Grabado y Arquitectura I

La técnica del grabado me causa una profunda intriga porque creo que, como búsqueda arquitectónica, puede ser una muy productiva y creativa. Alguna vez leí o escuché una reseña de los planos que realizó Leon Battista Alberti sobre sus villas italianas, planos donde el trazo significaba más de lo que aparentaba. A más tono y grosor, le da más jerarquía a un objeto bidimensional. Esta referencia sólo me conduce a clarificar lo que el grabado ya facilita. Esta técnica usa conceptos como la incisión, la textura, el relieve o hueco para imprimir sobre una superficie un lenguaje mínimamente tridimensional, pues el hecho de que todos ellos exijan una profundidad, por minúscula, existe. La intriga está ahí. Los arquitectos trabajamos sobre el espacio tridimensional y la lectura corporal, pero cuando se trata de ejemplificarle en búsquedas bidimensionales el proceso requiere una imaginación espacial minuciosa e integrada (pues aún no hemos hallado medios que equiparen la facilidad y versatilidad del papel y el lápiz, aunque ojo, ya hemos escuchado del dibujo tridimensional por medio de Realidad Virtual). Aún así, hemos aprovechado y explotado el dibujo. Si bien, con el grabado, la posibilidad de expresar texturas y búsquedas matéricas adquiere otra dimensión, pues a la mirada y al tacto estos ligeros cambios de dirección enriquecen el contenido. Cuidado, que el tacto es más fiel y auténtico que la mirada, y el grabado cataliza esa posibilidad. El grabado se coloca en un filtro previo entre la arquitectura y la pintura, oscila cerca de esa reproducción bidimensional pero sus intereses se dirigen sutil, pero densamente, hacia la percepción háptica, la misma que más utilizamos cuando exploramos arquitectura.

Esta será una serie de ensayos que se concentrarán en explorar el grabado y su posibilidad en arquitectura.

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