucho peor para todos aquellos que sobreviven entre calles y avenidas.

Les hablo de una letanía ciudadana que quisiera ver cumplida. Por encima de esta narración encarnada en melancolía, quiero afirmar desde mi rol social y profesional que algo he de aportar, siendo esto un paso en ese favor. Esos intentos vienen en multitud de formas, comencemos con los profesores que incesantemente difunden y guían; los profesionales que construyen y diseñan familias y recuerdos; o el niño pequeño que reúne a su familia a causa del rompecabezas que intenta armar. La arquitectura es un descubrimiento sinfín con motivos profundamente sociales. Llegará el día en que la situación cambie de ruta, así que en el mientras tanto, escribir, dibujar, diseñar y, especialmente, compartir son actos de resistencia.

En ánimos de un adiós temporal les comparto uno que me motivo el día de hoy. Una compañera de la licenciatura transformó visiones en ilustraciones de la ciudad neerlandesa de Wageningen. Lo que antes es cariño y curiosidad por un lugar se vuelven símbolos, historias y recuerdos posiblemente más llevaderos que unas palabras. Espero un día sea así de la ciudad mía.  

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Instalaciones Barraganianas

Hay un hecho que me sorprendió cuando visité la casa-estudio de Luis Barragán, esa única vez… qué les digo, recuerdo y rememoro ese descubrimiento… ¿o díganme otro comprobado método para no olvidar? Y créanme que no dejaré este momento, significativo como lo es para un fanático o aficionado. Aquella vez, la guía nos paseó por los lugares permitidos, remitiéndose a casi toda la casa a excepción, lastimosamente, de la cocina y espacios de servicio. Cuántas cosas más no hubiera aprendido de haberlas visto… algún día será. Al iniciar omiten comentar el detalle del que les hablo, quizá intencionalmente; una prueba genuina para determinar a curiosos y atentos. Frivolidades a lado… ese hecho es el siguiente: la casa sólo tiene dos luminarias, que para ser específicos les añadiré el «empotrado» que especifica su situación.

En casi cualquier lugar, sea casa, comercio u oficina; publico o privado, se encontrará la red que lleva a cada rincón funciones sumamente específicas: llevar electricidad a cada contacto y bombilla, alimentar y desechar agua, y, cuando lo amerita, suministrar aire filtrado, o encender fuego en una estufa. Y si sólo nos concentramos en los sistemas eléctricos, repararemos en sistemas complejos e indescifrables que evidencian su pertinencia y necesidad. A pesar de todo, hay un asomo de simplicidad en la propuesta de Barragán. Claro, tiene dos luminarias empotradas precisamente, como cada hogar con su respectiva lámpara de techo en cada habitación, aunque bien tendrá muchas más en otros formatos, sí hay un intento de precisar algo que damos por sentado. Hablamos de épocas distintas y personalidades un tanto románticas, pero el arrojo provoca discusión.

Insistiré en su argumento: cual movimiento minimalista, las instalaciones, valga la redundancia, «mínimas» representan un ahorro para el constructor, uno más para la elongada vida del edificio y posiblemente una breve resistencia al derroche. Queda por sentado la atención que Barragán otorga a un aspecto que suele ser conformista. Las instalaciones son una relación primordial de la arquitectura, en especial en los hogares; les recuerdo que son una conexión primordial con el recurso natural. Cuando siglos atrás, nuestros tatarabuelos andaban kilómetros al río más cercano, el hiper desarrollo tecnológico nos condujo a tener esos caudales a la espera de liberarse en el grifo de nuestro baño ¿no creen que pensar en estos personajes secundarios es una emergencia mundial?

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Cubiertas Verticales

Les comparto un proyecto emocionante; una emoción impresa en sus muros, pactado en su misión y motivado en su exultante futuro. Con detenimiento espero poder diseccionárselas, pues hoy me limito a un personaje arquitectónico. Si les hablara en inglés usaría su nombre oficial «ceiling», que traduciré imprecisamente con «cubierta».

Por definición la cubierta suele ser un elemento que en el día a día damos por sentado, mucho más que otros. El cuerpo camina en el suelo, nos recargamos en los muros, vemos a través de las ventanas o atravesamos los umbrales de las puertas; pero la cubierta es regularmente ajena. Coincidentemente, su rol así lo dicta; desde recién construida su relación con el exterior destaca sobre cualquier otra: el clima, un nivel superior habitable o una terraza. A pesar de cuan dominante es esa característica, la casa de ICON, el proyecto del que les hablo, la reescribió sutilmente hacia el interior. En inglés, la palabra «ceiling» describe específicamente la capa interior de una cubierta, la parte que vemos modificada. Cuando en normalidad la cubierta visualmente comienza en la intersección horizontal con el muro, ellos la extienden añadiéndole materialmente una continuidad, por mínima, hacia lo vertical. Las fotografías no me dejarán mentir, la experiencia cambia.

No es el primer lugar que observo que dedica una continuidad material a la cubierta o «ceiling»; es un recurso comprobable, verán que los medios para lograrlo dependerán de la creatividad del diseñador. Puedo asegurarles que mágicamente ese zoclo superior añadido forma un espacio, la delimitación de un lugar distinto, que no caminaremos ni reposaremos en él, sólo nos acompañara silenciosamente. Por si fuera poco, vuelve manipulable y cercano el resto de la habitación. Ahora deja de medir los dos metros cincuenta de altura, y se reduce a unos amigables dos metros, provocando un placentero lugar en miniatura. Y les hablo de la insulsa acción de extender una cubierta ¿ven ahora la importancia de pensarlo?

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Aspiraciones y Esperanzas

Cuando leo cualquier historia que me provoca o emociona tiendo a traerla aquí, al Errante. Son fuentes variadas y a veces con tópicos enmarañados imposibles de mezclar. Es un reto muy usual en este blog. Si lo piensan un poco, en última instancia este es un relato de otros relatos en formatos variados. Hay discusiones que nacen de preguntas, también párrafos que romantizan la arquitectura o porque no, solo palabras atadas una detrás de la próxima intentando comunicarse. Esto es un diario, y como tal se quiere cumplir: un ejercicio cada veinticuatro horas por cinco días a la semana. Un cuaderno virtual que existe por motivos que adivinan y que, en suma, es el cultivo de una habilidad específica: escribir, precisamente.

A estos letargos se enfrenta un escritor, como un lector o un arquitecto; a esa frustración impresa en un muro invisible construido por la falta de inspiración. Asombrarme y curiosear no suele ser una tarea desconocida o complicada; la barrera esta en el paso posterior, cuando tienes que elucubrar el ensayo, reporte o guion, cuando un personaje tiene que adoptar tus ideas para servir de intermediario sentimental con el lector; es un arte indudable ser sabio en el asombro y la curiosidad, pero para mí, ahora veo más deseable hilar palabras, personajes e historias.

Como dice el dicho mexicano, «arrieros somos y en el camino andamos» y tengo fe que uno de los sabios escritores o arquitectos andan a pie en el paso empedrado pues sé que el firme deseo de verlos incrementa la posibilidad de toparlos. Queda sólo la tensión de la paciencia mía contra la mía, el obstáculo más evidente en cualquier viaje.

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