Días olvidadizos

Hay días olvidadizos, de esos que son breves, líquidos y automáticos. Días cada vez más comunes, usuales y difíciles. Levantarse por las mañanas a enfrentarte contra tu espíritu dionisíaco, dejando al apolíneo apoderarse de la rutina. Aunque dúdese de esto, pues en el mundo de la exageración, placeres y pasiones tienen un lugar privilegiado en las salas de televisión (bien “arrumbado” tenemos a la sala de estar) o las recámaras hiper-tecnologizadas o el universo de modas que abundan en cada perfil de la red social que quiera nombrar.

No se malentienda la crítica, pues afirmar en un párrafo el uso desmedido de la tecnología y la virtualidad en nuestras vidas es un objetivo vano y perezoso. Creo por el contrario la validez y magnífica aportación de ella, desgraciadamente coincidió la posmodernidad con la espectacular aceleración de nuestros aparatos y medios para producir tecnología y ciencia.

Hablar más de ello implicaría mucho más que una entrada de blog.

Les recuerdo que de vez en vez ocurren esos días olvidadizos.

¿Acaso ya no se acostarme en la tierra, mojarme en la lluvia o pasear mi mirada en las nubes?

Habrá que recordar.

El Errante

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