Intenciones del Errante

La serie de escritos que he hecho tienen la fervorosa orden de ser críticos, o de al menos intentarlo. Un gusto personal por las palabras y la arquitectura me hace conjuntarlos a través de este diario. Aún así, creo que aún se ausenta de algo importante. De los varios días que ya he publicado, varios de los textos (si no es que todos) explican a través de la descripción, la crítica o mis pensamientos. No me malentiendan, pues la descripción es una técnica eficientísima, pero como tal, carente en su capacidad imaginaria. Los menos escritos hablan de arquitectura a partir de formas como la imagen o la metáfora, pero, a mi perspectiva, son estos los que resultan de más interés pues la arquitectura se moldea alrededor de la narrativa, enriquecida por la poética de esas formas literarias. Supongo que mi aspiración es hablar del espacio en la medida en que este se moldea en la misma categoría que una novela, un cuento o hasta un diálogo. El objetivo es que la arquitectura no se le critique desde el adjetivo, sino desde la imaginación. La riqueza de un edificio o de un lugar es solamente comprensible desde la poesía de la imagen. Si la crítica se analiza desde el personaje imaginario, la lectura se redirige a otros parajes.

Toda narración ocurre en un contexto, en un lugar imaginario y que la sucesión de ella va dibujando continuamente. La arquitectura al ser ahora el objeto por explorar, y por criticar, se vuelve el motor de la narrativa. Imagino relatos donde el autor habla desde la mirada de un niño una visita extraña al Pabellón Alemán de Mies Van der Rohe en Barcelona mientras su hogar resulta ser la casa Batlló de Antoni Gaudí. Explorar es una manera de tomar partida, de presentarse activamente en la vida de una vivienda y demostrar sus razones, al fin y al cabo, de criticar arquitectura.

Ese es el leitmotif de este blog.

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Las baldosas de Carlo Scarpa

Hoy quisiera respetar el profundo deseo o curiosidad por preguntarme las razones de un elemento en particular del GIARDINO DELLE SCULTURE de Carlo Scarpa (en español, “Jardín de Esculturas”), específicamente su piso, su acomodo, su textura, en fin, como su composición entera aporta al proyecto. Como aclaración, asumo que la elección fue del propio Scarpa y parto de ahí para cuestionarme sobre este. Asimismo, no podemos negar que la falta de experiencia directa es inicialmente un obstáculo, que espero la imaginación pueda salvar. Sin más dilación, mostramos la imagen como la perfecta presentación.

Obtenida de Divisare [Fotografías por Orazio Saluci]

Su primera cualidad parece más evidente según el lugar en donde está: un jardín. Naturalmente, esos espacios guardan una estrecha relación y cuidado por su asentamiento, es decir, el suelo se vuelve un personaje importante en el todo al ser el representante de la tierra debajo. En el caso de Scarpa, haber seleccionado uno con carácter pedregoso a la vez que terroso le hace cumplir con esa coincidencia. Ese piso permeable aligera el ambiente, y permite que la tierra respire naturalmente. Aunque no obviemos cierto brillo, una cualidad de piedras puras y no porosas, que si bien está presente lo están aún más los emboquillados donde la tierra se manifiesta, logrando un equilibrio entre compacidad y porosidad. El suelo absorbe y dirige el agua, la luz y el aire hacia la tierra debajo, manifestándose la naturaleza en los entresijos donde puede crecer. En el proyecto de Scarpa, es esa invasión sutil que ocurre en todos lados, pero que desde el suelo adquiere coherencia.

Por si fuera poco, son sus proporciones las que modulan el movimiento del usuario y del jardín, con la excepción de la estructura superior. Con esa ordenación, sin ser suficiente, Scarpa da textura y variedad sin mayores cambios en la selección de la baldosa. Utiliza el cuadrado entero además que por mitades y rotándola; al final, realizando una sutil elección el suelo se separa de la monotonía del cuadrado volviéndose inesperado. Una decisión que no es casual ni aislada, pues la misma la adjudica a otros elementos donde sea posible, explotando las posibilidades de la modulación. No podemos separar la riqueza de este jardín de su estructura superior, ni, por supuesto, de todos los distintos niveles con los Scarpa compone el espacio; pero, como toda puerta abierta, el suelo es una de ellas para este lugar, y en especial para los jardines. Es el elemento con mayor impacto en el territorio y, consecuentemente, relación con este. Quizá en el caso de los jardines es aún más esencial, pues de él emana una buena parte del misterio en ellos. El mismo del que ya tantos arquitectos han hablado y usado recurrentemente.

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Apuntes sobre Crítica

Lo más difícil al hacer una crítica arquitectónica es contenerla en un texto (un problema que adjudico al arte en general). La arquitectura es imprecisa, su capacidad expresiva se asume en la medida de la realidad, ni siquiera de la significación dada por quien la creó. La realidad es la que contiene a la obra. Así toda obra es una idea distendida en ella, con toda su complejidad inabarcable. Un texto o cualquier otra forma expresiva podrían resultar inconsistentes a comparación, dejando la crítica a la merced de nunca poder ser “suficiente”.

Personalmente yo me identifico como un opositor a esa actitud, pues al final el texto o el dibujo son medios determinados para mostrar una idea. Cambiaría esa idea inicial por una esperanza en cualquier medio expresivo, es decir, un dibujo o un texto bien conducido, si bien no contienen la complejidad del objeto entero, si adquieren una parte de ella. La crítica en realidad es una puerta abierta desde donde la complejidad del objeto puede abordarse sin contenerse. En esa crítica encontramos la emoción de la curiosidad y la promesa de una intriga que puede ser saciada.

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