Copiar Arquitectura

David Perell escribió un breve artículo sobre el verbo «copiar» y su uso como herramienta para aprender, cuestión que alza necesaria principalmente para el artista que quiere saberse experto en su disciplina. El escritor, dice, debería copiar el estilo y formas de aquellos a quienes lee y admira. El pintor iría al museo a realizar «sketches» de las obras que causan su curiosidad. Cualquier que quiera aprender sobre algo debería copiar a los que son prolíficos en ese algo, pues al imitarlo son a través de los errores que aprendemos las diferencias. Si escribo como aquel y analizo lo que nos hace distintos, tal vez aprenda más precisamente sobre lo que soy… no sé cuánto ni cómo esto en realidad se separa de la delgada línea entre copiar e imitar. El primero es una transcripción, el segundo, una traducción. La transcripción es literal, utilizar los mismos recursos y resultados en el tiempo presente. La traducción es una copia representativa, pues en su esencia está guardada el original, sin embargo, su creación exige añadirle esa propiedad representativa, esa separación que el traductor le otorga motivado por un contexto o lenguaje distintos o intenciones que le atañen al autor. Supongo que Perell tenía esa intención, pues mimetizar es adoptar algo, pero adoptar no es estrictamente olvidarse de uno mismo.

En cuanto a la arquitectura, quisiera saber cuánto de esto es cierto, y especialmente con aquellos arquitectos que admiro profundamente. No logro imaginar la grandilocuencia de Luis Barragán, exaltada en su casa estudio, y las copias de las que nació; por mencionar aquel paradigma que aún no comprendo. Más allá de que me gustaría ahondar en el tema, puedo afirmar algo conducido por la lógica. Es evidente que su larga carrera no está abarrotada de obras maestras, como lo sería para Barragán su casa, si bien, es la riqueza de su experiencia, o más precisamente, de la comparación entre las copias que hacía y lo que le decían sobre quién era, lo que condujo a la complejidad de sus últimos proyectos. No veo otra explicación posible.

La idea de Perrell, a mi parecer, no se aleja nada de la realidad, mucho menos en arquitectura. Lo que es verdad es que la capacidad tecnológica nos ha conducido a búsquedas que de otra manera no habríamos podido habilitar, pero que al final representan la misma verdad, copiamos para practicar e imitamos para aprender. La única pregunta es cuánta atención le damos a esos errores que delatan las diferencias.

El Errante

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