La lista del número cien

No existen las fechas especiales. Dicho esto, este el artículo número cien, uno especial; número par, múltiplo de la decena, y referencia cuantitativa común para identificar lo que quiere (y en cierta manera ya es) grande. Si me hubiera esperado a una fecha especial (aniversarios o alguna que yo autonombre), eso grande se convertiría en grandilocuente, pero no, no; quizá sentimentalmente sea cierto, pero creo que una buena composición literaria debería superar esa supuesta premonición. Ustedes me dirán ya entonces.

Hace pocas semanas leí un minitexto de Laura Sofía Rivero. Era una lista que me hizo recordar a las que escribía de chico, cuando las viñetas no existían y la dividían en renglones, columnas o cualquiera otra cosa. De esas que para cualquiera son todo menos lista. Un sacrilegio para ese “propósito eficiente” que le conferimos desde su nacimiento. Su marca genética, en otras palabras. Indeleble, invisible y por todas luces fundamental.

Listas visuales (Autoría propia)

Este número cien se representa solo a sí mismo. Ni es cúmulo, ni promedio. No es final, ni un atisbo de inicio. Solo un par de símbolos que acompañan a una serie de palabras que tienen la fortuna de unirse en un momento específico.

Así que saben que de que trata la conmemoración de hoy. Y la de unos días más. La lista. La lista. La lista. Ya van años que no leo a uno de mis enlistadores preferidos. Un tal SafariJirafas con su nombre ambigramático. En la de Laura Sofia y del último encuentro algo repetitivo: el ritmo. Por eso esta conmemoración no será casual. La lista como ellos la practican, así tan tergiversada se parece a como pensamos. Entre puntos, entre renglones, con algunas comas, y paulatinamente saltos de párrafo. Por eso esta conmemoración será tan larga.

El Errante

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Fotografías Literarias

Postales sobre los Viajes, Laura Sofía Rivero

Quería tomarme la libertad, ya que la arquitectura ha estado en una breve pausa, de anunciarles un nuevo descubrimiento literario: la postal. Un equivalente pertinente sería descubrir una tipología arquitectónica, así porque sí (como si fuera posible). Siéndoles sincero, más que un descubrimiento es sencillamente una casualidad, y creo con el corazón en que al azar se le llama, con insistencia y a pesar de su silencio. Cuando digo que descubrí la postal, digo que la conocí. Antes de este momento existía como un símbolo, fotografías que coleccionas de tus viajes y regalas, más que de las líneas que puedas rellenar con tus palabras. Recuerdo unas últimas con dedicatoria, que, aunque no lo haga usualmente, pasa.

Las conocí, irónicamente sin esa simbología que les atribuimos, ese pedazo de papel rígido, rectangular o cuadrado, con sus líneas vacías y en la cara opuesta, la imagen. La casualidad vino de una aventura, como es ahora medio leer, ver u hojear el interminable «muro» de noticias y sucesos de nuestras redes sociales. La fortuna me hizo coincidir con una autora mexicana a la que ya había comentado, Laura Sofía Rivero Cisneros y una compilación suya de cinco postales. Una fortuna alentada; suscribirme a su útil lista automática de correo culminó en estar aquí sentado escribiéndoles, así que en algo bueno resultó. Es fácil reconocer cuando las frases, la misma historia fluye con naturalidad, no hace falta que lo diga dos veces una vez lo lean. Les pudiera reseñar o comentar sus temas o la viveza de la poética, pero saben que prefiero recalcar en lo sencillo que es disfrutar de una buena lectura.

Fotografía de autoría propia.

El espacio de tiempo entre este y el último artículo del blog es equivalente a la dificultad con la que ahora les platico de este recuerdo. Un recuerdo que lleva ya un par de semanas cocinándose, pero recién hoy pude reescribir y pulir más a mi gusto. El párrafo que sustituí ya pecaba un poco, no sabría decirles de qué, pero lo hacía. En este momento sólo acudo a la vaga imagen de haberlas leído, a mi insistencia porque lo hagan también y la necesidad por venerar esta forma literaria. La postal es curiosa… aunque ese adjetivo represente más mi confusión para explicar las razones para serlo. Ella misma es una mescolanza de imagen, palabras, viajes y deseos por firmar un momento en un papel. Una forma expresiva del propio viaje, corta, instantánea, rápida y muy simbólica. Una fotografía literaria. La que les comparto está aún incompleta, ya sellada de por vida, quizá. Aunque quien sabe ¿no? ¿es más una postal de su imagen que de su propia capacidad para capturar un momento? 

El Errante

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Confesiones e Inspiración

Este blog es una tarea difícil… me pide estar constantemente pensando un tema sobre el que escribir, aunque el trabajo realmente demoledor es, que para poder hacerlo requieres descifrar los enigmas que el tema «tal» te trajo… es y será así. Cada día nuevo pide nuevas formas de realizar ese enfrentamiento en palabras… y la arquitectura no ha de ser cosa diferente.

En el feed eterno de las redes sociales caen a tus ojos todo tipo de contenido, una curada muestra de información según tus intereses. No se adelanten, que el texto va en otro sentido… pues azarosamente (y afortunadamente) encontré el nombre de una autora que me causó sumo interés: la escritora mexicana Laura Sofía Rivero. Su nombre apareció debido a un galardón que recibió (Premio Nacional de Ensayo Joven “José Luis Martínez”) por una serie de ensayos titulados “Dios tiene tripas”. Más allá de comentar eso, me resultó llamativo el motivo que dio paso a su libro. Dice… mientras leía “La insoportable levedad del ser” de Milan Kundera que una frase sola inspiro sus escritos posteriores: “Una de dos: el hombre fue creado a semejanza de Dios y entonces tiene tripas, o Dios no tiene tripas y entonces el hombre no se le parece”. Podríamos pasar horas hablando de la veracidad o la exageración que una nota periodística puede atribuirle a esa respuesta, pero ninguna de esas líneas me resultaría relevante.

En última instancia es la misma inspiración que esas palabras causaron a la autora mexicana el símil más preciso que pueda encontrar no sólo al escribir, sino al crear. Lo que más puedo agradecer (entre tiempos tan convulsos) es que tenga la fortuna de poder hacerlo en este lugar… el mayor placer y agradecimiento de poder crear es que la llamada inspiración es volátil y exigente, pero sumamente gratificante.

Las intenciones de estas palabras no son vanagloriar mi práctica, aún en pañales… la motivación más grande es que como Sofía Rivero, por algún azar alguna de estas palabras pueda ser inspiración y oportunidad para algún despistado lector… el arte es humano, sin el intercesor que vea, respira y prueba lo que creamos, todo muere.

Esto, entonces, es y será suyo.

El Errante

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