Cantos de Cisne en Arquitectura

De entre las perlas y privilegios de un arquitecto, no podría concebir uno más preciado que el de hacer su propia casa. La emoción, satisfacción o llana éxtasis de olvidar prejuicios y saber dejarse llevar por la intuición personal. Es el equivalente arquitectónico de la autobiografía. Podrían no ser los trabajos más llamativos, fotografiados o alabados, pero el impresionante cariño al diseñar tu propio hogar es inenarrable. Un arquitecto nuevo en el repertorio de nombres familiares, Manuel Cervantes, recién compartió algunas fotografías de su caso. Con todo y el marketing que representa exponer la arquitectura más personal y atenta… es un placer natural admirar y hallar las cosas que dice, ya desde la fotografía. Destaca de por sí decir que el único premio Pritzker mexicano (o nobel de arquitectura, como deseen llamarle) lo obtuvo por sus hogares, en especial el propio, el mismísimo Luis Barragán.

Entre la oda que me ando aventando del tema, seguiré con palabras mayores. Música, precisamente la última colección de Franz Schubert. Escuché breves fragmentos en un programa de radio, La Corneta para ser exactos. Añadido a su presentación explicaban que se trataba de su «canto del cisne» … la última obra, las sinfonías más cercanas a la muerte del músico. El cisne, antes de fallecer, dice el mito (¿será la verdad?) que entona su más bella melodía… ¿belleza adquirida por honestidad, por experiencia o emotividad? Pues poca cosa no es… la muerte, la vejez o la madurez de la vida son cuna de las reflexiones más honestas y trascendentales de los seres humanos. Me refiero a todo esto puesto que esas autobiografías, el hogar del arquitecto son lo más cercano a la propuesta máxima… sus cantos de cisne, si prefieren. Que formidable logro será culminarlo algún día.

El Errante

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