Inventiva de la Narración

La narrativa es El invento. Tanto así, que no veo algún otro que le supere en potencial y poder a lo largo de toda nuestra vida. Nuestras mentes sólo leen historias, narraciones, mitos, imágenes, metáforas o los conjuntos de palabras ordenadas que nos refieren alguna cosa. La vida se lee en las historias que hilamos y tejemos, día con día. Sucesiones más y más elongadas de errores y fracasos, a la vez que de aciertos y éxitos. La única herencia tangible es la de una historia.

La vida florece con las narraciones. Cada uno de nosotros los decimos y reformamos momento a momento. Las contamos, mientras algunos capítulos se olvidan en la secrecía, o, con un poco de suerte, serán la voz de una comunidad o de la sociedad entera. Cuantas historias se han quedado sepultadas entre tantas voces, tergiversadas mientras se heredaban o, peor aún, relegadas al olvido. Cementerios que son palabras vueltas piedra: totalmente secas y calladas por la eternidad; más que lugares para el cuerpo, lo son para cada historia que ahí se sepulta para ser silenciada; odas espacio temporales hacia la narrativa.

El poder de las historias nos supera, en creces. La del héroe significará más en las palabras que en su hecho físico; la del gobernante lo hará igual; la del líder, llena de secrecías (más aún cuando la sociedad que las escucha está ansiosa por escucharlas y encontrar una carencia que los destrone), hará lo propio. El logro fundamental de la humanidad, esa, la creación más pura y única, es la de la historia. La fórmula y el concepto son, en suma, la misma narrativa expresada con cuidadosa pulcritud.

La historia siempre será mítica, superará las épocas de las que nace. Sólo morirá en la secrecía de todos los que la escucharon, cultivaron y comerciaron; o si el peso sepulcral ahoga las voces de todos ellos. La humanidad es un hecho histórico, y nada más. No tenemos motivos que perduren ni por los que luchar más allá de la creación de una historia digna, no sólo a oídos propios, sino ajenos. La desdicha más cruel ocurre cuando algunos de nosotros no tienen la oportunidad de elegirlas y son condenados a las cadenas de historias ajenas. Historias ajenas que son tejidas en las mentes de los desdichados, y más de las veces odiadas por ellos mismos. La desigualdad planetaria ocurre en la medida en que no todos gozamos del placer y poder de escribir la historia propia. Quizá lo único digno por hacer es tener el placer de elegir, y regalarlo a alguien más.

El Errante

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