Ideas Incompletas dejadas a la Gravedad

Alguna vez se me ocurrió una idea reveladora. Todos imaginamos… desde recuerdos alterados y rellenados o ideas abstractas e informes… ¿han pensado qué el pensamiento está siempre incompleto? Una acepción que deriva de la comparación con la realidad. Si pueden, alguna vez hojeen la lectura “El filósofo, artífice de la palabra” de Eduardo Nicol; lo menciono, pues muestra fácilmente la diferencia entre el pensamiento y la realidad. Sin mayores paréntesis, es justa la relación, la separación o ese espacio mediador entre realidad y pensamiento el que me interesa discutir.

Foto de autoría propia.

Quisiera ahora soltar la revelación que me provocó esta reflexión ¿se dan cuenta que las ideas dentro de nuestra mente incompletas, informes o borrosas, al soltarse a la carne, es decir, volverlas reales mediante una acción, adquieren aspectos que ni la minuciosidad de la mente podría concebir? Hace no mucho realicé esa maqueta para un proyecto en una terraza. La situación es relativamente sencilla, sólo se añade esa estructura superior que completa y define el interior. Por más emocionante que me resulte relatarles con detalle la solución (que quizá algún día ocurra), sepan que esa revelación llegó al terminar ese modelo a escala. Un asombro que paulatinamente será distinto, y sí se construyera, sería extático.

La realidad tiene un matiz que ni siquiera los más ávidos y astutos pueden imitar en su mente. Al final, entérense que esta historia es una elongada versión de las frases sobre la riqueza y clamor de la vida misma. Una pequeña maqueta adquiriendo la complejidad de la vida… la gravedad, la textura, el movimiento o la inmersión. La mediación de la acción… herramientas tan sutiles que pasan desapercibidas… herramientas para saber que existimos.

El Errante

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Inventiva de la Narración

La narrativa es El invento. Tanto así, que no veo algún otro que le supere en potencial y poder a lo largo de toda nuestra vida. Nuestras mentes sólo leen historias, narraciones, mitos, imágenes, metáforas o los conjuntos de palabras ordenadas que nos refieren alguna cosa. La vida se lee en las historias que hilamos y tejemos, día con día. Sucesiones más y más elongadas de errores y fracasos, a la vez que de aciertos y éxitos. La única herencia tangible es la de una historia.

La vida florece con las narraciones. Cada uno de nosotros los decimos y reformamos momento a momento. Las contamos, mientras algunos capítulos se olvidan en la secrecía, o, con un poco de suerte, serán la voz de una comunidad o de la sociedad entera. Cuantas historias se han quedado sepultadas entre tantas voces, tergiversadas mientras se heredaban o, peor aún, relegadas al olvido. Cementerios que son palabras vueltas piedra: totalmente secas y calladas por la eternidad; más que lugares para el cuerpo, lo son para cada historia que ahí se sepulta para ser silenciada; odas espacio temporales hacia la narrativa.

El poder de las historias nos supera, en creces. La del héroe significará más en las palabras que en su hecho físico; la del gobernante lo hará igual; la del líder, llena de secrecías (más aún cuando la sociedad que las escucha está ansiosa por escucharlas y encontrar una carencia que los destrone), hará lo propio. El logro fundamental de la humanidad, esa, la creación más pura y única, es la de la historia. La fórmula y el concepto son, en suma, la misma narrativa expresada con cuidadosa pulcritud.

La historia siempre será mítica, superará las épocas de las que nace. Sólo morirá en la secrecía de todos los que la escucharon, cultivaron y comerciaron; o si el peso sepulcral ahoga las voces de todos ellos. La humanidad es un hecho histórico, y nada más. No tenemos motivos que perduren ni por los que luchar más allá de la creación de una historia digna, no sólo a oídos propios, sino ajenos. La desdicha más cruel ocurre cuando algunos de nosotros no tienen la oportunidad de elegirlas y son condenados a las cadenas de historias ajenas. Historias ajenas que son tejidas en las mentes de los desdichados, y más de las veces odiadas por ellos mismos. La desigualdad planetaria ocurre en la medida en que no todos gozamos del placer y poder de escribir la historia propia. Quizá lo único digno por hacer es tener el placer de elegir, y regalarlo a alguien más.

El Errante

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Grabado y Arquitectura II

La textura es un medio de expresión clave en el material. En realidad, el concepto mismo en el lenguaje común es demasiado cerrado e incluso a nivel semántico, pues implica únicamente a la expresión superficial de algún elemento. Si nos lo preguntamos ¿qué no la textura rugosa de la piedra es un producto de su composición interna? ¿O la veta de la madera es una consecuencia de la vida del árbol de la que proviene? En la mirada de estas preguntas, la textura se entiende como la lectura superficial de un material en el tiempo, adquiriendo la forma que su composición le permitió. Entonces, es sólo una capa exterior de la larga lista de capas que le han precedido y, si lo hubiésemos dejado, de la que le seguirán. Es una parte de la historia de la materia y su intervención con el ser humano.

Si invertimos la mirada, la textura es una impresión momentánea de la vida del material. Bien podríamos, como tantos artistas del grabado lo hacen, usar técnicas como el “frottage” como un medio para explorar estas texturas y familiarizarnos con la materia. Ser cuidadosos y leer sus grumos y sus huecos, rastros de nuestra intervención y de su historia. Cuando talemos un árbol, miremos su rugosa corteza que lo acoraza, o rompamos su piel exterior y olamos el suave aroma de un pino o un cedro, toquemos sus venas y su marmoleada y frágil materia interior.

Un tema dignísimo de explorar, en especial en una escuela de arquitectura donde la materia es su masa y vagamente la mencionamos con tal ahínco y sensibilidad como ya el grabado lo hace.

El Errante

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Grabado y Arquitectura I

La técnica del grabado me causa una profunda intriga porque creo que, como búsqueda arquitectónica, puede ser una muy productiva y creativa. Alguna vez leí o escuché una reseña de los planos que realizó Leon Battista Alberti sobre sus villas italianas, planos donde el trazo significaba más de lo que aparentaba. A más tono y grosor, le da más jerarquía a un objeto bidimensional. Esta referencia sólo me conduce a clarificar lo que el grabado ya facilita. Esta técnica usa conceptos como la incisión, la textura, el relieve o hueco para imprimir sobre una superficie un lenguaje mínimamente tridimensional, pues el hecho de que todos ellos exijan una profundidad, por minúscula, existe. La intriga está ahí. Los arquitectos trabajamos sobre el espacio tridimensional y la lectura corporal, pero cuando se trata de ejemplificarle en búsquedas bidimensionales el proceso requiere una imaginación espacial minuciosa e integrada (pues aún no hemos hallado medios que equiparen la facilidad y versatilidad del papel y el lápiz, aunque ojo, ya hemos escuchado del dibujo tridimensional por medio de Realidad Virtual). Aún así, hemos aprovechado y explotado el dibujo. Si bien, con el grabado, la posibilidad de expresar texturas y búsquedas matéricas adquiere otra dimensión, pues a la mirada y al tacto estos ligeros cambios de dirección enriquecen el contenido. Cuidado, que el tacto es más fiel y auténtico que la mirada, y el grabado cataliza esa posibilidad. El grabado se coloca en un filtro previo entre la arquitectura y la pintura, oscila cerca de esa reproducción bidimensional pero sus intereses se dirigen sutil, pero densamente, hacia la percepción háptica, la misma que más utilizamos cuando exploramos arquitectura.

Esta será una serie de ensayos que se concentrarán en explorar el grabado y su posibilidad en arquitectura.

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