Asuntos Existenciales

He leído pocos autores capaces de hablar de asuntos existenciales, de brindar consejos o guiar el espíritu. Así lo afirmo porque normalmente noto una magia cuando alguno es capaz de hacerlo superando la banalidad con la que se vende la motivación hoy en día. Pero no quisiera criticar lo último, sino enaltecer lo primero.

El dilema que representa cualquier pensamiento mínimamente existencial es su importancia. La existencia es una de las certezas que damos por sentada y dudarla implica un maremoto de sentimientos e inseguridades que muchos de nosotros preferimos evitar, razones aparte. Es usual que asociemos crisis emocionales a este tipo de cuestionamientos. Y para ser más preciso, en esos enunciados se asoma la fragilidad humana, el lugar donde habita la importancia de nuestro dilema.

Así, podemos regresar a la «capacidad» de discutirlos. Ahora puedo recalcarles que los pocos autores a los que aludo coinciden en un decoro y cuidadosa imprecisión inigualables. Albert Camus es notable, aunque su acercamiento es a la vez específico con una tenue y sutil esperanza. Harper Lee es poesía y romanticismo contenido en el realismo de sus personajes. O, de mis favoritos, el cubano Reinaldo Arenas que entre metáforas y alegorías teje palabras como si el caos de la vida no representase un problema. Y, al menos los tres que vienen a mi mente, escriben sobre la existencia humana con el equilibrio que sólo un viejo sabio predica. El truco no es la literalidad, la aseveración, la imposición o el consejo… sólo un reflejo borroso y acuoso en el que mirarnos. Supongo que la ceguera es su similitud.

El Errante

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