Querida Intuición

Antes de escribir este texto, procedía a leer concienzudamente aquel donde Louis I. Kahn hablaba de su adoración por los inicios. Un tema del que ya he escrito, al menos brevemente. Ahora quisiera tratarlo casi como una especie de catarsis personal. Recientemente he tenido interés por los procesos de diseño de un despacho X (podré ahondar en él próximamente), si bien, entrado ya en un proyecto que me conduce a diseñar me nace la insistente pregunta ¿cómo empezar? Algo que con relativa regularidad todo arquitecto se enfrenta, sin embargo, cuando me refiero a mi persona esta parece tildarse de “imposible” o “inalcanzable” por una presión ineludible por la “mejor” propuesta.

En mi afán por ser virtuoso como arquitecto, esa sencilla pregunta no puede ser respondida pues está cegada de prejuicios propios que intentan “alentarme” a ese resultado ideal. Hablo de esto, puesto que tengo demasiado interés en superarla. Como una persona que utiliza excesivamente el argumento o la lógica en el proceso de diseño, quisiera liberarme de esas ataduras, cuestionándolas. El mejor medio que me permitirá hacerlo es la intuición.

La intuición es una búsqueda que encarna la creatividad y la curiosidad, aunque en realidad deseo buscarla por las palabras de una admirada profesora. Alguna vez conversando de peripecias para intentar resolver un proyecto, me di cuenta de que mi excesivo intento por argumentar cada paso provocaba nada menos que bloqueos creativos, ocultando esa intuición que naturalmente aflora cuando se inicia. Específicamente al comenzar adolezco de esa presión, una que creo todos (y no exclusivamente arquitectos) cargamos. Mi maestra, en forma de consejo o experiencia me dijo que tal intuición es un expresión transparente y natural de lo que se sabe, de lo que se es; una respuesta sin prejuicios o un sincero argumento ¿Qué razones tengo para contenerla?

Tengo la intención de que estas palabras sean a favor de la intuición, de la dejadez, de la curiosidad y de la experimentación, especialmente en los inicios. Esas «decisiones inexplicables» que aprovechaba Luis Barragán y, posiblemente, esa «potente explosión» que adora Louis I. Kahn. El argumento es un eficaz y asombro «principio ordenador», pero la intuición hace lo que la metáfora, da lugar a los huecos y las sombras donde la complejidad y la sorpresa pueden vivir despreocupadamente.

Adoro los inicios caóticos, al filo de miles de ideas que permitirán delicadamente trazar el paso para diseñar arquitectura.

El Errante

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