Un Mínimo de Eggers

Aludir excesivamente a la maestría o vanagloriar alguna cosa nunca ha sido mi objetivo… es más terrenal me parece: usar las palabras para expresar una emoción, algo más personal que les permita adentrarse tanto como yo, ya si de paso va la benevolente o constructiva crítica, que venga. Hay una figura que recién ayer, casualidad o destino, recordé: lo «mínimo». En lo poco que me he adentrado al mundo literario he escuchado con cierta constancia ese adjetivo, y su uso más memorable a mi humilde opinión, en los «poemínimos» del poeta guanajuatense Efraín Huerta. Recordándolo, hoy toca un cortometraje (entrando en esa cualidad de mínimo) de Robert Eggers: «Brothers».

El cine es extraordinario… hasta en la pantalla más chica es inmersivo. Les escribo así puesto que la historia que narra Eggers es más que los diez minutos de duración… ahí radica su portento. La película que ocurre es la de uno entrecruzándose con la de Eggers, precediéndola sentimentalmente y presenciándola posteriormente. Es envidiable… tan funesta intensidad es el regalo. No hay mucho mérito en describirla, sólo en contarles esa innecesaria verdad… el mismo argumento que cualquiera apellidado «mínimo» usaría. La duración es un trámite, es lo previo y lo contiguo lo expectante.

Concéntrense en eso… que, entre casas, poemas y filmes mínimos, a ver a donde llegamos.

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Deducciones Mínimas de Pizzigoni

Arquitecturas que sublevan… Me fascina toparme con curiosidades y hallazgos en internet, una consecuencia directa de la acción de «andar buscando» a la vez que de una vida inevitablemente contenida en un entorno virtual; medianamente incitados por la pandemia. «Sublevar» es un verbo duro pero pertinente para esta presentación vespertina. Pino Pizzigoni es el nombre del protagonista. Añadiré que hay una emoción intrínseca muy personal de hablar y deducir características de las curiosidades que hallo tan pronto lo hago, como Pizzigoni… es una manera muy intuitiva y natural de introducirme a un tema.

Demasiado para una introducción, pero sigamos. Del que asumo arquitecto italiano, Pino Pizzigoni, encontré en Twitter un proyecto suyo denominado «Casa Mínima», un breve y poco documentado proyecto en Bérgamo, Italia. Narrar con la sola palabra quizá les acerque a mi asombro, pero dudo mucho que a la particular casa de Pizzigoni. Aunque haré mis reflexiones con el más voluntarioso intento de lograrlo. Con una mínima investigación, valga la redundancia, añado la caída con otro hogar de Pizzigoni, que me permitió escribirles de mis impresiones con más certeza.

No podría parar de asombrarme por sus diseños… lo visual es algo, pero la imaginación permite deducir ciertas características, precisamente, que sublevan. La escala es el filtro en crisis… no por las dimensiones, sino por el uso constante del medio nivel, de la medida mínima y de la restricción que la forma le impone. Su exploración formal se acerca la exploración corporal. No sé si será la imaginación o la incapacidad de la fotografía, pero el arquitecto parece esperar que, al andar por la casa, trabajarla, habitarla, se nos pida estar en cercano contacto con la dimensión y el material. Podrá estilizar sus casas con formas rebuscadas, una condición que parece incitar más al cuerpo, que la plena y pura forma por placer. Afirmaciones dejadas al aire, como siempre…

(Continuará)

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