Página en blanco

Esta página en blanco es un sitio para pensar. La palabrería es un medio para concretar algo que solo vive en una idea abstracta. Los artículos que leen paulatinamente se acumulan en un repositorio. Una base de datos útil para mí, y quizá para algunos de ustedes.

Traigo aun en mente el futuro de este blog. Ese laboratorio que les vengo platicando poco a poco se asienta, se sedimenta conforme lo alimento de información. Módulos, CNC, madera, impresión 3D, autoconstrucción, jardines, cambio climático o sostenibilidad son claves y pistas que han resultado de ese proceso. Y sigo sin rumbo, pero hallando cositas y cositas que me dirigen a algún lugar.

Tengo el recuerdo de alguna vieja voz que dijo admirar el apasionante temor de perseguir una idea, un sueño o un simple deseo. Como errantes seguimos andando, arreando piedrillas con el impulso del momento… a veces a tientas, y otras más con la luz diminuta de una luciérnaga solitaria.

El Errante

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Presagios y Clichés

Ya me he quedado sin palabras… tengo esa lejana (y quizá ingenua) esperanza de rozar la riqueza lingüística del Quijote. Lo presagio algún lunes o martes de una semana futura, aunque puedo equivocarme. De eso va hoy, un repaso de un conflicto interno que quiero librar. Una costumbre personal vuelta obsesión y, al menos en superficie, transformada frustración: la perfección. Un artículo de unos cientos de palabras no me es tan útil para entrar en materia, y que tema tan idóneo como la perfección para hacerlo; así que seamos pragmáticos. Un «ejercicio» es mi respuesta. Tal cual, encasillado y ultra enfatizado pues la naturaleza coloquial de la palabra y su trasfondo es lo que interesa.

Cierto es, y lo descubrí en una conversación con un amigo. Es como el asombro que viene de darte cuenta de algo antiguamente obviado. Pregúntense un porqué por más de cinco preguntas consecutivas y se darán cuenta de lo que hablo. Es entonces que la vida es un «ejercicio». Fuera de los intereses y sus conflictos, de los tratados políticos que mantienen nuestra civilidad o de cualquier acto humano, todo es un ejercicio escolar, con matices momentáneos, instantáneos. Recuerdan hacer una suma en una clase en su infancia, justo al principio, cuando apenas comprendes y usas tus dedos al contar… pues así parece la vida… o al menos seria así más sencillo. Bien ahogado en el cliché, esta es mi reflexión en pos del archiconocido desarrollo personal.

No deseo terminar con esa aseveración, pero sí con la simpleza que inspira ese hecho. Al final, para un errante termina siendo una suerte de tranquilidad esperada, y a veces entre tiempos tormentosos es el gramo que hace la diferencia. Ante la perfección encarnada (y encarnizadamente incentivada) en la arquitectura, el sencillo «ejercicio» es el paso al frente; ¿la cima de la vida? ¿no? Un hecho suficiente es que «algo es» … una ilusión necesaria.   

El Errante

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Intenciones del Errante

La serie de escritos que he hecho tienen la fervorosa orden de ser críticos, o de al menos intentarlo. Un gusto personal por las palabras y la arquitectura me hace conjuntarlos a través de este diario. Aún así, creo que aún se ausenta de algo importante. De los varios días que ya he publicado, varios de los textos (si no es que todos) explican a través de la descripción, la crítica o mis pensamientos. No me malentiendan, pues la descripción es una técnica eficientísima, pero como tal, carente en su capacidad imaginaria. Los menos escritos hablan de arquitectura a partir de formas como la imagen o la metáfora, pero, a mi perspectiva, son estos los que resultan de más interés pues la arquitectura se moldea alrededor de la narrativa, enriquecida por la poética de esas formas literarias. Supongo que mi aspiración es hablar del espacio en la medida en que este se moldea en la misma categoría que una novela, un cuento o hasta un diálogo. El objetivo es que la arquitectura no se le critique desde el adjetivo, sino desde la imaginación. La riqueza de un edificio o de un lugar es solamente comprensible desde la poesía de la imagen. Si la crítica se analiza desde el personaje imaginario, la lectura se redirige a otros parajes.

Toda narración ocurre en un contexto, en un lugar imaginario y que la sucesión de ella va dibujando continuamente. La arquitectura al ser ahora el objeto por explorar, y por criticar, se vuelve el motor de la narrativa. Imagino relatos donde el autor habla desde la mirada de un niño una visita extraña al Pabellón Alemán de Mies Van der Rohe en Barcelona mientras su hogar resulta ser la casa Batlló de Antoni Gaudí. Explorar es una manera de tomar partida, de presentarse activamente en la vida de una vivienda y demostrar sus razones, al fin y al cabo, de criticar arquitectura.

Ese es el leitmotif de este blog.

El Errante

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