Grabado y Arquitectura II

La textura es un medio de expresión clave en el material. En realidad, el concepto mismo en el lenguaje común es demasiado cerrado e incluso a nivel semántico, pues implica únicamente a la expresión superficial de algún elemento. Si nos lo preguntamos ¿qué no la textura rugosa de la piedra es un producto de su composición interna? ¿O la veta de la madera es una consecuencia de la vida del árbol de la que proviene? En la mirada de estas preguntas, la textura se entiende como la lectura superficial de un material en el tiempo, adquiriendo la forma que su composición le permitió. Entonces, es sólo una capa exterior de la larga lista de capas que le han precedido y, si lo hubiésemos dejado, de la que le seguirán. Es una parte de la historia de la materia y su intervención con el ser humano.

Si invertimos la mirada, la textura es una impresión momentánea de la vida del material. Bien podríamos, como tantos artistas del grabado lo hacen, usar técnicas como el “frottage” como un medio para explorar estas texturas y familiarizarnos con la materia. Ser cuidadosos y leer sus grumos y sus huecos, rastros de nuestra intervención y de su historia. Cuando talemos un árbol, miremos su rugosa corteza que lo acoraza, o rompamos su piel exterior y olamos el suave aroma de un pino o un cedro, toquemos sus venas y su marmoleada y frágil materia interior.

Un tema dignísimo de explorar, en especial en una escuela de arquitectura donde la materia es su masa y vagamente la mencionamos con tal ahínco y sensibilidad como ya el grabado lo hace.

El Errante

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Grabado y Arquitectura I

La técnica del grabado me causa una profunda intriga porque creo que, como búsqueda arquitectónica, puede ser una muy productiva y creativa. Alguna vez leí o escuché una reseña de los planos que realizó Leon Battista Alberti sobre sus villas italianas, planos donde el trazo significaba más de lo que aparentaba. A más tono y grosor, le da más jerarquía a un objeto bidimensional. Esta referencia sólo me conduce a clarificar lo que el grabado ya facilita. Esta técnica usa conceptos como la incisión, la textura, el relieve o hueco para imprimir sobre una superficie un lenguaje mínimamente tridimensional, pues el hecho de que todos ellos exijan una profundidad, por minúscula, existe. La intriga está ahí. Los arquitectos trabajamos sobre el espacio tridimensional y la lectura corporal, pero cuando se trata de ejemplificarle en búsquedas bidimensionales el proceso requiere una imaginación espacial minuciosa e integrada (pues aún no hemos hallado medios que equiparen la facilidad y versatilidad del papel y el lápiz, aunque ojo, ya hemos escuchado del dibujo tridimensional por medio de Realidad Virtual). Aún así, hemos aprovechado y explotado el dibujo. Si bien, con el grabado, la posibilidad de expresar texturas y búsquedas matéricas adquiere otra dimensión, pues a la mirada y al tacto estos ligeros cambios de dirección enriquecen el contenido. Cuidado, que el tacto es más fiel y auténtico que la mirada, y el grabado cataliza esa posibilidad. El grabado se coloca en un filtro previo entre la arquitectura y la pintura, oscila cerca de esa reproducción bidimensional pero sus intereses se dirigen sutil, pero densamente, hacia la percepción háptica, la misma que más utilizamos cuando exploramos arquitectura.

Esta será una serie de ensayos que se concentrarán en explorar el grabado y su posibilidad en arquitectura.

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