El límite como actitud de vida

Bien metido en un concurso, un tema me vino a la mente; uno nacido a causa del proyecto. Las discusiones son el inicio, incluso por más que se eviten; es el pan de cada día. Evitarlas sería incorrecto… digo, y peor sería en la categoría del concurso arquitectónico cuando se le pide (y exige) al participante acercarse a los límites. ¡Vaya que eso es complicado! Y no encuentro mejor razón para que estos párrafos existan.

Moverte a los límites es toda una actitud de vida. Comportarte todos los días para arrastrarte (porque así se siente) hacia lugares inhóspitos y menos usuales, a ese mientras tanto previo al desierto oscuro. No sólo el comienzo es escarpado, es el andar, cada paso un constante inicio, pues el ejercicio en los límites es doblemente exigente. Ante todo, resulta evidente que los «participantes recurrentes» tengan tanta soltura en este arte.

Mis conclusiones son las siguientes, aunque son verdaderamente preguntas más que certidumbres: ¿Cómo iniciar? ¿Qué pasos o técnicas usar? Y añado unas posibles respuestas: un camino de experimentación y, como he insistido, significativa entereza. En este concurso he decidido aventurarme por una técnica particular: saberme consciente de mis sensaciones, rastrearlas y aprovecharlas para el diseño. Al final, parte del ingenio del artista, y ni se diga el arquitecto, es exigirle ser diestros en su lectura corporal, pues son de las herramientas más útiles e reveladoras de las que disponemos.

El Errante

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