Palabras Muertas

Hay palabras que deben morir, como los hay recuerdos por perecer, imágenes que olvidar o hechos que sepultar. Desde que comencé en esta andadura, específicamente, desde que comencé a “Escribir” (con mayúscula) me he preguntado si todo lo que hago tiene la validez para sobrevivir, primeramente, para seleccionarla como suficiente y entonces compartirla o lanzarla, como diría Bauman, al mar en una botella. Tengo muchas preocupaciones al respecto. Si las dejara y con la ventajosa posición de la tecnología, podría crear un extensísimo acervo sin ninguna aplicación útil (si medimos la utilidad en la medida en que el texto sea leído). Si no lo hiciera tendría el catártico descanso del olvido con el dolor del que está de luto. Me he visto inmerso en las preguntas alrededor de esta situación, pues el mismo juicio podría aplicarse a todo producto.

Si mi intuición comandara, me decidiría por el cliché del equilibrio, aunque todavía vea la situación en superficie y sin el consejo de algún admirado. Pendiente de ello, elegiría ese camino generalmente, pero hoy me decidiría por un abandono; no en un cementerio sino en la sacralidad de esa botella lanzada al mar, porque tal vez un ser humano la halle, la lea, y, con suerte, la comprenda. No todo tendrá el placer de hacerlo, pues por ello la curaduría que realizo a mis textos sucede en este blog, pero al menos, algunos sobrevivirán la inclemencia de la autocrítica, alzándose dignos de esta lucha.

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