Dioses

Dulce imaginería que brota desde los cielos, desde aquellas nubes distantes y grises. Ahora espera un tenue, rosado y sumamente silencioso atardecer ¿puedes sentir la ligereza de esa luz rosada y nebulosa? Entre los nostálgicos navegantes de los cielos, la tempestad sincronizada de las olas, los arrojados vientos de las llanuras o las miradas inverosímiles, no sabría con que figura quedar. Esos dioses de la inmensidad se compadecen de la humanidad a la que sirven. Curanderos innegables tocando puertas cerradas, alzando trompetas lejanas, gritando himnos ignorados.

Ansiado momento en que la arquitectura les invite, les aguardé, les admire y les hable para firmar el pacto con el guardián de todo mal.

Rueguen vivir un día más, para morir en el albor de un rosado atardecer.

El Errante

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