Tribulaciones a los Jardines

Acercamiento pícaro a una orquídea (Foto de Fernanda Contreras)

Podría pasar horas viendo fotografías de los jardines de Barragán, y eso que los pocos míos que veo con cierta recurrencia no le piden nada en cuanto a carácter se trata. Al menos asumo que esa es una de las palabras que usaría para describir un jardín mágico, quizá de la categoría de Ferdinand Bac en sus jardines encantados, pero les digo, puede ser solo adivinanza. Aún más les afirmo con orgullo que ya he aprendido algunas palabras de esas que apenas se empapan en el mundo de los viveros, plantas y vegetación. Eso digo porque arrayán u orquídea ya forman parte de mi vocabulario y recuerdos. Por igual.

Hace ya tiempo (si es que un par de años entra en ese margen) un profesor contó la historia de un chico que había vivido hasta entonces solamente entre haciendas y campo… entonces nos preguntó, cuando le pida diseñar una casa ¿cómo la hará? ¿una moderna de ciudad o una reinterpretación (vaya figura) de lo que conoce? La respuesta pareciera obvia, y posiblemente cierta para tus primeros años de instrucción, pero como todo, la escuela hace lo suyo por homogeneizar. Quejas aparte, si extraigo una verdad entrañable de su historia, como para aquel chico lo serán las haciendas y el campo, para mi serán los jardines de los que me he rodeado. No son pocos los mitos y leyendas acerca de un Barragán naciendo entre establos y campo; prueba fehaciente de esta verdad.

Hay orígenes que no escogemos, pero que las coincidencias de la vida nos hacen escoger. Esos símbolos, y más allá, figuraciones y abstracciones de lo creemos que somos.

¿Qué son ustedes?

El Errante

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Los Paisajes de Gallardo

Tengo un placer casi instintivo. Al viajar, sea por carretera, aire o mar, tengo una fascinación incontrolable por los paisajes. Al paso de diferentes velocidades, desde el caminante a pie hasta el paso invisible del avión. El paisaje es disfrutable, y más aún cuando se le ve a minucioso detalle. Cuando los cambios comienzan a notarse deja su monotonía y se vuelve una lectura de cada lugar. He pasado del compacto y, en tanto, seco Bajío guanajuatense a las llanuras infinitas de Zacatecas y Durango. He visto cambiar la tierra roja michoacana y las casas de barro. El paisaje es una expresión cultural.

Independientemente de conclusiones personales, en realidad quisiera compartir a un maestro al que le admiro la capacidad para comprender el paisaje de esa manera (si no es que con mayor complejidad). Ese Maestro es el guanajuatense, Jesús Gallardo. Quizá las palabras para mejor describir su trabajo son «crónicas en pintura»; no da lugar para cosa menor. Desgraciadamente existe poco acervo digitalizado, pero lo poco es impresionante.

Quisiera, explicarme. Gallardo, me parece, se acerca al paisaje con el tacto con el que uno se acercaría a un edificio de remarcado carácter histórico. Se apresura al detalle y, con el color, reviste cada pintura como si se tratase de un retrato no necesariamente realista. Cada obra es un momento en el tiempo; su cúmulo es la crónica de un lugar; creo su más bella cualidad. La crónica no es un reporte vano en el tiempo, sino un recuerdo, uno que puede ser leído por un sinfín de personas. Los recuerdos le pertenecen a la nostalgia y la emoción. Las «crónica en pintura» del guanajuatense son, creo, más complejas debido a que no se pueden permitir ser excesivamente realistas, sino aspirar a tener un aura que envuelva esos recuerdos. Esa es la obra de Gallardo.

El Errante

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