Presagios y Clichés

Ya me he quedado sin palabras… tengo esa lejana (y quizá ingenua) esperanza de rozar la riqueza lingüística del Quijote. Lo presagio algún lunes o martes de una semana futura, aunque puedo equivocarme. De eso va hoy, un repaso de un conflicto interno que quiero librar. Una costumbre personal vuelta obsesión y, al menos en superficie, transformada frustración: la perfección. Un artículo de unos cientos de palabras no me es tan útil para entrar en materia, y que tema tan idóneo como la perfección para hacerlo; así que seamos pragmáticos. Un «ejercicio» es mi respuesta. Tal cual, encasillado y ultra enfatizado pues la naturaleza coloquial de la palabra y su trasfondo es lo que interesa.

Cierto es, y lo descubrí en una conversación con un amigo. Es como el asombro que viene de darte cuenta de algo antiguamente obviado. Pregúntense un porqué por más de cinco preguntas consecutivas y se darán cuenta de lo que hablo. Es entonces que la vida es un «ejercicio». Fuera de los intereses y sus conflictos, de los tratados políticos que mantienen nuestra civilidad o de cualquier acto humano, todo es un ejercicio escolar, con matices momentáneos, instantáneos. Recuerdan hacer una suma en una clase en su infancia, justo al principio, cuando apenas comprendes y usas tus dedos al contar… pues así parece la vida… o al menos seria así más sencillo. Bien ahogado en el cliché, esta es mi reflexión en pos del archiconocido desarrollo personal.

No deseo terminar con esa aseveración, pero sí con la simpleza que inspira ese hecho. Al final, para un errante termina siendo una suerte de tranquilidad esperada, y a veces entre tiempos tormentosos es el gramo que hace la diferencia. Ante la perfección encarnada (y encarnizadamente incentivada) en la arquitectura, el sencillo «ejercicio» es el paso al frente; ¿la cima de la vida? ¿no? Un hecho suficiente es que «algo es» … una ilusión necesaria.   

El Errante

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