Fotografías Literarias

Postales sobre los Viajes, Laura Sofía Rivero

Quería tomarme la libertad, ya que la arquitectura ha estado en una breve pausa, de anunciarles un nuevo descubrimiento literario: la postal. Un equivalente pertinente sería descubrir una tipología arquitectónica, así porque sí (como si fuera posible). Siéndoles sincero, más que un descubrimiento es sencillamente una casualidad, y creo con el corazón en que al azar se le llama, con insistencia y a pesar de su silencio. Cuando digo que descubrí la postal, digo que la conocí. Antes de este momento existía como un símbolo, fotografías que coleccionas de tus viajes y regalas, más que de las líneas que puedas rellenar con tus palabras. Recuerdo unas últimas con dedicatoria, que, aunque no lo haga usualmente, pasa.

Las conocí, irónicamente sin esa simbología que les atribuimos, ese pedazo de papel rígido, rectangular o cuadrado, con sus líneas vacías y en la cara opuesta, la imagen. La casualidad vino de una aventura, como es ahora medio leer, ver u hojear el interminable «muro» de noticias y sucesos de nuestras redes sociales. La fortuna me hizo coincidir con una autora mexicana a la que ya había comentado, Laura Sofía Rivero Cisneros y una compilación suya de cinco postales. Una fortuna alentada; suscribirme a su útil lista automática de correo culminó en estar aquí sentado escribiéndoles, así que en algo bueno resultó. Es fácil reconocer cuando las frases, la misma historia fluye con naturalidad, no hace falta que lo diga dos veces una vez lo lean. Les pudiera reseñar o comentar sus temas o la viveza de la poética, pero saben que prefiero recalcar en lo sencillo que es disfrutar de una buena lectura.

Fotografía de autoría propia.

El espacio de tiempo entre este y el último artículo del blog es equivalente a la dificultad con la que ahora les platico de este recuerdo. Un recuerdo que lleva ya un par de semanas cocinándose, pero recién hoy pude reescribir y pulir más a mi gusto. El párrafo que sustituí ya pecaba un poco, no sabría decirles de qué, pero lo hacía. En este momento sólo acudo a la vaga imagen de haberlas leído, a mi insistencia porque lo hagan también y la necesidad por venerar esta forma literaria. La postal es curiosa… aunque ese adjetivo represente más mi confusión para explicar las razones para serlo. Ella misma es una mescolanza de imagen, palabras, viajes y deseos por firmar un momento en un papel. Una forma expresiva del propio viaje, corta, instantánea, rápida y muy simbólica. Una fotografía literaria. La que les comparto está aún incompleta, ya sellada de por vida, quizá. Aunque quien sabe ¿no? ¿es más una postal de su imagen que de su propia capacidad para capturar un momento? 

El Errante

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Seaspiracy y las conspiraciones

Lastimosamente la procrastinación rebasa mis ánimos, lo que me deja la consecuencia de no escribir con la regularidad que deseo. Quedémonos sin preocupaciones, pues al final es el contenido y justo por detrás la disciplina, al paso. Hace ya casi la semana que pude ver este documental, recomendado por una voz no especializada, pero si conocedora, de esos que aprenden por mero placer. Ya de por sí se presentaba con un nombre controversial «Seaspiracy», como parte de la serie de documentales que Netflix ha producido (y seguirá haciendo) vendidas con la bandera de la objetividad, y, me parece, flaqueando en su uso.

Ahora que pude procesarlo y digerirlo, sus técnicas son tramposas; copiadas de la ficción donde la emoción es conducida buscando que empatices con el argumento. Díganme que pasa cuando esas técnicas son utilizadas en un documental, que por definición debería comulgar con la objetividad. Esa es la falencia primera y la más molesta. Les agradeceré que me compartieron motivos para investigar más la realidad de la industria de la pesca, pero los medios me parecieron en exceso para beneficio de su narrativa.

Aunque con exaltación los comparto mi comentario, es sólo la mitad de la historia. Después de la película me sumí en el mar de comentarios, críticas y controversias que despertaba. Encontré al menos una de una bióloga marina, que les traigo por la nada simple razón de ser abierta, ese valor infravalorado que tanto adoro. Quedé conflictuado con el documental y no comprendía el porqué. Con la medio reseña entendí que está bañado en subjetividad, y no puede tomarse en serio, o no debería. Ahora sólo pienso en que la controversia está sesgada por la confusión emocional en la que estaba inmerso, en la que todos, en realidad ¿qué tan peligroso es secuestrar una forma literaria para beneficio de la fama o la rentabilidad?

Sepan que no todo el mar está tintado de sangre, aunque pueda ser que sí paradójicamente.  Tallen esa opinión como si fuese su espada, con el sudor y la entereza que la empresa requiere.

El Errante

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Los plásticos de hace cincuenta años

El primer tema que le discuto a Arthur Quarmby es el de su visión, una pasada, muchísimo con respecto al presente. Pensar que cincuenta años antes significaban tal, pero ahora con una facilidad sobrehumana se apiñan milenios en un par. En esta nueva inauguración, comenzaré con anotaciones que en suma conformarán una mezcolanza de textos, comentarios y opiniones sobre el libro del británico «Materiales plásticos y arquitectura experimental». Hay una motivación seria por crear estas compilaciones de «reseñas» alrededor de libros. Usualmente una puede ser consecuencia de procesos analíticos y sintéticos que resultan en la justificación de una postura intencionadamente objetiva sobre algo… sin embargo, creo en mi método o al menos en su inefectividad, y eso es en sí mismo la meta, que tiemblen ideas. Y quien dice que esta técnica me permite regresar años después a rebuscar y añadir alhajas recién compradas a este cajón abierto. Sean libres de buscar más de Arthur Quarmby, aquí y en toda la red.

Este miniartículo nace del segundo capítulo de su libro, esencialmente de cuestionamientos míos que comenzaron recién leído el título ¿hablará de la contaminación de los plásticos? Letrado en el tema no soy, pero sé con cierta confianza que tanto del uso indebido por parte nuestra, como de la composición del material surgieron las emergencias mundiales que padecemos. Pues sumido en la concentración, fue hasta el final del segundo capítulo donde el británico ocupa un par de páginas para paliar esas preocupaciones, sin conseguirlo, han de saber. Sin el afán destructivo que bien podría merecer, me intriga más la curiosidad que me cosquilleó… una reacción ejercitada por estos textos semanales.

¿Será que en el acontecer actual podríamos debatir una industria plástica ambientalmente responsable y sustentable? ¿qué solución/innovación podríamos dar como gremio ante la acuciante presión del problema? Decepcionante como suene, soy incapaz de al menos animar unas palabras en este respecto. Desconozco la industria y sus investigaciones, pero que eso no avive la desesperanza ¡Arriba! Que afirmo con severidad que este libro será un viaje, uno que reconozco originado por Quarmby… quién podrá adivinarlo, quizá terminemos expertos y divulgadores de los plásticos, o peleados tal vez… cualquier postura la admitiré.

El Errante

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Carta para Orán

La Peste de Albert Camus. Fotografía propia. Ilustración tomada de la portada realizada por Editores Mexicanos Unidos S.A.

Aletargados meses después puedo compartirles que terminé de leer La Peste, ese libro ya del siglo pasado allá quedó… revivido por unos instantes en un presente reciente (¡paradoja!). No quisiera relegarme a la reseña pura y dura, sino tentarme por una que incluya su respectiva porción de comentario, como creo pudiera ser mejor. Y antes que otra cosa les afirmo que ahora comprendo más el mundo del lector. Sepan que leer la traducción si bien funciona, es insuficiente pues sé que en su idioma original el lenguaje de Camus, casi como un dialecto propio, ensalzaría aún más su riqueza original (si es que así es). También puedo confirmarles que las ediciones importan, que quizá no elegí la mejor de ellas, pero el simple hecho de dividir capítulos o darle respiro a un texto, vuelve al acto de leer un poco más ameno. Consejos, o vana experiencia pues.

“¿qué quiere decir la peste? Es la vida y nada más.”

Esas son las palabras de un viejecillo al final de la novela. A pesar de casi poder asegurar que en francés (su idioma original) la calidad de los diálogos y por supuesto los monólogos existenciales hubieran sido más emocionantes, en su traducción cumplen y siguen siendo la mayor concentración de poder de la narrativa. No puedo obviar el hecho de ser fácilmente aplicable a nuestro presente, lo que multiplica su impacto. Sin embargo, son esos dos elementos los más bellos del libro. Empaticé con suma facilidad pues ese enfoque humano-existencial de Camus, refiriéndose a esas cualidades que nos hacen aparentemente débiles, pero resultan ser tan virtuosas, como la sensibilidad, la ternura o la voluntad, las maneja con una maestría difícil de olvidar. Y la fidelidad que de ahí adopta su texto es impresionante. El entorno avasallador o la debilidad de los personajes, tan parecida a la de hoy.

Al final es la suya la esperanza en la que creo. Ni descabellada ni insulsa, solo cuidadosamente colocada en esa humanidad ignorada. Y verán que Orán existe, en una costa sur del Mediterráneo, bañada todavía por el sol africano y atravesado por brisas marinas. No les confirmo la veracidad de este relato, pero sí su existencia en este libro y en las memorias de quienes lo vivieron y aun lo hacen a diario. Oraneses, a su salud.

El Errante

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Jardines Hechos Recubrimiento

¿Qué mérito tiene un jardín vertical? Podría tomar cualquier perspectiva para criticarlo y terminar con resultados dispares. Así que, en ese afán, tomaré una muy mía, o que he intentado adoptar. Tal adopción vino de Adolf Loos y las breves revisiones que tuve de él en cinco años universitarios.

Malinterpretación mía o no, he pensado en su postura sobre la decoración, o lo que denomina «ornamento». Ahora bien, les aclaro que en cuanto a él se refiere me alejaré, pues sin la certeza de conocerlo a profundidad no puedo avanzar; sin embargo, les afirmo que el principio de mis reflexiones está en esas breves revisiones. Retomando, pues. Con respecto al ornamento me mantengo abyecto, pues es sumamente complicado definir un límite. Si bien, estoy en contra del recubrimiento (sea o no parte de la categoría de ornamento), esencialmente de aquellos que pretenden embellecer más a favor de modas pasajeras que en beneficio del espacio vital que afectan. Y es peor cuando en nombre de ellos diseñamos… resultando en un círculo vicioso insalvable. No me enfrento a los recubrimientos como tal, sí lo hago a utilizarlos en su mera cualidad superficial, sin la riqueza que un material debería otorgarnos.

Ahora caigamos en el objeto: «jardines verticales». Si lo piensan, resulta ser un recubrimiento más, un intercesor entre nosotros y la estructura. Aunque cada que lo vuelvo a pensar me insisten en esa concluyente característica de estar vivos, de representar, mucho más que la madera, la frescura de la vida… un atributo incomparable a cualquier otro material. La innovación más inesperada es esa. Para espacios diminutos, interiores diáfanos o disfraces a escala urbana, de todo lo hay. Para mal, les dejo con una última consideración y mi más relevante conflicto. Un jardín es una experiencia envolvente, de pies a cabeza; pero cuando lo restringes al muro, se comprime a una experiencia lineal. En esencia no es un mal, pero sin duda denominarlo «jardín» parece excederlo por completo. Tal vez sea el marketing quien lo explique ¡Compra un pedazo de jardín para tus muros!

El Errante

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Sociedades Horizontales

Estereotípicamente nos reconocen (y auto reconocemos) como figuras enigmáticas… desde ese ego que se nos atribuye como directores incomprendidos que crean a placer emulando el poder máximo. Argumento que solemos ver en los «arquitectos estrella» (starchitects, en inglés) quienes, motivados aún más por las hiperconsumistas redes sociales, crean y sueñan estructuras imposibles con las más altas probabilidades de realizarse. Sin lugar a duda empujarán hilos de la historia de la estética, y ni se mencione de la ingeniería… pero a su pesar, su figura es irrelevante o un tanto insulsa en este presente. Leon Staines Díaz, en un artículo para Arquine, relata una reflexión nada novedosa, pero si cada vez más presente, especialmente en el entorno latinoamericano, donde puedo hablar con un poco más de certidumbre: el arquitecto facilitador de trabajo horizontal.

Si hay algo de lo que viven los arquitectos ultra famosos es de su figura, es decir, de la capacidad de preservar lo que hacen (y, por tanto, son) en sus edificios. Pues en la coyuntura reciente, Staines Díaz insiste en la idea del trabajo horizontal, es decir, el arquitecto en silencio, el que escucha, medita y se presenta como un actor más en la marea. Les digo, una idea que quizá en el gremio se escucha con cierta timidez pero que la sociedad por generalidad ni siquiera considera. Entonces entienden el problema. Staines Díaz enfatiza en la inminente necesidad de trastocar el status quo, ese estereotipo que aun alimentamos en la facultad y en lo profesional, pues sólo el arquitecto facilitador puede comprender antes que imponerse, y créanme que en este mundo voraz esa es su mayor virtud.

Les insisto en leerlo pues creo que su relato es más revelador que este. Sólo terminaré con lo siguiente. Esta no es una decisión simplona… es colocarnos en el centro de una crisis que es más sencillo evitar. Aun peor estando tan entrenados en el consumismo ávido y en la exigencia insensata de resultados; cualquier acción es sumamente frustrante. Venimos de escuelas chapadas en otros valores y cambiar es doloroso, pero con paso firme y paciente se vuelve una benevolente recompensa, no sólo propia sino ajena. Esta es una crisis no exclusiva de nuestra profesión, más bien compartida. Al menos queda entre la bruma el hecho de avanzar en beneficio propio y del otro, y eso ya esboza una tenue sonrisa.

El Errante

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