Lecturas de la Ansiedad

— ¿Te das cuenta que no prestas atención? — me pregunté a mis adentros. A esa otra mitad con la que suelo conversar.

— Te pasa seguido ¿no? — me dije, y continué — Vas bien dispuesto a leer pacientemente para entrar poco a poco en el calendario de la costumbre, la rutina y la disciplina, pero una u otra cosa te distrae. Un ruido lejano cuando estás susceptible o de repente aparece un brillante reflejo que no sabes si ignorar o apaciguar —.

Pausé, quedándome callado sin saber que responder a causa del cansancio desconcertante de escuchar la misma respuesta cada vez que ocurre mi juicio.

— Supongo que no solo soy yo — dije, esperando sentir un poco de tranquilidad autoinfligida.

La verdad es que hay una respuesta aparente y casi obvia, un secreto a voces y un síntoma que es más preocupante de lo que se parece asomar. Entre aburrimientos o trabajos tedioso, me pongo a escuchar al yutuber español Jordi Wild (dudo de la versión en español de tal palabra, youtuber, o algo parecido, supongo; eso sí, anótenla como palabra no aprobada por la RAE). De esas voces en segundo plano recuerdo una frase a la que acude con recurrencia en sus entrevistas; él afirma y reafirma que la depresión y ansiedad son la verdadera pandemia del siglo XXI, y nada más lejos de la cruda realidad.

Culparé a esa fiebre del consumo en su mayor parte. Me veo, y así es. Yo mismo como y comemos luz y contrastes cada segundo. Voy al baño y parece que el celular es el único aparato que me promueve la digestión, o retraso mi hambre hasta que una pantalla hable o el ruidoso televisor le quite sabor a la comida. Aun así, todos dicen que es una suerte que de entre las ínfimas posibilidades de haber nacido, esté aquí. Unos números más, y la lotería divina me hubiera lanzado a un medievo o años antes de que un neonato le diera comienzo a nuestro calendario. Aunque, pues, al menos no sufrían del terror que ahora nos provoca el silencio. En una reducción muy burda, cada generación ha sufrido de sus males. Aunque ahora, esa maldad es una que ni la naturaleza más visionaria habría podido imaginar, el mundo virtual.

— Ya, ya continúa leyendo, o lo que sea que intentabas hacer — y regresé casi dos páginas medio leídas para fallar una vez más. Que buen aliciente, mientras siga leyendo páginas ciegas tal vez vean más artículos por aquí.

El Errante

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Laboratorio del Errante

Estos días descifré un problema que llevo demasiado tiempo pensando y solucionando a tientas desde que comencé el blog. Aunque «descifrar» suena demasiado rimbombante, me doy cuenta con más certeza que el lugar virtual llamado El Errante nació con un concepto intrínseco, el de experimentar. Ahora tiene tanto sentido que la palabra «laboratorio» rondara tanto por mi cabeza; un susurro que me recuerda que esto es una galería para mostrar, lo que sea malo y, cuando las estrellas se alineen, lo que resulte bueno.

El «laboratorio» es un lugar ultra versátil, ultra específico, como al mismo tiempo metódico. Naturalmente no es un concepto afín al arte. Que el método congenie con algo que duda del orden y se inspira en el caos suena paradójico. Por encima de eso, hay un espíritu que le admiro al concepto. Les digo espíritu como podría carácter u otro sinónimo, aludiendo a la ironía de ambas representar a un universo de cosas que no sé narrar en palabras. Un síntoma regular que a ver que medicina me invento para curar. Me fascina divagar y en retrospectiva darme cuenta de las vueltas que les vengo a platicar.

Iré al grano: el laboratorio es lo más parecido que tenemos nosotros, adultxs responsables y profesionistas, a un patio de juegos. Ahí está la infraestructura, los materiales y todo recurso y herramienta imaginable para experimentar. Y el hecho de que el término laboratorio parece casi antagónico, le da un placentero extra.

Les platico mi sueño: El Errante nació para ser ese lugar, mío y suyo. Un taller, un laboratorio. Una nada o un todo. Un portafolio y un blog. O un desastre como una inspiración. Les confieso un sentimiento de ansiedad que quiero liberar por ver esto logrado. Un par de líneas no la harán desaparecer, pero algunx de ustedes quizá encuentra en su compañía una frustración compartida que les permitirá abandonar a nuestro perfeccionista personaje.

El Errante

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Escena Uno / Cama Querida

INT. RÉCAMARA / MADRUGADA

Está recostado en su cama querida, exhausto, pero con la dosis insoportable de insomnio nacido de ansiedades e ideas que no paran de divagar.

MARCELIÑO (sin edad específica)

La recámara no es un lugar de trabajo. No para mí, creo.

Se escucha un silencio largo, de casi el medio minuto. Hay poco ruido de fondo, casi nulo. Si acaso susurran algunas interferencias con el micrófono. Solo mira hacia arriba mientras estás acostado. Sus ojos sollozan ennegrecidos por el cansancio causado por el desvelo. Su mirada rebusca entre la textura apenas visible del techo, más bien perdiéndose y concentrándose en sus pensamientos.

MARCELIÑO

(voz pausada y constante interrumpida por bostezos)

Y eso que intento despertarme y pasar de la cama a mi escritorio, tratar de limpiar, bueno… no limpiar, simplemente acomodar… (pausa) hacer la cama, mi sábana, mis almohadas.

Se quedaría pensando un segundo, enlazando palabras e ideas para así alcanzar un poco de coherencia.

MARCELIÑO

Para quizá extrañamente intentar, bueno no intentar, pero sí, convencerme de que no debo acostarme en una cama tan arreglada [risa tenue y burlona] cuando por alguna razón parece más cómodo hacerlo [gesto de duda].

No lo sé supongo que mi trabajo no me dejaría; no me dejaría congeniar con una cama.

(Pausa y bosteza con más balbuceos)

Disculpen, es de madrugada.

Retoma con más fuerza el soliloquio intencionadamente para llegar a una conclusión certera.

MARCELIÑO

Y digo congeniar, porque en realidad es sencillo, pero yo aspiro a que mi trabajo sea algo más parecido a un taller… y la cama, pues no parece situarse en la mejor posición para estar cerca de uno donde el polvo, la suciedad o el desorden coexisten ante ese lugar tan sacro y especial de una cama, donde esperas el olor a sábana limpia o ajeno a la pesadez de un polvo que sólo te recuerde el esfuerzo del trabajo. Y no digo porque ese esfuerzo sea odioso, no no no, no me malentiendan, simple y sencillamente porque la cama es un olvido, o un lugar para un olvidar al menos, digo, el descanso es en esencia tomar energías de nuevo ¿no? recuperarse en todos los sentidos; reposar y ya, y bueno el taller no parece el mejor compañero.

Formato de guion basado en lo que recabé del enlace de Taller de Escritores, publicado por César Sánchez Ruiz.

El Errante

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Fotografías Literarias

Postales sobre los Viajes, Laura Sofía Rivero

Quería tomarme la libertad, ya que la arquitectura ha estado en una breve pausa, de anunciarles un nuevo descubrimiento literario: la postal. Un equivalente pertinente sería descubrir una tipología arquitectónica, así porque sí (como si fuera posible). Siéndoles sincero, más que un descubrimiento es sencillamente una casualidad, y creo con el corazón en que al azar se le llama, con insistencia y a pesar de su silencio. Cuando digo que descubrí la postal, digo que la conocí. Antes de este momento existía como un símbolo, fotografías que coleccionas de tus viajes y regalas, más que de las líneas que puedas rellenar con tus palabras. Recuerdo unas últimas con dedicatoria, que, aunque no lo haga usualmente, pasa.

Las conocí, irónicamente sin esa simbología que les atribuimos, ese pedazo de papel rígido, rectangular o cuadrado, con sus líneas vacías y en la cara opuesta, la imagen. La casualidad vino de una aventura, como es ahora medio leer, ver u hojear el interminable «muro» de noticias y sucesos de nuestras redes sociales. La fortuna me hizo coincidir con una autora mexicana a la que ya había comentado, Laura Sofía Rivero Cisneros y una compilación suya de cinco postales. Una fortuna alentada; suscribirme a su útil lista automática de correo culminó en estar aquí sentado escribiéndoles, así que en algo bueno resultó. Es fácil reconocer cuando las frases, la misma historia fluye con naturalidad, no hace falta que lo diga dos veces una vez lo lean. Les pudiera reseñar o comentar sus temas o la viveza de la poética, pero saben que prefiero recalcar en lo sencillo que es disfrutar de una buena lectura.

Fotografía de autoría propia.

El espacio de tiempo entre este y el último artículo del blog es equivalente a la dificultad con la que ahora les platico de este recuerdo. Un recuerdo que lleva ya un par de semanas cocinándose, pero recién hoy pude reescribir y pulir más a mi gusto. El párrafo que sustituí ya pecaba un poco, no sabría decirles de qué, pero lo hacía. En este momento sólo acudo a la vaga imagen de haberlas leído, a mi insistencia porque lo hagan también y la necesidad por venerar esta forma literaria. La postal es curiosa… aunque ese adjetivo represente más mi confusión para explicar las razones para serlo. Ella misma es una mescolanza de imagen, palabras, viajes y deseos por firmar un momento en un papel. Una forma expresiva del propio viaje, corta, instantánea, rápida y muy simbólica. Una fotografía literaria. La que les comparto está aún incompleta, ya sellada de por vida, quizá. Aunque quien sabe ¿no? ¿es más una postal de su imagen que de su propia capacidad para capturar un momento? 

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Seaspiracy y las conspiraciones

Lastimosamente la procrastinación rebasa mis ánimos, lo que me deja la consecuencia de no escribir con la regularidad que deseo. Quedémonos sin preocupaciones, pues al final es el contenido y justo por detrás la disciplina, al paso. Hace ya casi la semana que pude ver este documental, recomendado por una voz no especializada, pero si conocedora, de esos que aprenden por mero placer. Ya de por sí se presentaba con un nombre controversial «Seaspiracy», como parte de la serie de documentales que Netflix ha producido (y seguirá haciendo) vendidas con la bandera de la objetividad, y, me parece, flaqueando en su uso.

Ahora que pude procesarlo y digerirlo, sus técnicas son tramposas; copiadas de la ficción donde la emoción es conducida buscando que empatices con el argumento. Díganme que pasa cuando esas técnicas son utilizadas en un documental, que por definición debería comulgar con la objetividad. Esa es la falencia primera y la más molesta. Les agradeceré que me compartieron motivos para investigar más la realidad de la industria de la pesca, pero los medios me parecieron en exceso para beneficio de su narrativa.

Aunque con exaltación los comparto mi comentario, es sólo la mitad de la historia. Después de la película me sumí en el mar de comentarios, críticas y controversias que despertaba. Encontré al menos una de una bióloga marina, que les traigo por la nada simple razón de ser abierta, ese valor infravalorado que tanto adoro. Quedé conflictuado con el documental y no comprendía el porqué. Con la medio reseña entendí que está bañado en subjetividad, y no puede tomarse en serio, o no debería. Ahora sólo pienso en que la controversia está sesgada por la confusión emocional en la que estaba inmerso, en la que todos, en realidad ¿qué tan peligroso es secuestrar una forma literaria para beneficio de la fama o la rentabilidad?

Sepan que no todo el mar está tintado de sangre, aunque pueda ser que sí paradójicamente.  Tallen esa opinión como si fuese su espada, con el sudor y la entereza que la empresa requiere.

El Errante

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Los plásticos de hace cincuenta años

El primer tema que le discuto a Arthur Quarmby es el de su visión, una pasada, muchísimo con respecto al presente. Pensar que cincuenta años antes significaban tal, pero ahora con una facilidad sobrehumana se apiñan milenios en un par. En esta nueva inauguración, comenzaré con anotaciones que en suma conformarán una mezcolanza de textos, comentarios y opiniones sobre el libro del británico «Materiales plásticos y arquitectura experimental». Hay una motivación seria por crear estas compilaciones de «reseñas» alrededor de libros. Usualmente una puede ser consecuencia de procesos analíticos y sintéticos que resultan en la justificación de una postura intencionadamente objetiva sobre algo… sin embargo, creo en mi método o al menos en su inefectividad, y eso es en sí mismo la meta, que tiemblen ideas. Y quien dice que esta técnica me permite regresar años después a rebuscar y añadir alhajas recién compradas a este cajón abierto. Sean libres de buscar más de Arthur Quarmby, aquí y en toda la red.

Este miniartículo nace del segundo capítulo de su libro, esencialmente de cuestionamientos míos que comenzaron recién leído el título ¿hablará de la contaminación de los plásticos? Letrado en el tema no soy, pero sé con cierta confianza que tanto del uso indebido por parte nuestra, como de la composición del material surgieron las emergencias mundiales que padecemos. Pues sumido en la concentración, fue hasta el final del segundo capítulo donde el británico ocupa un par de páginas para paliar esas preocupaciones, sin conseguirlo, han de saber. Sin el afán destructivo que bien podría merecer, me intriga más la curiosidad que me cosquilleó… una reacción ejercitada por estos textos semanales.

¿Será que en el acontecer actual podríamos debatir una industria plástica ambientalmente responsable y sustentable? ¿qué solución/innovación podríamos dar como gremio ante la acuciante presión del problema? Decepcionante como suene, soy incapaz de al menos animar unas palabras en este respecto. Desconozco la industria y sus investigaciones, pero que eso no avive la desesperanza ¡Arriba! Que afirmo con severidad que este libro será un viaje, uno que reconozco originado por Quarmby… quién podrá adivinarlo, quizá terminemos expertos y divulgadores de los plásticos, o peleados tal vez… cualquier postura la admitiré.

El Errante

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