Divulguen, divulguen, divulguen (arquitectura)

Bienvenidos a un blog de y sobre arquitectura… con la marca del número cuarenta y dos (número a palabras ¿o sería sacrílego escribirlo a número limpio?) inauguro un capítulo más en sus pantallas virtuales.

El tema más reciente es sobre la «divulgación», una de esas tareas que sueles realizar habiendo pasado 30 (¿ahora escribo números?) años de tu vida sentado, pensando en la misma maraña a la que yo llamo arquitectura (nómbrela cada cual según sus gustos y placeres).

Totalmente adicto a saltarme la cronología de las cosas, hago ese intento a lo largo de este scroll infinito de textos sin la experiencia que aquellos maestros tardaron siglos recolectando. Quien lo sabrá… ese momento correcto para gritar a los vientos lo que piensas con la inclemencia de un adolescente molesto. En el camino, llega esa encrucijada donde las acciones tienen el sello de riesgo impreso… y, aún con él, deben suceder.

Sin más rodeos. Divulguen, divulguen y divulguen. La tarea, vocación o simple acción de «dar» en su más extensiva condición, sana discusión, crítica o mera información al prójimo.

Si acaso hemos de soñar disparatadamente sea con la esperanza de abrir tantas puertas como ha sido para nosotros. Divulguen, divulguen y divulguen, que de entre las probabilidades, soltar una acción en favor de la dirección adecuada puede significar la suma diferencia que nos trajo aquí.

El Errante

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