Cuando Camus lanza verdades

“Pero el narrador está tentado a creer que al dar demasiada importancia a las bellas acciones, se rinde un homenaje indirecto y poderoso al mal. Pues se da a entender de ese modo que las bellas acciones sólo tienen tanto valor porque son escasas y que la maldad y la indiferencia son motores mucho más frecuentes en los actos de los hombres. (…) El mal que existe en el mundo proviene casi siempre de la ignorancia, y la buena voluntad sin clarividencia a veces ocasiona tantos desastres como la maldad. (…) El alma del que mata es ciega y no hay verdadera bondad y verdadero amor sin toda la clarividencia posible.”

La Peste, Albert Camus.

Cualquier comentario añadido nunca superará las palabras de Camus. Admiro cuando de entre escritos, descripciones o relatos encuentras esa frase que es la máxima poética. Es el enunciado que supera al resto y lo concentra. Lo que hay detrás es comprensible gracias a ello, y lo del frente se entenderá según. No puedo evitar caer en el error de engrandecerlo. Supongo que es una actitud natural, motivada o exagerada por el placer poético.

Ese breve párrafo explica perfectamente a la condición humana, y quizá por eso concuerdo tanto. Ni especiales ni olvidables. Privilegiados por el azar, por las casualidades y las coincidencias resultamos seres humanos pensantes. Con sólo la humildad de saber que existimos y actuar en consecuencia. La existencia como la medida de todas las cosas.

El Errante

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