Umbrales y Rabillos del Ojo

¿Qué piensas cuando dices «puerta»? Duda existencial para todo público. Seamos sinceros (y específicos) … las puertas no son la esencia de la pregunta, lo es el «umbral». La masa poética, la voz de esa palabra es misteriosa; una naturaleza que llega hasta su definición… Digo, pregúntese uno mismo ¿Qué es el umbral?… Es de esos objetos que con cierta facilidad y astucia ubicamos; puede ser el marco de una puerta, el hueco de una ventana o, el más distintivo, el largo túnel. A pesar de estos ejemplos prácticos, sigue existiendo el problema de sus límites (situación que encarna su misterio) ¿Dónde comienza? ¿Está determinado por la mirada? Las cosas son misteriosas en la medida en que hasta las más astutas búsquedas lo único que provocan es extender la incertidumbre.

Llegados hasta este punto, podremos afirmar el enigma que representa un «umbral» … pero bien queda resolver una circunstancia más seductora de este objeto. En inglés, la misma palabra se traduce como «threshold» y no es casualidad que de entre sus definiciones (como en español) coincida con el límite, más aún con la tensión o intensidad asociadas al llegar a este. El umbral representa la idea de tensión, es una de las herramientas ideales para trabajar esa propiedad pues en una visión simplificada son el paso entre un límite. Piénsese en términos de la realidad, esa puerta, el hueco o el túnel son pasos (de otra manera infranqueables o, en el mejor de los casos, intrincados) a través de límites. Aún más, en su alma está escrita no sólo la tensión previa, sino la unión como símbolo y práctica. La cercanía es su promesa.

A sabiendas de su posible verdad, la última reflexión quisiera dirigirla según el libro de Juhani Pallasmaa «Los Ojos de la Piel», donde el finlandés hace una reverencia a la visión periférica, una olvidada y oprimida por la mirada enfocada que, en vista de la condición del umbral, puede ayudarnos a profundizar. El umbral es por la visión periférica, la misma que comenta Pallasmaa; la tensión está en juego gracias a ella, es la que cataliza y libera esa energía. El umbral es mayormente por lo que cosquillea a esa mirada envolvente. La visión periférica es la que nos coloca en el mundo, decía Pallasmaa; y la reflexión más cautivante es que esa tensión se controla sólo por el rabillo de un ojo.

El Errante

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Pensamientos sobre Pallasmaa

¿Qué será la sabiduría? Un término desconcertante, sin duda, pues por más que comprendamos su definición, para hacerlo con su naturaleza tal vez ni las más extensas discusiones podrán alcanzarla en superficie. Su esencia está oculta y resguardada, más cercana a un mito que a un concepto, no en vano nos cuesta comprenderla. A causa de ello, la sabiduría es difusa y sumamente subjetiva, y, sin embargo, parece que hay un consenso natural para definirla; es de esas palabras que sabemos identificar pero que al momento de delimitar la tarea se vuelve imposible. Así, podemos vislumbrar un primer asomo, que está en muchos lugares y sus manifestaciones son tan diversas como ella misma sugiere. Con esa incertidumbre, veo pertinente atreverme a nombrar algunas partes de su carácter. La paciencia y la prudencia, fieles acompañantes del aventurero experimentado; la dejadez hacia la incertidumbre, aceptándola con la fe del religioso; y como olvidar la humildad, implícita en las dos cualidades anteriores. La posición del sabio es la de la serenidad, no la del estático. El sabio lo es por saberse presente, por saber “que sé es”. Una figura admirable, sin duda, vagamente descrita en un párrafo.

Y como la subjetividad reina, hoy conocí gracias a las bondades de la virtualidad a un reconocido sabio de la arquitectura (y ahora atino una figura cercana, la del intelectual), el finlandés Juhani Pallasmaa. ¡Sería un horror no adjudicarle esa sabiduría! Una que ha de negarse, por contrato, evidentemente. Con el honor de haberle escuchado, no compartirle me sería sí un tremendo horror. En fin, su presencia no me dejó que pensar más que en esa naturaleza, posiblemente relacionada con la de un intelectual. Aunque, me parece, que su sabiduría es una sumamente moderna, pues hoy, ante la presión apabullante de nuestros errores, alzarse y proclamar la verdad es una necesidad que le corresponde. Y añado, la adjudicación de esa sabiduría también es consecuencia de lo que proclama, pues, como el sabio, habla verdades como mitos ¡y vaya rebeldía es decir eso en la era de la fórmula!

En fin, un pensamiento más.

El Errante

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En la Inclemencia de la Rutina

Soy ese marinero atrevido e inexperto en el inclemente río del tiempo, llevado por la vela que no conozco y que insisten que debería conocer. Caímos presos en la inclemencia de un vaivén bastante extraño, por la nula referencia a cualquier fenómeno parecido. Aparentemente encerrados y aparentemente libres. Mi casa es un ser distendido, lleno de contenido virtual. Paso a un estudio habilitado para cualquier contacto a miles de kilómetros, atento a cualquier llamada. Cámaras vigilantes que me muestran la lejanía de lo que esta a un par de metros de distancia: el otro lado al que tanto tememos (agravándose por la “iniquidad” de un virus invisible). O lo peor de todo, ese ojo cuadrado y cegador que adquirimos por el precio de la soledad, ese aditamento tecnológico que no esta lejos de ser establecido como el primer paso del organismo cibernético. Bajo esas fuerzas aún actúa la arrinconada presencia de una realidad física, particularmente una arquitectónica, sumisa ante la hegemonía del ojo (léase “Los Ojos de la Piel, de J. Pallasmaa) y sus extensiones dispersas por cada rincón.

La arquitectura siempre nos ha mantenido enteros y atados a la riqueza sensorial del mundo, mostrándose insuficiente y demasiado exigente ante la facilidad de la virtualidad. La arquitectura exige un esfuerzo que hemos dejado muy atrás en el devenir de estos meses. La inminencia de la crisis que vislumbramos se asienta en la esperanza de la liberación tecnológica y el recuerdo de un mundo que antojábamos entero y bello. Por lo menos, el destino considerará ese antagonismo con suficiente empeño como para regresar un día a la arquitectura corpórea o inventar los medios para crear esa satisfacción en un mundo virtual. Que dilema tenemos a nuestro amparo.

El Errante

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