Tribulaciones a los Jardines

Acercamiento pícaro a una orquídea (Foto de Fernanda Contreras)

Podría pasar horas viendo fotografías de los jardines de Barragán, y eso que los pocos míos que veo con cierta recurrencia no le piden nada en cuanto a carácter se trata. Al menos asumo que esa es una de las palabras que usaría para describir un jardín mágico, quizá de la categoría de Ferdinand Bac en sus jardines encantados, pero les digo, puede ser solo adivinanza. Aún más les afirmo con orgullo que ya he aprendido algunas palabras de esas que apenas se empapan en el mundo de los viveros, plantas y vegetación. Eso digo porque arrayán u orquídea ya forman parte de mi vocabulario y recuerdos. Por igual.

Hace ya tiempo (si es que un par de años entra en ese margen) un profesor contó la historia de un chico que había vivido hasta entonces solamente entre haciendas y campo… entonces nos preguntó, cuando le pida diseñar una casa ¿cómo la hará? ¿una moderna de ciudad o una reinterpretación (vaya figura) de lo que conoce? La respuesta pareciera obvia, y posiblemente cierta para tus primeros años de instrucción, pero como todo, la escuela hace lo suyo por homogeneizar. Quejas aparte, si extraigo una verdad entrañable de su historia, como para aquel chico lo serán las haciendas y el campo, para mi serán los jardines de los que me he rodeado. No son pocos los mitos y leyendas acerca de un Barragán naciendo entre establos y campo; prueba fehaciente de esta verdad.

Hay orígenes que no escogemos, pero que las coincidencias de la vida nos hacen escoger. Esos símbolos, y más allá, figuraciones y abstracciones de lo creemos que somos.

¿Qué son ustedes?

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Instalaciones Barraganianas

Hay un hecho que me sorprendió cuando visité la casa-estudio de Luis Barragán, esa única vez… qué les digo, recuerdo y rememoro ese descubrimiento… ¿o díganme otro comprobado método para no olvidar? Y créanme que no dejaré este momento, significativo como lo es para un fanático o aficionado. Aquella vez, la guía nos paseó por los lugares permitidos, remitiéndose a casi toda la casa a excepción, lastimosamente, de la cocina y espacios de servicio. Cuántas cosas más no hubiera aprendido de haberlas visto… algún día será. Al iniciar omiten comentar el detalle del que les hablo, quizá intencionalmente; una prueba genuina para determinar a curiosos y atentos. Frivolidades a lado… ese hecho es el siguiente: la casa sólo tiene dos luminarias, que para ser específicos les añadiré el «empotrado» que especifica su situación.

En casi cualquier lugar, sea casa, comercio u oficina; publico o privado, se encontrará la red que lleva a cada rincón funciones sumamente específicas: llevar electricidad a cada contacto y bombilla, alimentar y desechar agua, y, cuando lo amerita, suministrar aire filtrado, o encender fuego en una estufa. Y si sólo nos concentramos en los sistemas eléctricos, repararemos en sistemas complejos e indescifrables que evidencian su pertinencia y necesidad. A pesar de todo, hay un asomo de simplicidad en la propuesta de Barragán. Claro, tiene dos luminarias empotradas precisamente, como cada hogar con su respectiva lámpara de techo en cada habitación, aunque bien tendrá muchas más en otros formatos, sí hay un intento de precisar algo que damos por sentado. Hablamos de épocas distintas y personalidades un tanto románticas, pero el arrojo provoca discusión.

Insistiré en su argumento: cual movimiento minimalista, las instalaciones, valga la redundancia, «mínimas» representan un ahorro para el constructor, uno más para la elongada vida del edificio y posiblemente una breve resistencia al derroche. Queda por sentado la atención que Barragán otorga a un aspecto que suele ser conformista. Las instalaciones son una relación primordial de la arquitectura, en especial en los hogares; les recuerdo que son una conexión primordial con el recurso natural. Cuando siglos atrás, nuestros tatarabuelos andaban kilómetros al río más cercano, el hiper desarrollo tecnológico nos condujo a tener esos caudales a la espera de liberarse en el grifo de nuestro baño ¿no creen que pensar en estos personajes secundarios es una emergencia mundial?

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Cantos de Cisne en Arquitectura

De entre las perlas y privilegios de un arquitecto, no podría concebir uno más preciado que el de hacer su propia casa. La emoción, satisfacción o llana éxtasis de olvidar prejuicios y saber dejarse llevar por la intuición personal. Es el equivalente arquitectónico de la autobiografía. Podrían no ser los trabajos más llamativos, fotografiados o alabados, pero el impresionante cariño al diseñar tu propio hogar es inenarrable. Un arquitecto nuevo en el repertorio de nombres familiares, Manuel Cervantes, recién compartió algunas fotografías de su caso. Con todo y el marketing que representa exponer la arquitectura más personal y atenta… es un placer natural admirar y hallar las cosas que dice, ya desde la fotografía. Destaca de por sí decir que el único premio Pritzker mexicano (o nobel de arquitectura, como deseen llamarle) lo obtuvo por sus hogares, en especial el propio, el mismísimo Luis Barragán.

Entre la oda que me ando aventando del tema, seguiré con palabras mayores. Música, precisamente la última colección de Franz Schubert. Escuché breves fragmentos en un programa de radio, La Corneta para ser exactos. Añadido a su presentación explicaban que se trataba de su «canto del cisne» … la última obra, las sinfonías más cercanas a la muerte del músico. El cisne, antes de fallecer, dice el mito (¿será la verdad?) que entona su más bella melodía… ¿belleza adquirida por honestidad, por experiencia o emotividad? Pues poca cosa no es… la muerte, la vejez o la madurez de la vida son cuna de las reflexiones más honestas y trascendentales de los seres humanos. Me refiero a todo esto puesto que esas autobiografías, el hogar del arquitecto son lo más cercano a la propuesta máxima… sus cantos de cisne, si prefieren. Que formidable logro será culminarlo algún día.

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Querida Intuición

Antes de escribir este texto, procedía a leer concienzudamente aquel donde Louis I. Kahn hablaba de su adoración por los inicios. Un tema del que ya he escrito, al menos brevemente. Ahora quisiera tratarlo casi como una especie de catarsis personal. Recientemente he tenido interés por los procesos de diseño de un despacho X (podré ahondar en él próximamente), si bien, entrado ya en un proyecto que me conduce a diseñar me nace la insistente pregunta ¿cómo empezar? Algo que con relativa regularidad todo arquitecto se enfrenta, sin embargo, cuando me refiero a mi persona esta parece tildarse de “imposible” o “inalcanzable” por una presión ineludible por la “mejor” propuesta.

En mi afán por ser virtuoso como arquitecto, esa sencilla pregunta no puede ser respondida pues está cegada de prejuicios propios que intentan “alentarme” a ese resultado ideal. Hablo de esto, puesto que tengo demasiado interés en superarla. Como una persona que utiliza excesivamente el argumento o la lógica en el proceso de diseño, quisiera liberarme de esas ataduras, cuestionándolas. El mejor medio que me permitirá hacerlo es la intuición.

La intuición es una búsqueda que encarna la creatividad y la curiosidad, aunque en realidad deseo buscarla por las palabras de una admirada profesora. Alguna vez conversando de peripecias para intentar resolver un proyecto, me di cuenta de que mi excesivo intento por argumentar cada paso provocaba nada menos que bloqueos creativos, ocultando esa intuición que naturalmente aflora cuando se inicia. Específicamente al comenzar adolezco de esa presión, una que creo todos (y no exclusivamente arquitectos) cargamos. Mi maestra, en forma de consejo o experiencia me dijo que tal intuición es un expresión transparente y natural de lo que se sabe, de lo que se es; una respuesta sin prejuicios o un sincero argumento ¿Qué razones tengo para contenerla?

Tengo la intención de que estas palabras sean a favor de la intuición, de la dejadez, de la curiosidad y de la experimentación, especialmente en los inicios. Esas «decisiones inexplicables» que aprovechaba Luis Barragán y, posiblemente, esa «potente explosión» que adora Louis I. Kahn. El argumento es un eficaz y asombro «principio ordenador», pero la intuición hace lo que la metáfora, da lugar a los huecos y las sombras donde la complejidad y la sorpresa pueden vivir despreocupadamente.

Adoro los inicios caóticos, al filo de miles de ideas que permitirán delicadamente trazar el paso para diseñar arquitectura.

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Perspectivas Frescas en Vidrio Soplado

Obtenida de © Fundación de Arquitectura Tapatía Luis Barragán A. C.

Nunca he parado de buscar esos detalles que suelen maravillar. Esa combinación de momentos en los que tus sentidos se sobrecargan. Visité un día, hace casi un año, la Casa Estudio de Luis Barragán, en los rincones de Tacubaya, en Ciudad de México. Resulta extraño, pues la casa está oculta entre las calles del barrio; una ocultación clarísimamente exagerada, pues ante la fascinación de todo lo que pasa dentro de ella, resulta aún más evidente.

Llegué a eso de las nueve de la mañana; puntual, como lo exigía la visita. Entré junto a un grupo de personas, lo cual resulta una fortuna, pues entre la discusión mis pensamientos tenían más oportunidad de divagar. La visita es desgraciadamente limitada, aunque en realidad abarca casi toda la casa, con la excepción de la cocina y alguno que otro lugar. No quiero hablar mucho sobre el recorrido; sería generalizar algo tan inusual como esa casa. En realidad, quiero regresar al punto de partida, los momentos de asombro.

Me preguntaba y me preguntaba como es que Barragán podía cultivar ese asombro y plasmarlo en un proyecto arquitectónico. Todo en esa casa podía hacer justo eso, pero me concentre en un objeto de su pasado, unas esferas de vidrio soplado que conseguía en su tierra natal: Jalisco. En las fotografías no suelen aparecer, pero (y quiero pensar que fue obra de Barragán) estaban en varios puntos en la casa. Recuerdo una particularmente, en una especie de sala y vestidor, una antesala para una escalera que asciende a la terraza. En ella hay varios muebles de madera, y en el más bajo de ellos, junto a varias decoraciones más hay una de esas esferas. Pasé a su lado al subir; y al bajar, me detuve a verla. Lo más maravilloso de ella, pensaba, son sus imperfecciones. No son precisas esferas, entre hendiduras y curvaturas inexactas, terminan reflejando la imagen distorsionada no sólo esféricamente, sino según ese carácter impreso en su proceso artesanal.

Aquella esfera la vi repetidamente. Ese cuarto se veía distinto en ella. La luz que tanto le aclamamos a Barragán inundaba de otra manera ese cuarto. Lo asombroso de ese detalle son todas las ideas que me produjo. Pensé en ese placer que producen las cosas que tienen valor. Pensé en la frescura que provoca una perspectiva distinta, una inspiración de un lugar único. Por más, pensé en los recuerdos que un objeto así puede traerte. Esos son los momentos asombrosos que esperas coleccionar como arquitecto. Quizá eso es lo magnífico de la Casa Estudio Luis Barragán, más que cualquier otra cosa. Él supo conciliar su colección de recuerdos y transformarlo en un hogar.

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Las uniones de Carlo Scarpa

Cuando un arquitecto se pregunta por un edificio, creo que siempre tendemos a resolver sus razones. Si tuviésemos la oportunidad de visitarle, asiduamente le vivimos “intensamente”, buscándolas y desempolvándolas. Ahora, si nos hallamos limitados, la imaginación, el dibujo o la palabra son fantásticos catalizadores de respuestas y, al fin y al cabo, de nuevas formas de abordar el problema arquitectónico.

Recientemente he adquirido fascinación por la obra del arquitecto italiano Carlo Scarpa. Apoyándome en una cátedra que dio Richard Murphy, puedo reafirmar ciertas cualidades que imprimía en sus proyectos. Rescato especialmente una que mencionó Murphy, su «adoración por la junta». A pesar de que sus más aclamados proyectos sean museísticos, es este deseo por cuidar el detalle y la unión que me parece intrigante. Cuando hablé de su GIARDINO DELLE SCULTURE, creo es justo ese trato el que parece ser su leitmotif (ello sin aún haber visto a profundidad tantos otros de sus proyectos). En estos escritos pretendo arrojar más preguntas que respuestas, y la intriga por los motivos de ese jardín sigue en pie.

Obtenida de Divisare [Fotografías por Orazio Saluci]

Quisiese seguir con una imagen de ese jardín, justo en la unión entre las columnas y la cubierta. Considerando que de por sí la cubierta incita al movimiento y a la exploración entre sombras y luces; Scarpa la hace “levitar” sobre tres soportes de concreto. Usar la palabra «levitar» no es poca cosa, pues es una delgada tubería metálica la que la une con la mole de concreto, y sin entrar en más detalle, esa unión resulta en una intrigante riqueza (una cualidad que el mismo Murphy le atribuye a tantos de sus proyectos). Esa unión ya provoca una levitación inusual de la cubierta, a la que le añade vacíos justo en esas uniones, también revestidas por enredaderas que la vuelven aún más oscura y arrinconada. No conforme, la variedad material está presente, y la falta de pulcritud le asocian más al exterior, a esos elementos dejados a la inclemente naturaleza.

El misterio es sin duda uno de los mayores atributos del jardín. Diminutos o inabarcables, los jardines tratan sobre la inclemencia natural viviendo junto nuestro. Quizá es ese incesante trabajo por el detalle y la junta la que provocan que entre sombras y reflejos sea imposible no desear explorar y vivir este jardín de tan distintas maneras. Alguna vez, en una visita a la Casa Gilardi de Luis Barragán, pregunté por las razones específicas por las que se colocó uno u otro color… la respuesta fue relativamente sencilla: “El color del ambiente cambia con el día.”. En el caso de Scarpa, es esta variedad enfatizado en sus detalles la que hace que su jardín adquiera tantas formas y expresiones distintas.

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