Aspiraciones y Esperanzas

Cuando leo cualquier historia que me provoca o emociona tiendo a traerla aquí, al Errante. Son fuentes variadas y a veces con tópicos enmarañados imposibles de mezclar. Es un reto muy usual en este blog. Si lo piensan un poco, en última instancia este es un relato de otros relatos en formatos variados. Hay discusiones que nacen de preguntas, también párrafos que romantizan la arquitectura o porque no, solo palabras atadas una detrás de la próxima intentando comunicarse. Esto es un diario, y como tal se quiere cumplir: un ejercicio cada veinticuatro horas por cinco días a la semana. Un cuaderno virtual que existe por motivos que adivinan y que, en suma, es el cultivo de una habilidad específica: escribir, precisamente.

A estos letargos se enfrenta un escritor, como un lector o un arquitecto; a esa frustración impresa en un muro invisible construido por la falta de inspiración. Asombrarme y curiosear no suele ser una tarea desconocida o complicada; la barrera esta en el paso posterior, cuando tienes que elucubrar el ensayo, reporte o guion, cuando un personaje tiene que adoptar tus ideas para servir de intermediario sentimental con el lector; es un arte indudable ser sabio en el asombro y la curiosidad, pero para mí, ahora veo más deseable hilar palabras, personajes e historias.

Como dice el dicho mexicano, «arrieros somos y en el camino andamos» y tengo fe que uno de los sabios escritores o arquitectos andan a pie en el paso empedrado pues sé que el firme deseo de verlos incrementa la posibilidad de toparlos. Queda sólo la tensión de la paciencia mía contra la mía, el obstáculo más evidente en cualquier viaje.

El Errante

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Lugares Imaginados y Torres de Agua

Water Towers: Iconic Infrastructure, Underutilized Opportunity

Por Justin R. Wolf en Common Edge

Yo escribo mientras la imaginación crea un lugar ficticio en el que el detalle poético y la idea coexisten naturalmente en favor del relato. Esos «lugares imaginados» adquieren carácter por sí mismos, es decir, no son planas representaciones sino es su existencia desde donde la escritura toma sustento y verosimilitud. La historia o el relato viven en el lugar imaginado; son los detalles buscados por el escritor quienes otorgan un motor y un seguimiento creíble y poético. Cuando se crea desde la hoja en blanco es el autor quien parte desde sí mismo, en otras palabras, una experiencia previa que paulatinamente inunde una idea y la acerque al posible lector. Las artes, por generalidad, aspiran a contagiar al lector mediante esa relación… y hay pocos inicios tan efectivos como el «lugar imaginado».

Leía un artículo (¿o ensayo?) que con plena consciencia usó ese artilugio para situarnos en un lugar, en el midwest estadunidense. A lo largo de la lectura se va tallando (como madera) la delicada figura de la torre de agua; un tipo de arquitectura que destaca por su funcionalidad y su casi irrepetible estética y simbolismo. Creo… y hablo desde la honestidad de quien escribe arquitectura; que poseemos el tenue beneficio de que discutimos sobre los lugares. El objeto de los textos es el lugar mismo; abriendo una puerta a la imaginación para habitar esos lugares relatados con facilidad. El artículo hacia lo propio con las torres de agua. Con cuidado introducía una a una sus cualidades. El irrepetible simbolismo, la sinergia estructural arquitectónica, la aspiración estética, su necesaria función y un enraizamiento social valiosísimo. Que difícil tarea es acercar la «compleja nebulosa» de la arquitectura; y, me parece, este artículo lo hace con una maestría envidiable.

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Palabras Muertas

Hay palabras que deben morir, como los hay recuerdos por perecer, imágenes que olvidar o hechos que sepultar. Desde que comencé en esta andadura, específicamente, desde que comencé a “Escribir” (con mayúscula) me he preguntado si todo lo que hago tiene la validez para sobrevivir, primeramente, para seleccionarla como suficiente y entonces compartirla o lanzarla, como diría Bauman, al mar en una botella. Tengo muchas preocupaciones al respecto. Si las dejara y con la ventajosa posición de la tecnología, podría crear un extensísimo acervo sin ninguna aplicación útil (si medimos la utilidad en la medida en que el texto sea leído). Si no lo hiciera tendría el catártico descanso del olvido con el dolor del que está de luto. Me he visto inmerso en las preguntas alrededor de esta situación, pues el mismo juicio podría aplicarse a todo producto.

Si mi intuición comandara, me decidiría por el cliché del equilibrio, aunque todavía vea la situación en superficie y sin el consejo de algún admirado. Pendiente de ello, elegiría ese camino generalmente, pero hoy me decidiría por un abandono; no en un cementerio sino en la sacralidad de esa botella lanzada al mar, porque tal vez un ser humano la halle, la lea, y, con suerte, la comprenda. No todo tendrá el placer de hacerlo, pues por ello la curaduría que realizo a mis textos sucede en este blog, pero al menos, algunos sobrevivirán la inclemencia de la autocrítica, alzándose dignos de esta lucha.

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