laview y lavida en un tren

Encontré un tweet de arquitectura, algo que sucede diario. Es un feedmeraviglioso”, noticias a la orden del día de prácticamente cualquier parte del mundo. Y por si era un misterio, un buen porcentaje de las cosas aquí escritas, nacieron en el mínimo de un tweet.

Este en particular era una felicitación, hasta ahí nada interesante, de un workshop o taller. E investigué un poco más. Hablaba del Research Methods Workshop de la Manchester School of Architecture et al. Ese tweet habla de su edición número once (aparentemente) con el tema de Arquitectura Móviles (Mobile Architectures). Les soy sincero, la mitad de las veces que me acerco a este tipo de cosas lo hago con mucho entusiasmo y ganas de pasarme el día entero leyendo todas las publicaciones… pero la administración de tiempo es difícil de por sí. Animándome (y atreviéndome) entonces a leer un poco selecciono usualmente lo primero que me lleve a una reflexión.

Y aquí estamos… unas palabras que me hicieron divagar. Y como la autoría es una responsabilidad… aparte de haberles ya dado el origen, les adjunto los autores de la frase y el trabajo en derredor: Abdul Muaz Aiman bin Masri, Zeyu Che, Mohamad Danial Haziq bin Mohd Hamdan, Jianxuan Wang.

Aiman, M. M., Haziq, D. H., Che, Z., Wang, J. (2022). Mobile Inhabitation: The architectural associations of Sejima’s Train Design [Figura]. Recuperado de: https://rmw2022.show/workshop/mobile-architectures

It becomes a mobile landscraper inhabited by 422 human beings.”

Traducción: “Se vuelve un rasca-paisajes móvil habitado por 422 seres humanos”.  

Traducción inexacta, no se fíen, hagan mejor la suya, pues las palabras originales son aún más precisas y expresivas… especialmente con el particular término: “landscraper”. Lo que haremos, aunque sea breve, será demostrar la capacidad de una sola frase para representar virtualmente “todo” … ser un “origen” en sí mismo (como la de la película, tal cual).

El estudio, como lo demuestra el póster y el propósito del workshop, es acerca de una arquitectura móvil, la del tren y específicamente el proyecto “laview” de Kazujo Sejima et al (una vez más). La frase es una representación del proyecto, así tal cual. La cualidad de ser móvil la comprendemos, es un tren. “Landscraper” por otro lado, es un término difícil de comprender. Viendo las fotos del tren y contextualizando el texto, Sejima parece tener varios objetivos en específico que pueden compilarse en uno: el tren que admira el paisaje.

El diseño del tren tiene como protagonista esas ventanas largas y grandes… conectando un recorrido de Tokio con las montañas de Chihibu. El tren se diseña para operar en velocidades relativamente bajas (relativo a su primo de alta velocidad). Con esas tres características entendemos que Sejima hace el intento de convertir un medio de transporte en un símbolo de otras cosas… una oportunidad de conocer el territorio nipón, de admirarlo.

Ahí la palabra adquiere sentido.

La traducción de “land” es tierra, pero también puede representar el relieve o el paisaje, una connotación adecuada para este caso. La otra palabra “scraper” tiene una traducción inexacta: “raspador” … y me quedo igual, insatisfecho, pues creo que en realidad habla de,

  • uno, una crítica al medio de transporte como mero objeto pragmático (llevar al pasajero del punto A al punto B);
  • dos, la naturaleza creadora.

Este último valor es el acierto de esta crítica. Cuando reúnes ambas palabras, ese “rascador” se refiere a la capacidad de producir encuadres para admirar. Las gigantescas ventanas del tren inspiran a ser postales por donde pase. Véase el póster, una de las imágenes muestra a los pasajeros frente a la ventana. Mientras más baja este la ventana, más amplitud tiene la vista, y con ventanas tan bajas, poco falta para sentirse en un lugar completamente abierto. Compruébenlo si tienen la oportunidad. Es un tren que “rasca” paisajes para volverlos “postales”.

Les dejo con las mismas dudas que aún no logro confirmar, por menos, especialmente si esa “admiración” supera lo meramente visual y considera la multidimensionalidad de construir un tren: su eficiencia, el impacto sobre cada paisaje por el que cruza (y divide) o la verdadera experiencia que entrega. Las dejo a ustedes como a mí, para resolverlas… pues esto queda solo como un testimonio que comprueba la capacidad de una palabra para ser el origen de mil ideas.

Para más, encontré esta útil publicación en Design Boom: Kasuyo Sejima’s la view. Útil en tanto fotos, comentarios de Sejima y anotaciones de un premio que le otorgaron.

El Errante

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Ver y sentir (en un lugar del norte)

Escribir tiene mucho que ver con sentir. Y sentir a través de una pantalla no es la cosa más sencilla. Podríamos asumir que sentir a través de la hoja de un libro tiene algunas similitudes, pero la pantalla se aleja un poco más… va hacia rincones más fríos y frívolos. La hoja de un libro tiene unos tintes amarillos que por lo menos le dan un calor medio inscrito en sus páginas. Aparte el tacto pues sentir la hoja es mucho más significativo que ver una pantalla. La lejanía del ojo y la cercanía del tacto diría Pallasmaa.

Eso no me dejará darme por vencido. Hay detalles que rescato ¿cuántas melodías tan distintas podríamos formar escuchando las secuencias de tecleo de cada uno? Yo, tan solo, he agarrado una rapidez casi taquigráfica para escribir (sin querer tender a la burda presunción). Mi madre, por otro lado, es más cadenciosa y va paso por paso, tecla por tecla. Mi hermano tiene un teclado mecánico; cosa tan extraña que solo él podría explicarles su funcionamiento… y entenderán que el sonido de sus teclas se acerca más al de las máquinas de escribir del paso, pero con un sonido más limpio. Lo encontramos como menos, un acto empático entre uno y la pantalla.

Es costumbre ya hacer estas sumas introducciones y llegar entonces a un punto dispar en el artículo. No sé si es de mi mayor gusto, pero se trata de experimentar. Y aunque ya asuman que se trata de un tema dispar, el que haya superado el tema que recién les expuse me deja un paso libre a compartir lo siguiente. Son fotos no de mi autoría, y agradezco profundamente a quién me las compartió. Un poblado del estado de Durango cuyo nombre ahora no recuerdo. No apuren presiones, con las fotos fácilmente lo encontrarán. Van ahí.

Desde el artículo pasado la naturaleza es un tema presente. Ahora bien, son piedras, monolitos para ser precisos. Precisamente aquí entro en el dilema ¿qué les puedo contar que las fotos no hayan dicho por sí mismas? Ustedes lo ven, calles con fondos de rocas gigantes. Casas con árboles pétreos, como salidos de un sueño. Yo no tuve la oportunidad de verlas presencialmente… y sin ella, caigo en un punto donde me pregunto ¿cómo sentir a través de esta pantalla que ustedes ven tal como yo la veo? ¿cómo puedo compartir alguna loca idea nacida de estas fotos tan surreales? Va un intento.

Hay un pequeño poblado en Michoacán, famoso por sus quesos: Cotija de la Paz. He ido algunas veces por aquel lugar. Es un pequeño valle bien rodeado por cerros… casi un recipiente esperando a ser llenado (cosa que ha estado cerca de suceder, pero será tema para después). Por la situación geográfica y una red vial en manzanas cuadradas, casi desde cualquier punto los cerros son un fondo con el que topar. Casi a donde vayas, terminarás subiendo (o bajando, según sea el caso).

Pues a esto quiero llegar.

Hay un efecto de sosiego sobre nosotros cuando estos casos están presentes. En las fotos, son esos monolitos surreales. En Guanajuato, mi segundo hogar, son sus cerros, en especial ese cerro de la Bufa. Llegué a ir a un poblado de nombre Calderones, y la cosa no es distinta… fondos naturales. Si tienen la fortuna de tener una a tiro de piedra de cada hogar suyo, conózcanlo… pues ahora, cada vez más, es una virtud ignorada y sumamente escasa. Al final, en todos estos casos, esos cerros son equivalentes potentes de las nubes que sobrevuelan el cielo… ese lugar donde la vista descansa y la mirada cambia.

El Errante

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Raíces moldeadas a inyección

Caminar es respirar para mí. Procuro hacerlo diario, en caminatas a rutas que me gustan sea por la vista o la soledad. Si me preguntan, lo hacia de tiempo atrás. Vengo de una ciudad universitaria como Guanajuato, Guanajuato, y ya entenderán a lo que me refiero. Escaleras, subidas, bajadas, largas y cortas. Me acostumbré a hacerlo, y aún lo hago. El Errante, en un buen cacho, ha salido de ahí… y si no de ahí directamente, sí indirectamente. Caminar me deja pensar serenamente y eso ya me trae aquí, casi por definición.

En esta ocasión intentaba traer varias cosas a la mesa. Quería escribir sobre un video de un admirado arquitecto o una reflexión de una noticia del mundialmente conocido despacho MVRDV. Lo pude haber hecho, pero en esta ocasión prefiero dejarles un breve enunciado que simplemente les pique esa curiosidad por leerlo o verlo, cual sea el caso. El primero es una opinión en retrospectiva del camino que ha seguido el arquitecto Eric Reinholdt para formar su oficina 30X40 Design Workshop. Les invito a verlo por la simple y sencilla razón de servir de inspiración a cualquier arquitecto (o emprendedor) en ciernes.

El segundo caso, es un statement… en español es una carta argumentativa, o algo así. Hace no muchos meses, MVRDV fueron invitados a diseñar el Marble Arch Mound en pleno Hyde Park, en Londres. Esta carta la escribieron sucedidas las críticas alrededor de su ejecución; malas prácticas en términos de construcción y mantenimiento. Mucho ya se les ha reconocido por enfrentarse públicamente a sus errores, reconocerlos y contar su versión de la historia… algo a lo que no solemos estar acostumbrados.

Y como excusa final, va la curiosidad que les traigo, un tanto más “arquitectónica”.

Cuando se produce un paquete de plástico, un envoltorio o prácticamente cualquier producto de este material, se usan ciertas técnicas. No soy experto ni nada, pero tengo nociones. Sé que una de ellas utiliza un molde a partir del cual se genera la forma deseada. Encontré, casualmente, su versión natural que me deja muchas ideas en vilo.

Tenemos una canasta de basquetbol, y para usarla la pusimos en un terreno. Colocamos su base sobre una sección de tierra. Ahí se quedó por lo que llevamos de pandemia (dos años ya ¿no?). Justo estos días la retiramos para limpiar. A escobazos para quitarle tierra y un poco de agua para lavarla. Al levantarla salieron arañas y unas cuantas lagartijas andando cómodamente en las oscuridades de esa base. Aparte de eso vi estas raíces de todas las hierbas de alrededor… como aquel plástico, tomaron la forma de los huecos. Me recordaron los nidos de un pájaro, aunque es más seguro que los residentes arácnidos hayan vivido en ese lugar.

Fotografía de autoría propia.

Una vez más confirmamos que la naturaleza siempre supera los obstáculos, siempre busca crecer. Después de dos años sin luz y con esa sombra sutilmente húmeda, las raíces de yerbas y tantas otras plantas usaron ese lugar como si fuera tierra ¿se podrá hacer un experimento con esta premisa? El principio no es novedoso… las enredaderas son prácticamente idénticas, lo mismo sucede con los juncos de plumas [Calamagrostis acutiflora] lindando carreteras o palos de escoba tomando el rol de columnas guía para árboles pequeños en nuestras ingeniosas calles.

¿A ustedes qué se les ocurre?

El Errante

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Nubes blancas de un treinta de enero (y regresos)

(Uy, unos meses después) Ya saben que en la vida si uno no amarra sus hábitos, fácilmente se olvidan (aunque sea una específica debilidad personal). El Errante aquí siguió. Unos tantos meses, aguantando el peso de un inesperado abandono. Andaba en mi casa, mi cabeza, mis pasillos, y mis pensamientos, tocando timbres y puertas.

La resurrección no es un milagro como tal… bueno, un poco tal vez, pues no sé de que otra manera nombrar esa insistencia que nos trae aquí

de nuevo.

Me arrepiento haber dejado días importantes entremedio de este vacío, ese lamento es la misma voz de la insistencia, por fortuna. Como si le regalase un altavoz al tocapuertas.

Así que manos a la obra.

En este tono conmemorativo, comencemos con la mano que me hizo volver a disfrutar la pluma sobre el papel. La misma mano que todos tenemos. La que también olvidamos y condenamos al simplón desliz sobre una pantalla y las teclas de una computadora.

Asumimos que los ojos queden absortos en las pantallas (mente/cerebro incluido) pero las manos que (aún) usamos para interactuar con ellos son una simple extremidad rígida que se adormece al paso del tiempo (solo así recordando que existe).

Pues eso, la mano que piensa.

La mano que me hizo escribir letras en una hoja a medio entender (suerte que aún transcribo yo).

Segunda anotación del día que más allá de las manos va de viajes en el tiempo. Sagrados días veintiocho.

Cambiemos de lector… pues como les dije, es ahora turno del viajero en el tiempo. Querido amigo, ahora he visto más atardeceres, pero olvidé escribir sobre aquel de un veintiocho de septiembre. Por aquel quizá andabas aventurándote. Aunque bueno, a estas alturas del año quizá te hayas quedado navegando por otras nubes blancas. Mientras tanto, sigues patinando entre escritos y lo seguirás haciendo.

Síguete asomando, querida nube blanca.

El Errante

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Misterios que me evitan

Cuesta mucho esa cuesta que quiero subir. Doy un paso y topo ciegamente con la frente. Me muevo a la izquierda o derecha y algo me sigue impidiendo el paso. Estoy a tientas y ciego; inexplicablemente sin poder avanzar. En días aciagos, escribir es una dolencia difícil de evitar. Me pregunto constantemente de las razones. Camino y camino en círculos, por ser la única manera de energizar mi hemisferio crítico, y lo analizo detenidamente. Adopto el papel detectivesco de un policía, intimidando sujetos, razones y excusas para dilucidar el trasfondo del asunto. Por más habilidoso que sea, me enfrento al némesis perfecto, un archienemigo hecho a imagen y semejanza ¿y cómo resolver el misterio si este yace dentro del juez?

En esas sesiones y a lo largo ya de los meses, han surgido palabras del acusado. Frases y algunos enunciados concluyentes que me acercan hacia acciones decisivas. Ya hay muchos antecedentes. Artículos y artículos que con más o menos acierto investigaban el mismo caso. Como búsquedas solo separadas por el tiempo, la desidia y la poca disciplina. Así, les presento la lista más reciente de síntomas que acechan mi práctica:

El formato. Ese formato tan corto, pero tan práctico. Eficiente como poco concluyente. Ausencia de continuidad. A la mano hay aún nulos o vagamente desarrollados métodos para conectar. Un laboratorio sin una metodología unificada no goza de mucha seriedad o potencia. Lo tendrá menos un laboratorio virtual de arquitectura. Par de argumentos finales. Mi falta de atención creativa a la historia y personaje. Cuando atiendo cada relato desde una posición tan neutra, todo adquiere un tono gris. Y la cereza del pastel es el vocabulario. Nexos, sustantivos, conjunciones, verbos, adjetivos y adverbios. Paso por los modismos, queísmos, redundancias y voces. Falto de variedad, al fin y al cabo.

Papel y pluma en mano ¿qué hay que hacer?

El Errante

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La lista del número cien

No existen las fechas especiales. Dicho esto, este el artículo número cien, uno especial; número par, múltiplo de la decena, y referencia cuantitativa común para identificar lo que quiere (y en cierta manera ya es) grande. Si me hubiera esperado a una fecha especial (aniversarios o alguna que yo autonombre), eso grande se convertiría en grandilocuente, pero no, no; quizá sentimentalmente sea cierto, pero creo que una buena composición literaria debería superar esa supuesta premonición. Ustedes me dirán ya entonces.

Hace pocas semanas leí un minitexto de Laura Sofía Rivero. Era una lista que me hizo recordar a las que escribía de chico, cuando las viñetas no existían y la dividían en renglones, columnas o cualquiera otra cosa. De esas que para cualquiera son todo menos lista. Un sacrilegio para ese “propósito eficiente” que le conferimos desde su nacimiento. Su marca genética, en otras palabras. Indeleble, invisible y por todas luces fundamental.

Listas visuales (Autoría propia)

Este número cien se representa solo a sí mismo. Ni es cúmulo, ni promedio. No es final, ni un atisbo de inicio. Solo un par de símbolos que acompañan a una serie de palabras que tienen la fortuna de unirse en un momento específico.

Así que saben que de que trata la conmemoración de hoy. Y la de unos días más. La lista. La lista. La lista. Ya van años que no leo a uno de mis enlistadores preferidos. Un tal SafariJirafas con su nombre ambigramático. En la de Laura Sofia y del último encuentro algo repetitivo: el ritmo. Por eso esta conmemoración no será casual. La lista como ellos la practican, así tan tergiversada se parece a como pensamos. Entre puntos, entre renglones, con algunas comas, y paulatinamente saltos de párrafo. Por eso esta conmemoración será tan larga.

El Errante

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