Laboratorio del Errante

Estos días descifré un problema que llevo demasiado tiempo pensando y solucionando a tientas desde que comencé el blog. Aunque «descifrar» suena demasiado rimbombante, me doy cuenta con más certeza que el lugar virtual llamado El Errante nació con un concepto intrínseco, el de experimentar. Ahora tiene tanto sentido que la palabra «laboratorio» rondara tanto por mi cabeza; un susurro que me recuerda que esto es una galería para mostrar, lo que sea malo y, cuando las estrellas se alineen, lo que resulte bueno.

El «laboratorio» es un lugar ultra versátil, ultra específico, como al mismo tiempo metódico. Naturalmente no es un concepto afín al arte. Que el método congenie con algo que duda del orden y se inspira en el caos suena paradójico. Por encima de eso, hay un espíritu que le admiro al concepto. Les digo espíritu como podría carácter u otro sinónimo, aludiendo a la ironía de ambas representar a un universo de cosas que no sé narrar en palabras. Un síntoma regular que a ver que medicina me invento para curar. Me fascina divagar y en retrospectiva darme cuenta de las vueltas que les vengo a platicar.

Iré al grano: el laboratorio es lo más parecido que tenemos nosotros, adultxs responsables y profesionistas, a un patio de juegos. Ahí está la infraestructura, los materiales y todo recurso y herramienta imaginable para experimentar. Y el hecho de que el término laboratorio parece casi antagónico, le da un placentero extra.

Les platico mi sueño: El Errante nació para ser ese lugar, mío y suyo. Un taller, un laboratorio. Una nada o un todo. Un portafolio y un blog. O un desastre como una inspiración. Les confieso un sentimiento de ansiedad que quiero liberar por ver esto logrado. Un par de líneas no la harán desaparecer, pero algunx de ustedes quizá encuentra en su compañía una frustración compartida que les permitirá abandonar a nuestro perfeccionista personaje.

El Errante

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Escena Uno / Cama Querida

INT. RÉCAMARA / MADRUGADA

Está recostado en su cama querida, exhausto, pero con la dosis insoportable de insomnio nacido de ansiedades e ideas que no paran de divagar.

MARCELIÑO (sin edad específica)

La recámara no es un lugar de trabajo. No para mí, creo.

Se escucha un silencio largo, de casi el medio minuto. Hay poco ruido de fondo, casi nulo. Si acaso susurran algunas interferencias con el micrófono. Solo mira hacia arriba mientras estás acostado. Sus ojos sollozan ennegrecidos por el cansancio causado por el desvelo. Su mirada rebusca entre la textura apenas visible del techo, más bien perdiéndose y concentrándose en sus pensamientos.

MARCELIÑO

(voz pausada y constante interrumpida por bostezos)

Y eso que intento despertarme y pasar de la cama a mi escritorio, tratar de limpiar, bueno… no limpiar, simplemente acomodar… (pausa) hacer la cama, mi sábana, mis almohadas.

Se quedaría pensando un segundo, enlazando palabras e ideas para así alcanzar un poco de coherencia.

MARCELIÑO

Para quizá extrañamente intentar, bueno no intentar, pero sí, convencerme de que no debo acostarme en una cama tan arreglada [risa tenue y burlona] cuando por alguna razón parece más cómodo hacerlo [gesto de duda].

No lo sé supongo que mi trabajo no me dejaría; no me dejaría congeniar con una cama.

(Pausa y bosteza con más balbuceos)

Disculpen, es de madrugada.

Retoma con más fuerza el soliloquio intencionadamente para llegar a una conclusión certera.

MARCELIÑO

Y digo congeniar, porque en realidad es sencillo, pero yo aspiro a que mi trabajo sea algo más parecido a un taller… y la cama, pues no parece situarse en la mejor posición para estar cerca de uno donde el polvo, la suciedad o el desorden coexisten ante ese lugar tan sacro y especial de una cama, donde esperas el olor a sábana limpia o ajeno a la pesadez de un polvo que sólo te recuerde el esfuerzo del trabajo. Y no digo porque ese esfuerzo sea odioso, no no no, no me malentiendan, simple y sencillamente porque la cama es un olvido, o un lugar para un olvidar al menos, digo, el descanso es en esencia tomar energías de nuevo ¿no? recuperarse en todos los sentidos; reposar y ya, y bueno el taller no parece el mejor compañero.

Formato de guion basado en lo que recabé del enlace de Taller de Escritores, publicado por César Sánchez Ruiz.

El Errante

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