Lugares y Palomas

¿Alguna vez han estado en lugares que no envejecen? ¿dónde el recuerdo ocurre con impresionante detalle? Dejemos a un lado cualquier prejuicio negativo hacia la eterna juventud o, por el contrario, al envejecimiento. La situación que les refiero en realidad supera la arquitectura, me parece. Esa primera pregunta habla de una característica del olvido provocado por el envejecimiento.

Antes de escribir en este diario digital, seguía leyendo a Camus, específicamente, del azoramiento de la ciudad de Orán por la peste… (ni digan, hasta yo me insisto en terminarlo). En el entremedio de su narración relató una condición extrema sufrida por los habitantes de Orán: el olvido de todo atributo personal; claro después de superada toda esperanza de escapar de la peste. Nombró el olvido a los amantes separados, las familias aisladas por la enfermedad, los seres queridos que paulatinamente son despojados del recuerdo de la carne, y con el peso (y paso) del tiempo, del recuerdo del espíritu, o cualquier rastro de amor… he de suponer que esa primera pregunta habla de exactamente lo mismo.

Existen universos en los que vivimos por siglos… no sólo desde niños, a lo largo de la vida hay lugares que adoptan el perfecto símbolo del «hogar», o al menos aquello que cada uno conoce como tal. Por azar o decisión o simple ocurrir diario, se trasladan, transforman, cambian o se sustituyen. Lo que la peste les hacía a los habitantes de Orán es lo que el tiempo nos provoca… apuntemos que suceden de formas distintas, pero con la similitud de que rasga el recuerdo, su carne y alma… ocultándolos de la luz de nuestra memoria.

Por deprimente que esa mirada parezca, ese símbolo o el propio recuerdo oculto, como posiblemente pueda suceder con los oraneses, reviven al son de una chispa… chispas provocadas por visitas inesperadas, libertades deseadas o, de nuevo, sólo la casualidad. Podemos entonces agradecer a las fiestas y celebraciones anuales por permitirnos hallar un momento calmo donde encenderlas.

Lugares que abandonamos, lugares que encontramos.

El Errante

Deja un comentario