Cubiertas Verticales

Les comparto un proyecto emocionante; una emoción impresa en sus muros, pactado en su misión y motivado en su exultante futuro. Con detenimiento espero poder diseccionárselas, pues hoy me limito a un personaje arquitectónico. Si les hablara en inglés usaría su nombre oficial «ceiling», que traduciré imprecisamente con «cubierta».

Por definición la cubierta suele ser un elemento que en el día a día damos por sentado, mucho más que otros. El cuerpo camina en el suelo, nos recargamos en los muros, vemos a través de las ventanas o atravesamos los umbrales de las puertas; pero la cubierta es regularmente ajena. Coincidentemente, su rol así lo dicta; desde recién construida su relación con el exterior destaca sobre cualquier otra: el clima, un nivel superior habitable o una terraza. A pesar de cuan dominante es esa característica, la casa de ICON, el proyecto del que les hablo, la reescribió sutilmente hacia el interior. En inglés, la palabra «ceiling» describe específicamente la capa interior de una cubierta, la parte que vemos modificada. Cuando en normalidad la cubierta visualmente comienza en la intersección horizontal con el muro, ellos la extienden añadiéndole materialmente una continuidad, por mínima, hacia lo vertical. Las fotografías no me dejarán mentir, la experiencia cambia.

No es el primer lugar que observo que dedica una continuidad material a la cubierta o «ceiling»; es un recurso comprobable, verán que los medios para lograrlo dependerán de la creatividad del diseñador. Puedo asegurarles que mágicamente ese zoclo superior añadido forma un espacio, la delimitación de un lugar distinto, que no caminaremos ni reposaremos en él, sólo nos acompañara silenciosamente. Por si fuera poco, vuelve manipulable y cercano el resto de la habitación. Ahora deja de medir los dos metros cincuenta de altura, y se reduce a unos amigables dos metros, provocando un placentero lugar en miniatura. Y les hablo de la insulsa acción de extender una cubierta ¿ven ahora la importancia de pensarlo?

El Errante

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Ciudades Suspendidas

De chico recibí un regalo guardado en una caja de cartón. Era un carrete de hilo rojo, grosísimo y pesado. Parecería ahora un regalo insulso ¡cuán equivocado! Agradezco que aquel niño no lo viera así. Bien sumergido en la emoción, lo tomé y salí a galope al parque de la vuelta. Allí, rápidamente y con un par de manos más comenzamos el espectáculo. Anudé el inicio a la rama de un robusto árbol, lo dejé caer y un amigo prosiguió el atado hasta el tronco más lejano. Dio dos vueltas, me lo pasó y continuamos. Las manos se multiplicaron sin mucho esfuerzo, era tanto hilo que de no ser así el octogésimo nudo hubiera sido inalcanzable.

En un abrir y cerrar de ojos, levemente cansados, unos treinta niños y niñas de toda la cuadra me acompañaban en mi asombro. Les confieso haber dejado la mitad del carrete, pero aquello adquirió tal densidad y magnitud que de haber continuado tal vez seguiríamos ahí. Saltamos de alegría y no paramos de explorarla. Podría tardarme horas relatándoles miles de figuras, movimientos, choques o sollozos que ejecutamos ese día, pero dejaré aquello a su inventiva. Verán, la magia envuelve a ese recuerdo. Unos hilos tensados crearon casas flotantes, muros invertidos y puentes inútiles. Un paraíso en el aire nacido de un carrete de hilo rojo. Aquello es una demostración excepcional de que el asombro, el misterio y la magia son la cuna de aventuras, retos y, sobre todo, historias compartidas. Aquella ciudad sigue viva, una leyenda que recorremos todos los días con cada niño y niña que estuvo ahí.

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Bosques Verticales y Enredaderas Kilométricas

Hace no mucho las imágenes del Bosque Vertical de Stefano Boeri en Milán circularon a raudales en todo medio de comunicación y red social. Una simbólica antorcha que rebasó la expectativa del jardín en una torre de tanta altura. Ustedes sabrán que no se trata de alguna novedad mayúscula… los jardines verticales, las terrazas ajardinadas o los tejados verdes son conceptos que llevamos tiempo escuchando. La suerte de Boeri fue llevar al límite esa idea, materializarla y proponer algo inesperado… no por el fenómeno viral, sino por las puertas que abre.

Recientemente, la web Dezeen compartió un filme arquitectónico hecho por el archiconocido Liam Young. Un relato ficcional sobre una ciudad de diez billones de personas, una visión arquitectónica de una sociedad viviendo en torres rocosas donde la naturaleza se enreda entre el concreto y la piedra, alzándose como un árbol para llegar a cada ventana, a cada persona. Uno de los mayores inconvenientes de los rascacielos es que mientras vivas a más altura, la relación con el suelo se vuelve más abstracta. Las críticas abundan al respecto ¿por qué vivir en las alturas parece más codiciado cuando la fertilidad está en esa línea de tierra tan lejana? Entenderán ahora la dirección. Boeri a la vez que Young introducen ese suelo atado a la verticalidad… mucho más significativo el logro de Boeri, por ser un caso construido; eso ya sin obviar el nombre del proyecto (Bosco Verticale, en italiano). No podría afirmar si fue intencionalmente… pero negar ese avance sería inadmisible.

Denle vueltas, redondeen la idea. Naturalmente el cuerpo pide tocar la tierra, sus olores, frescura y contrastes. El jardín es por excelencia el lugar místico y tener ahora teoría y tecnología para desatarlo del relieve y mudarlo a los aires, como ven, abre puertas inesperadas. Son oportunidades si formales, pero más importante de carácter, del espíritu entre edificio y ser humano. Esto es una aproximación siquiera; caben más y más discusiones que amplíen la perspectiva… aunque las peripecias que se pueden hacer quedan inauguradas.

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Edificios Atados a la Tierra

Hay textos que no hablan la primera vez, susurran en realidad… son una combinación de voces ligeramente mudas e ininteligibles, pero repetibles con suma precisión. Una paradoja que ha de ser muy usual… cosas esenciales que a primeras luces son plena oscuridad. Ya he referenciado el libro de Teoría de Kenneth Frampton meses atrás… y específicamente la explicación que da de las aproximaciones sobre «tectónica» de Gottfried Semper. Supongo que reiterar constantemente en él es una evidencia de la facilidad con que una simple idea puede apropiarse y mostrar su presencia. Buena parte de su postura es una palabra, el «atado» … la noción de que dos cosas antes separadas se unen y es la junta la esencia de la nueva pieza. En un resumen burdo, la arquitectura (y las artes) son según la serie de reglas bajo las que se ordenan los elementos separados que la componen. Nunca será lo mismo el muro de mampostería con el de cristal, mucho menos la combinación que cualquiera de los dos podría formar con una cimentación de concreto. El orden de la arquitectura puede encontrarse en sus «atados».

Con esa larga inauguración, puedo tratar de convencerles del rol central de una unión específica: la cimentación. Antes que nada ¿qué es el cimiento? La imagen más clara es quizá la de la piedra… un elemento sólido, pesado y resistente (a la compresión). Normalmente no los vemos, están ocultos entre tierra y más piedras. Para nuestros hogares pudiéramos tener la suerte de que sean de concreto o alguna piedra… aunque tal vez los notemos más en la enorme propaganda que representa la construcción de algún edificio o torre, donde hoyos excepcionales se excavan para sostener al proyecto. Entre tanto ajetreo sigue la cuestión de su importancia ¿Por qué resulta tan relevante?

En la vida todo adquiere complejidad… y esa es una verdad inescrutable. Esa subestructura, normalmente oculta delata la naturaleza o el carácter más honesto de nuestros edificios… y eso sólo en un análisis superficial… pues el hecho de que los cimientos interpelan con la gravedad y la tierra hace que no dependan de ornamentos o cuidado extra, pues su rol es enfrentarse a la dura y cruda naturaleza. Esas enormes «piedras» velan por lo que tiene el privilegio de alejarse de la oscuridad mientras le permiten convivir con la inclemencia de su peso sobre la tierra. La cimentación es el «primer atado», el que ocurre silencioso y honesto con la gravedad… la expresión limpia de la arquitectura.

Texto incompleto para lo que merece una unión tan entrañable como esta… encrucijada que sólo da lugar a seguirle explorando.

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Arquitectura de las cosas

Me pregunto cuántas cosas en el campo de la semántica podríamos apellidar con «arquitectura». Su connotación como «sistema de reglas que dirigen y unifican un proceso» le hace tan dúctil para adaptarse a casi cualquier concepto. La pregunta que le precede es una muy parecida a la que haría todo filósofo. La respuesta a los qués, cómos y porqués, encuentra su satisfacción en la arquitectura de la cosa. Tal vez por eso la vanagloriamos decididamente, pues la arquitectura de edificios es habitada por un usuario, como también lo hace la arquitectura de todo concepto, encontrando su facilidad y su comodidad en esa estructura habilitada.

Encuentro tan maravilloso la anotación tectónica de Gottfried Semper con respecto a la arquitectura edificada, concentrándose, más allá de la generalidad, en el concepto de nudo, unión o atadura. Para él, es en esas uniones donde habita la totalidad del objeto, la compleja concepción de su unicidad y el derrame de todo su poder expresivo. Una simple atadura (y la consecución coherente de ellas) permitirá a todo objeto arquitectónico saberse entero.

Un inicio más del que partir.

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