Misterios que me evitan

Cuesta mucho esa cuesta que quiero subir. Doy un paso y topo ciegamente con la frente. Me muevo a la izquierda o derecha y algo me sigue impidiendo el paso. Estoy a tientas y ciego; inexplicablemente sin poder avanzar. En días aciagos, escribir es una dolencia difícil de evitar. Me pregunto constantemente de las razones. Camino y camino en círculos, por ser la única manera de energizar mi hemisferio crítico, y lo analizo detenidamente. Adopto el papel detectivesco de un policía, intimidando sujetos, razones y excusas para dilucidar el trasfondo del asunto. Por más habilidoso que sea, me enfrento al némesis perfecto, un archienemigo hecho a imagen y semejanza ¿y cómo resolver el misterio si este yace dentro del juez?

En esas sesiones y a lo largo ya de los meses, han surgido palabras del acusado. Frases y algunos enunciados concluyentes que me acercan hacia acciones decisivas. Ya hay muchos antecedentes. Artículos y artículos que con más o menos acierto investigaban el mismo caso. Como búsquedas solo separadas por el tiempo, la desidia y la poca disciplina. Así, les presento la lista más reciente de síntomas que acechan mi práctica:

El formato. Ese formato tan corto, pero tan práctico. Eficiente como poco concluyente. Ausencia de continuidad. A la mano hay aún nulos o vagamente desarrollados métodos para conectar. Un laboratorio sin una metodología unificada no goza de mucha seriedad o potencia. Lo tendrá menos un laboratorio virtual de arquitectura. Par de argumentos finales. Mi falta de atención creativa a la historia y personaje. Cuando atiendo cada relato desde una posición tan neutra, todo adquiere un tono gris. Y la cereza del pastel es el vocabulario. Nexos, sustantivos, conjunciones, verbos, adjetivos y adverbios. Paso por los modismos, queísmos, redundancias y voces. Falto de variedad, al fin y al cabo.

Papel y pluma en mano ¿qué hay que hacer?

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La lista del número cien

No existen las fechas especiales. Dicho esto, este el artículo número cien, uno especial; número par, múltiplo de la decena, y referencia cuantitativa común para identificar lo que quiere (y en cierta manera ya es) grande. Si me hubiera esperado a una fecha especial (aniversarios o alguna que yo autonombre), eso grande se convertiría en grandilocuente, pero no, no; quizá sentimentalmente sea cierto, pero creo que una buena composición literaria debería superar esa supuesta premonición. Ustedes me dirán ya entonces.

Hace pocas semanas leí un minitexto de Laura Sofía Rivero. Era una lista que me hizo recordar a las que escribía de chico, cuando las viñetas no existían y la dividían en renglones, columnas o cualquiera otra cosa. De esas que para cualquiera son todo menos lista. Un sacrilegio para ese “propósito eficiente” que le conferimos desde su nacimiento. Su marca genética, en otras palabras. Indeleble, invisible y por todas luces fundamental.

Listas visuales (Autoría propia)

Este número cien se representa solo a sí mismo. Ni es cúmulo, ni promedio. No es final, ni un atisbo de inicio. Solo un par de símbolos que acompañan a una serie de palabras que tienen la fortuna de unirse en un momento específico.

Así que saben que de que trata la conmemoración de hoy. Y la de unos días más. La lista. La lista. La lista. Ya van años que no leo a uno de mis enlistadores preferidos. Un tal SafariJirafas con su nombre ambigramático. En la de Laura Sofia y del último encuentro algo repetitivo: el ritmo. Por eso esta conmemoración no será casual. La lista como ellos la practican, así tan tergiversada se parece a como pensamos. Entre puntos, entre renglones, con algunas comas, y paulatinamente saltos de párrafo. Por eso esta conmemoración será tan larga.

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Lecturas de la Ansiedad

— ¿Te das cuenta que no prestas atención? — me pregunté a mis adentros. A esa otra mitad con la que suelo conversar.

— Te pasa seguido ¿no? — me dije, y continué — Vas bien dispuesto a leer pacientemente para entrar poco a poco en el calendario de la costumbre, la rutina y la disciplina, pero una u otra cosa te distrae. Un ruido lejano cuando estás susceptible o de repente aparece un brillante reflejo que no sabes si ignorar o apaciguar —.

Pausé, quedándome callado sin saber que responder a causa del cansancio desconcertante de escuchar la misma respuesta cada vez que ocurre mi juicio.

— Supongo que no solo soy yo — dije, esperando sentir un poco de tranquilidad autoinfligida.

La verdad es que hay una respuesta aparente y casi obvia, un secreto a voces y un síntoma que es más preocupante de lo que se parece asomar. Entre aburrimientos o trabajos tedioso, me pongo a escuchar al yutuber español Jordi Wild (dudo de la versión en español de tal palabra, youtuber, o algo parecido, supongo; eso sí, anótenla como palabra no aprobada por la RAE). De esas voces en segundo plano recuerdo una frase a la que acude con recurrencia en sus entrevistas; él afirma y reafirma que la depresión y ansiedad son la verdadera pandemia del siglo XXI, y nada más lejos de la cruda realidad.

Culparé a esa fiebre del consumo en su mayor parte. Me veo, y así es. Yo mismo como y comemos luz y contrastes cada segundo. Voy al baño y parece que el celular es el único aparato que me promueve la digestión, o retraso mi hambre hasta que una pantalla hable o el ruidoso televisor le quite sabor a la comida. Aun así, todos dicen que es una suerte que de entre las ínfimas posibilidades de haber nacido, esté aquí. Unos números más, y la lotería divina me hubiera lanzado a un medievo o años antes de que un neonato le diera comienzo a nuestro calendario. Aunque, pues, al menos no sufrían del terror que ahora nos provoca el silencio. En una reducción muy burda, cada generación ha sufrido de sus males. Aunque ahora, esa maldad es una que ni la naturaleza más visionaria habría podido imaginar, el mundo virtual.

— Ya, ya continúa leyendo, o lo que sea que intentabas hacer — y regresé casi dos páginas medio leídas para fallar una vez más. Que buen aliciente, mientras siga leyendo páginas ciegas tal vez vean más artículos por aquí.

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Laboratorio del Errante

Estos días descifré un problema que llevo demasiado tiempo pensando y solucionando a tientas desde que comencé el blog. Aunque «descifrar» suena demasiado rimbombante, me doy cuenta con más certeza que el lugar virtual llamado El Errante nació con un concepto intrínseco, el de experimentar. Ahora tiene tanto sentido que la palabra «laboratorio» rondara tanto por mi cabeza; un susurro que me recuerda que esto es una galería para mostrar, lo que sea malo y, cuando las estrellas se alineen, lo que resulte bueno.

El «laboratorio» es un lugar ultra versátil, ultra específico, como al mismo tiempo metódico. Naturalmente no es un concepto afín al arte. Que el método congenie con algo que duda del orden y se inspira en el caos suena paradójico. Por encima de eso, hay un espíritu que le admiro al concepto. Les digo espíritu como podría carácter u otro sinónimo, aludiendo a la ironía de ambas representar a un universo de cosas que no sé narrar en palabras. Un síntoma regular que a ver que medicina me invento para curar. Me fascina divagar y en retrospectiva darme cuenta de las vueltas que les vengo a platicar.

Iré al grano: el laboratorio es lo más parecido que tenemos nosotros, adultxs responsables y profesionistas, a un patio de juegos. Ahí está la infraestructura, los materiales y todo recurso y herramienta imaginable para experimentar. Y el hecho de que el término laboratorio parece casi antagónico, le da un placentero extra.

Les platico mi sueño: El Errante nació para ser ese lugar, mío y suyo. Un taller, un laboratorio. Una nada o un todo. Un portafolio y un blog. O un desastre como una inspiración. Les confieso un sentimiento de ansiedad que quiero liberar por ver esto logrado. Un par de líneas no la harán desaparecer, pero algunx de ustedes quizá encuentra en su compañía una frustración compartida que les permitirá abandonar a nuestro perfeccionista personaje.

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Fotografías Literarias

Postales sobre los Viajes, Laura Sofía Rivero

Quería tomarme la libertad, ya que la arquitectura ha estado en una breve pausa, de anunciarles un nuevo descubrimiento literario: la postal. Un equivalente pertinente sería descubrir una tipología arquitectónica, así porque sí (como si fuera posible). Siéndoles sincero, más que un descubrimiento es sencillamente una casualidad, y creo con el corazón en que al azar se le llama, con insistencia y a pesar de su silencio. Cuando digo que descubrí la postal, digo que la conocí. Antes de este momento existía como un símbolo, fotografías que coleccionas de tus viajes y regalas, más que de las líneas que puedas rellenar con tus palabras. Recuerdo unas últimas con dedicatoria, que, aunque no lo haga usualmente, pasa.

Las conocí, irónicamente sin esa simbología que les atribuimos, ese pedazo de papel rígido, rectangular o cuadrado, con sus líneas vacías y en la cara opuesta, la imagen. La casualidad vino de una aventura, como es ahora medio leer, ver u hojear el interminable «muro» de noticias y sucesos de nuestras redes sociales. La fortuna me hizo coincidir con una autora mexicana a la que ya había comentado, Laura Sofía Rivero Cisneros y una compilación suya de cinco postales. Una fortuna alentada; suscribirme a su útil lista automática de correo culminó en estar aquí sentado escribiéndoles, así que en algo bueno resultó. Es fácil reconocer cuando las frases, la misma historia fluye con naturalidad, no hace falta que lo diga dos veces una vez lo lean. Les pudiera reseñar o comentar sus temas o la viveza de la poética, pero saben que prefiero recalcar en lo sencillo que es disfrutar de una buena lectura.

Fotografía de autoría propia.

El espacio de tiempo entre este y el último artículo del blog es equivalente a la dificultad con la que ahora les platico de este recuerdo. Un recuerdo que lleva ya un par de semanas cocinándose, pero recién hoy pude reescribir y pulir más a mi gusto. El párrafo que sustituí ya pecaba un poco, no sabría decirles de qué, pero lo hacía. En este momento sólo acudo a la vaga imagen de haberlas leído, a mi insistencia porque lo hagan también y la necesidad por venerar esta forma literaria. La postal es curiosa… aunque ese adjetivo represente más mi confusión para explicar las razones para serlo. Ella misma es una mescolanza de imagen, palabras, viajes y deseos por firmar un momento en un papel. Una forma expresiva del propio viaje, corta, instantánea, rápida y muy simbólica. Una fotografía literaria. La que les comparto está aún incompleta, ya sellada de por vida, quizá. Aunque quien sabe ¿no? ¿es más una postal de su imagen que de su propia capacidad para capturar un momento? 

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Seaspiracy y las conspiraciones

Lastimosamente la procrastinación rebasa mis ánimos, lo que me deja la consecuencia de no escribir con la regularidad que deseo. Quedémonos sin preocupaciones, pues al final es el contenido y justo por detrás la disciplina, al paso. Hace ya casi la semana que pude ver este documental, recomendado por una voz no especializada, pero si conocedora, de esos que aprenden por mero placer. Ya de por sí se presentaba con un nombre controversial «Seaspiracy», como parte de la serie de documentales que Netflix ha producido (y seguirá haciendo) vendidas con la bandera de la objetividad, y, me parece, flaqueando en su uso.

Ahora que pude procesarlo y digerirlo, sus técnicas son tramposas; copiadas de la ficción donde la emoción es conducida buscando que empatices con el argumento. Díganme que pasa cuando esas técnicas son utilizadas en un documental, que por definición debería comulgar con la objetividad. Esa es la falencia primera y la más molesta. Les agradeceré que me compartieron motivos para investigar más la realidad de la industria de la pesca, pero los medios me parecieron en exceso para beneficio de su narrativa.

Aunque con exaltación los comparto mi comentario, es sólo la mitad de la historia. Después de la película me sumí en el mar de comentarios, críticas y controversias que despertaba. Encontré al menos una de una bióloga marina, que les traigo por la nada simple razón de ser abierta, ese valor infravalorado que tanto adoro. Quedé conflictuado con el documental y no comprendía el porqué. Con la medio reseña entendí que está bañado en subjetividad, y no puede tomarse en serio, o no debería. Ahora sólo pienso en que la controversia está sesgada por la confusión emocional en la que estaba inmerso, en la que todos, en realidad ¿qué tan peligroso es secuestrar una forma literaria para beneficio de la fama o la rentabilidad?

Sepan que no todo el mar está tintado de sangre, aunque pueda ser que sí paradójicamente.  Tallen esa opinión como si fuese su espada, con el sudor y la entereza que la empresa requiere.

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