Tribulaciones a los Jardines

Acercamiento pícaro a una orquídea (Foto de Fernanda Contreras)

Podría pasar horas viendo fotografías de los jardines de Barragán, y eso que los pocos míos que veo con cierta recurrencia no le piden nada en cuanto a carácter se trata. Al menos asumo que esa es una de las palabras que usaría para describir un jardín mágico, quizá de la categoría de Ferdinand Bac en sus jardines encantados, pero les digo, puede ser solo adivinanza. Aún más les afirmo con orgullo que ya he aprendido algunas palabras de esas que apenas se empapan en el mundo de los viveros, plantas y vegetación. Eso digo porque arrayán u orquídea ya forman parte de mi vocabulario y recuerdos. Por igual.

Hace ya tiempo (si es que un par de años entra en ese margen) un profesor contó la historia de un chico que había vivido hasta entonces solamente entre haciendas y campo… entonces nos preguntó, cuando le pida diseñar una casa ¿cómo la hará? ¿una moderna de ciudad o una reinterpretación (vaya figura) de lo que conoce? La respuesta pareciera obvia, y posiblemente cierta para tus primeros años de instrucción, pero como todo, la escuela hace lo suyo por homogeneizar. Quejas aparte, si extraigo una verdad entrañable de su historia, como para aquel chico lo serán las haciendas y el campo, para mi serán los jardines de los que me he rodeado. No son pocos los mitos y leyendas acerca de un Barragán naciendo entre establos y campo; prueba fehaciente de esta verdad.

Hay orígenes que no escogemos, pero que las coincidencias de la vida nos hacen escoger. Esos símbolos, y más allá, figuraciones y abstracciones de lo creemos que somos.

¿Qué son ustedes?

El Errante

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