Irapuato a Ciegas

Estoy en las inmediaciones de mi ciudad. Un Irapuato que como arquitecto tengo tantas ansias de diseccionar. A diferencia de un turista, uno suele andar apreciando y observando, con ojo minucioso. Así nos hallemos en las metrópolis mundiales, a la mitad del campo o entre ruinas y pocilgas, siempre intentas ver. La belleza tiene tantas formas, ahí tienen al dicho popular «en gustos se rompen géneros»; así que atentos, pues pasa desapercibida entre el ajetreo de diario. Es casi una responsabilidad profesional actuar así; se trata de una incesante capacitación y aprendizaje. Así lo hago en mi ciudad, con el pesar de tener el terrorífico obstáculo de un Irapuato azotado por inseguridad y violencia a partes iguales… quizá yo me quejo desde ese placer que requiero, pero la realidad es mucho peor para todos aquellos que sobreviven entre calles y avenidas.

Les hablo de una letanía ciudadana que quisiera ver cumplida. Por encima de esta narración encarnada en melancolía, quiero afirmar desde mi rol social y profesional que algo he de aportar, siendo esto un paso en ese favor. Esos intentos vienen en multitud de formas, comencemos con los profesores que incesantemente difunden y guían; los profesionales que construyen y diseñan familias y recuerdos; o el niño pequeño que reúne a su familia a causa del rompecabezas que intenta armar. La arquitectura es un descubrimiento sinfín con motivos profundamente sociales. Llegará el día en que la situación cambie de ruta, así que en el mientras tanto, escribir, dibujar, diseñar y, especialmente, compartir son actos de resistencia.

En ánimos de un adiós temporal les comparto uno que me motivo el día de hoy. Una compañera de la licenciatura transformó visiones en ilustraciones de la ciudad neerlandesa de Wageningen. Lo que antes es cariño y curiosidad por un lugar se vuelven símbolos, historias y recuerdos posiblemente más llevaderos que unas palabras. Espero un día sea así de la ciudad mía.  

El Errante

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