Intenciones del Errante

La serie de escritos que he hecho tienen la fervorosa orden de ser críticos, o de al menos intentarlo. Un gusto personal por las palabras y la arquitectura me hace conjuntarlos a través de este diario. Aún así, creo que aún se ausenta de algo importante. De los varios días que ya he publicado, varios de los textos (si no es que todos) explican a través de la descripción, la crítica o mis pensamientos. No me malentiendan, pues la descripción es una técnica eficientísima, pero como tal, carente en su capacidad imaginaria. Los menos escritos hablan de arquitectura a partir de formas como la imagen o la metáfora, pero, a mi perspectiva, son estos los que resultan de más interés pues la arquitectura se moldea alrededor de la narrativa, enriquecida por la poética de esas formas literarias. Supongo que mi aspiración es hablar del espacio en la medida en que este se moldea en la misma categoría que una novela, un cuento o hasta un diálogo. El objetivo es que la arquitectura no se le critique desde el adjetivo, sino desde la imaginación. La riqueza de un edificio o de un lugar es solamente comprensible desde la poesía de la imagen. Si la crítica se analiza desde el personaje imaginario, la lectura se redirige a otros parajes.

Toda narración ocurre en un contexto, en un lugar imaginario y que la sucesión de ella va dibujando continuamente. La arquitectura al ser ahora el objeto por explorar, y por criticar, se vuelve el motor de la narrativa. Imagino relatos donde el autor habla desde la mirada de un niño una visita extraña al Pabellón Alemán de Mies Van der Rohe en Barcelona mientras su hogar resulta ser la casa Batlló de Antoni Gaudí. Explorar es una manera de tomar partida, de presentarse activamente en la vida de una vivienda y demostrar sus razones, al fin y al cabo, de criticar arquitectura.

Ese es el leitmotif de este blog.

El Errante

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