Dicen del «saber» y «apropiar»

Este blog nace por mi decidida intención de saber y apropiar. El saber está disponible y siempre presente, digo, la información está en las pantallas frente a nuestros ojos dispuesta para ser leída. En la lectura, más que en ningún punto del proceso del «saber», es el paso donde concentrar los esfuerzos para el aprendizaje. A través del filtro de la semántica, «lectura» es la palabra que conecta al fenómeno y al sujeto, ese espacio intermedio. Gaston Bachelard dedicó un capítulo entero en una de sus obras maestras, «Poética del Espacio», para hablar de la condición del “ser humano como ser entreabierto”, lo que me lleva sólo a pensar que lo trascendental ocurre en esas fronteras. En fin, la lectura es la llave, al menos una de ellas, puesta en marcha en este medio. Leer es un acto sensible donde la percepción se traslada al juicio. Aunque la fuente del poder de esta interacción la coloco (y deberíamos hacerlo) en su naturaleza de persistencia. Leer no ocurre inconscientemente, no es algo caracterizado por su casualidad. El sujeto (nosotros mismos) leemos porque permitimos a la psique y cuerpo a persistir en la escalada que significa adentrarnos al “otro” por ser sabido. Y evidentemente, el dar obtiene. Los modos de mi lectura afectarán lo que leo, y, según los modos del leído, algo obtendremos mutuamente.

Pasar al otro lado, «apropiar» es como escuché a Alberto Ruy Sánchez en una presentación del libro de su autoría, “Dicen las Jacarandas”; es compartir, enriquecerse con la lectura ajena, tantas más que están sujetas a miradas distintas y sueltas, queriendo ser discutidas. Quizá esta segunda parte es la catártica, la conclusiva. Compartir es un acto de profunda riqueza, y uno de suma dignidad para los involucrados.

«Saber» concluye con la «apropiación».

La «apropiación» comienza con el «saber».

El «saber» nace de la conclusión.

Irrepetible virtud del ciclo.

El Errante

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