«Voyeurismo» Arquitectónico

Hubiera querido que alguien me enseñase el bello arte del cuerpo. Parte de un currículo que se centrara en ejercitar la sutil y compleja actividad de entender y practicar el movimiento. La danza tiene su mérito ¿qué no la fuente de su inspiración ocurre en cada movimiento? ¡que grandiosa casualidad que la arquitectura usa justo lo mismo! La lectura corporal, el vivir del cuerpo, el percibir; todos son medios para que el cuerpo tenga entendimiento de su contexto. Que el cuerpo sea capaz de obtener una lectura de su medio es una obviedad, el cuerpo es un terreno de la memoria. Percibimos a través de sentidos especializados del cuerpo, que, catalizados correctamente, pueden revivir sensaciones; deduciendo que esto es la naturaleza del recuerdo. En fin, el arquitecto es un «voyeurista» de la lectura corporal, la propia y ajena, para beneficio de su práctica. Nos creamos apasionados de las formas en como se habita un escritorio, un par de lápices, una hoja blanca o un edificio entero. Queremos observar y comprender insistentemente como el ser humano se integra y colisiona con el mundo, pues las respuestas más honestas y eficaces se encuentran en esta dimensión.

Ejemplificarlo no es para nada complicado, pues por más simplona que una respuesta arquitectónica parezca, en su esencia esta una práctica auténticamente corporal que deviene en otras esferas psicológica o espirituales. Cada edificio es una maraña complejísima de relaciones insaciables. Una red neuronal donde tomamos el lugar de pulsos que interactúan entre lo inerte. Trazamos recuerdos con los pasos que damos, las miradas punzantes, o cada roce, que presiona sobre una nueva historia. El cuerpo es el que lee la arquitectura, al menos inicialmente, y el que más ignoramos.

La arquitectura es del cuerpo.

El Errante

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Concentración o Búsqueda

“(…) no agrupaba la arquitectura con la pintura y la escultura como arte plástico, sino con la danza y la música como arte cósmico, como un arte ontológico creador de mundos, más que como una forma representativa.”

Kenneth Frampton sobre Gottfried Semper, en su libro Teoría.

Hace poco pensaba en esa frase de Kenneth Frampton sobre Gottfried Semper, y concluía en el privilegio de que la arquitectura pudiese concentrarse en un edificio cuyo éxtasis es un halo y no un evento concentrado; donde el edificio se explora y no se presenta como un objeto terminado. Recuerdo otra frase de Jack London que expresa la envidia que deberíamos guardar con la música o a la danza más allá de otra cosa, pues quizá la satisfacción de culminar es más entera que la búsqueda. Jalaremos y jalaremos de un hilo que nunca terminará, o, merecidamente, entraremos en esa cúspide donde dejamos de ser por un instante y nos entremezclamos con el universo, sin más intermediarios que la emoción. No podré saber cual será merecedor del premio del sentido, pues ambos lo presentan en diferentes muestras; ambos regalan ese certero placer de ser creadores de mundos, más que ninguna otra cosa.

“Hay un éxtasis que señala la cúspide de la vida, más allá de la cual la vida no puede elevarse. Pero la paradoja de la vida es tal que ese éxtasis se presenta cuando uno está vivo, y se presenta como un olvido total de que se está vivo.”

Fragmento de la Llamada de la Selva, de Jack London.
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