Perspectivas Frescas en Vidrio Soplado

Obtenida de © Fundación de Arquitectura Tapatía Luis Barragán A. C.

Nunca he parado de buscar esos detalles que suelen maravillar. Esa combinación de momentos en los que tus sentidos se sobrecargan. Visité un día, hace casi un año, la Casa Estudio de Luis Barragán, en los rincones de Tacubaya, en Ciudad de México. Resulta extraño, pues la casa está oculta entre las calles del barrio; una ocultación clarísimamente exagerada, pues ante la fascinación de todo lo que pasa dentro de ella, resulta aún más evidente.

Llegué a eso de las nueve de la mañana; puntual, como lo exigía la visita. Entré junto a un grupo de personas, lo cual resulta una fortuna, pues entre la discusión mis pensamientos tenían más oportunidad de divagar. La visita es desgraciadamente limitada, aunque en realidad abarca casi toda la casa, con la excepción de la cocina y alguno que otro lugar. No quiero hablar mucho sobre el recorrido; sería generalizar algo tan inusual como esa casa. En realidad, quiero regresar al punto de partida, los momentos de asombro.

Me preguntaba y me preguntaba como es que Barragán podía cultivar ese asombro y plasmarlo en un proyecto arquitectónico. Todo en esa casa podía hacer justo eso, pero me concentre en un objeto de su pasado, unas esferas de vidrio soplado que conseguía en su tierra natal: Jalisco. En las fotografías no suelen aparecer, pero (y quiero pensar que fue obra de Barragán) estaban en varios puntos en la casa. Recuerdo una particularmente, en una especie de sala y vestidor, una antesala para una escalera que asciende a la terraza. En ella hay varios muebles de madera, y en el más bajo de ellos, junto a varias decoraciones más hay una de esas esferas. Pasé a su lado al subir; y al bajar, me detuve a verla. Lo más maravilloso de ella, pensaba, son sus imperfecciones. No son precisas esferas, entre hendiduras y curvaturas inexactas, terminan reflejando la imagen distorsionada no sólo esféricamente, sino según ese carácter impreso en su proceso artesanal.

Aquella esfera la vi repetidamente. Ese cuarto se veía distinto en ella. La luz que tanto le aclamamos a Barragán inundaba de otra manera ese cuarto. Lo asombroso de ese detalle son todas las ideas que me produjo. Pensé en ese placer que producen las cosas que tienen valor. Pensé en la frescura que provoca una perspectiva distinta, una inspiración de un lugar único. Por más, pensé en los recuerdos que un objeto así puede traerte. Esos son los momentos asombrosos que esperas coleccionar como arquitecto. Quizá eso es lo magnífico de la Casa Estudio Luis Barragán, más que cualquier otra cosa. Él supo conciliar su colección de recuerdos y transformarlo en un hogar.

El Errante

Deja un comentario