«Voyeurismo» Arquitectónico

Hubiera querido que alguien me enseñase el bello arte del cuerpo. Parte de un currículo que se centrara en ejercitar la sutil y compleja actividad de entender y practicar el movimiento. La danza tiene su mérito ¿qué no la fuente de su inspiración ocurre en cada movimiento? ¡que grandiosa casualidad que la arquitectura usa justo lo mismo! La lectura corporal, el vivir del cuerpo, el percibir; todos son medios para que el cuerpo tenga entendimiento de su contexto. Que el cuerpo sea capaz de obtener una lectura de su medio es una obviedad, el cuerpo es un terreno de la memoria. Percibimos a través de sentidos especializados del cuerpo, que, catalizados correctamente, pueden revivir sensaciones; deduciendo que esto es la naturaleza del recuerdo. En fin, el arquitecto es un «voyeurista» de la lectura corporal, la propia y ajena, para beneficio de su práctica. Nos creamos apasionados de las formas en como se habita un escritorio, un par de lápices, una hoja blanca o un edificio entero. Queremos observar y comprender insistentemente como el ser humano se integra y colisiona con el mundo, pues las respuestas más honestas y eficaces se encuentran en esta dimensión.

Ejemplificarlo no es para nada complicado, pues por más simplona que una respuesta arquitectónica parezca, en su esencia esta una práctica auténticamente corporal que deviene en otras esferas psicológica o espirituales. Cada edificio es una maraña complejísima de relaciones insaciables. Una red neuronal donde tomamos el lugar de pulsos que interactúan entre lo inerte. Trazamos recuerdos con los pasos que damos, las miradas punzantes, o cada roce, que presiona sobre una nueva historia. El cuerpo es el que lee la arquitectura, al menos inicialmente, y el que más ignoramos.

La arquitectura es del cuerpo.

El Errante

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