Arquitectura de las cosas

Me pregunto cuántas cosas en el campo de la semántica podríamos apellidar con «arquitectura». Su connotación como «sistema de reglas que dirigen y unifican un proceso» le hace tan dúctil para adaptarse a casi cualquier concepto. La pregunta que le precede es una muy parecida a la que haría todo filósofo. La respuesta a los qués, cómos y porqués, encuentra su satisfacción en la arquitectura de la cosa. Tal vez por eso la vanagloriamos decididamente, pues la arquitectura de edificios es habitada por un usuario, como también lo hace la arquitectura de todo concepto, encontrando su facilidad y su comodidad en esa estructura habilitada.

Encuentro tan maravilloso la anotación tectónica de Gottfried Semper con respecto a la arquitectura edificada, concentrándose, más allá de la generalidad, en el concepto de nudo, unión o atadura. Para él, es en esas uniones donde habita la totalidad del objeto, la compleja concepción de su unicidad y el derrame de todo su poder expresivo. Una simple atadura (y la consecución coherente de ellas) permitirá a todo objeto arquitectónico saberse entero.

Un inicio más del que partir.

El Errante

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