Nostalgia por el Saludo Honesto

Les escribo el día de hoy desde la ingenuidad (e incluso la inocencia). Después de consumir tanto contenido en redes sociales, olvidas donde miraste tal o cual cosa. A diferencia del libro, la red social es automática, es el movimiento y no la persistencia la que mantiene al ojo en vilo. En fin. Aún recuerdo el contenido, lo suficiente para la introducción. Era un texto, aludían al amor que merecía la etapa universitaria por parte de los estadunidenses, pues era el único momento donde viven en una comunidad real. Un pensamiento controversial y, en este caso, enriquecedor.

No considero que esa verdad sea única de la sociedad estadunidense… fácilmente puedo extrapolarlo a mi pasado, y casi con absoluta certeza puedo afirmarlo para cualquier ser humano que pueda acceder a estudios universitarios. Me refiero a esta etapa escolar pues usualmente conlleva decisiones de vida que persistirán en nuestro futuro. Y, aún así, cabe recalcar que la sociedad americana es una sumamente pragmática y capitalista… hay tantas más cuya cultura supera esas condiciones, aunque cada vez más queda menoscabada por el efecto de la globalización. Al final, quisiera dirigirme a una verdad inevitable. Sin importar en que momento de nuestra vida podemos ser parte de una comunidad real, sin lugar a duda, la sociedad, ese “mundo real” o la vida adulta son un campo de guerra, opuesto y sumamente individualista.

El consumo manda la relación social… el apoyo, el soporte, la convivencia o la confianza son vilmente aplastadas por la supervivencia económica. No se trata de algo nuevo, ya varias veces he mencionado a Zygmunt Bauman, quien anuncia con vehemencia esa verdad. Simple y sencillamente hoy se trata de una sentencia desesperanzadora. No quisiera terminar en la dejadez del desaliento, sino con la necesaria invitación. Lo más sensato, me parece, es fermentar el compromiso por esa comunidad que seguimos abandonando… encontrar un «algo» que la nutra, y voluntariamente rebasar las leyes de mercado… en este crepúsculo, un honesto saludo parece un comienzo perfecto.

El Errante

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