Sueños dentro de un Muro

La arquitectura tiene venas entre sus muros. Un enunciado que representa un símil burdo para esas tuberías, conductos, grietas premeditadas o sistemas que usan capas de un sinfín de materias para esconderse, protegerse y mantenerse. El tema es uno inacabable. Podría introducirles un hecho evidente: son la conexión más cercana entre nosotros y los recursos naturales; lo que ya significa tanto. O tal vez recordarles la vida que la dan a una casa o cualquier edificio, demostrándole funcionalidad y habitabilidad. Bien podría divagar, imaginar un edificio desnudo; sin muros, pisos, o estructura alguna y solo observar cuidadosamente las formas que estos complejos entramados dicen de cada hogar, de cada uno de nosotros.

Si me sincero con ustedes, las instalaciones me resultan una pasión teórica tanto como un reto práctico. El día que tenga la oportunidad de diseñarlas en un proyecto que veré construido lo haré con una cautela posiblemente indigna para ojos ajenas, rozando en lo obsesivo. Y lo digo desde la sinceridad. El debate no para en mi cabeza… me pregunto porque las solemos ocultar, o porque distintamente no lo hacemos (una actitud vuelta moda) … y si me dejo llevar, alucino con las posibilidades de estos elementos pues, por alguna razón aún secreta, conservo la creencia de que algo importante insisten en decir. Entonces, automáticamente me refiero al arquitecto alemán Gottfried Semper, específicamente cuando habla del «atado» de un edificio… mucho se refiere a lo material, es decir, a la cualidad espiritual y de carácter, pero casi intuyo que una parte de su respuesta yace sepultada en cada muro, piso y techo que habitamos.

El Errante

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