Futuros Inestables

Como olvidar los días en que Le Corbusier se maravilló por las novedades de la revolución industrial; novedades que cargaban con la esperanza de una humanidad amparada y desarrollada por la tecnología en un mundo donde todos tuvieran la libertad y posibilidad a su alcance. Así, llegamos a una época donde esa promesa se reestablece y reescribe a diario. La nueva revolución tecnológica está en el aparador y se le actualiza sin parar. Hoy día, es inconcebible pensar en aquella “máquina de habitar” lecorbusierana, donde las técnicas y medios que la hacían posible ya no duran más allá de las veintitantas horas (si no es que se esfuma al momento entre la inestable opinión de las masas).

La arquitectura es lenta, la arquitectura no es consciente de la escala que le concedemos al tiempo, y menos aún cuando esa escala es reductible infinitesimalmente.

La tecnología seduce ante cualquier resistencia, preguntémonos que nos espera.

¿La dilación o la aceleración?

¿La permanencia o la ligereza?

¿Qué defiendes cuando el poder atribuido a la arquitectura se trivializa, se vuelve efímero?  

¿Qué defiendes cuando la virtualidad y su obvia carencia sensacional supera realidades físicas, incapaces de equiparar su versatilidad?

¿Qué defiendes ante la arquitectura despojada de todo sentido moral?

Nunca podré esclarecer si la arquitectura es un puente, uno que podamos cruzar hacia la esperanza de un mundo nuevo.

Así que mientras tanto, recordaré eternamente ese pacto antiguo, impreso en las piedras de todo lugar digno, conservado en las cenizas del primer hogar.

El Errante

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