Abatibles o Corredizas

Quisiera saber que me dirían un par de puertas sobre quiénes son. No pretendo humanizarlas porque sí, sino porque las relaciones que solemos tener con ellas son tan cercanas como con una persona, nos impregnamos de lo que son y ellas de nosotros. Por eso adoro la arquitectura, por la cercanía. Aquí la discusión de mi interés está entre la batiente y la corrediza. La primera, tiene dos cuerpos, que se abren opuestos, uno más sólido, metálico y pesado; mientras que el otro es ligero, casi transparente y se cierra con la atracción de un imán. Su unión es el delgado umbral metálico que las funde al muro. El debatiente es una corrediza, una suerte de ventana librada del mosquitero para dar paso a una terraza intimísima, justa para pasar y sentarme en su murete. Para llamarse puertas tienen que dar paso, sea al ser humano, a un perro o al viento (las ventanas, aceptémoslo, se abren para la luz o a la lluvia, son umbrales para otros medios). Los umbrales son lugares de misterio, con una intención de ocultar lo que esta del otro lado, y al mismo tiempo son fronteras; y eso nos hace adorarlas. En fin, el umbral contenido por la puerta primera, esa que se abate en dos sentidos tiene una poética distinta a la de su allegado. Lo que se abate pertenece aún al muro, sólo se trata de un quiebre, pero su presencia se delata por estar unido a su estructura. Lo que corre, se oculta y pasa desapercibido, pues usa el muro para camuflarse. Esa pseudopuerta corrediza, a mi experiencia desaparece del camino y así se quedará hasta que se haga lo contrario.  La que se abate, dependerá de su unión, y las fuerzas que interactúen con ella se verán condicionadas a esa delicada costilla que las hace flotar y separarse de su cuerpo estructural. Abatir es un esforzado impulso por romper y liberar, correr es camuflarse y abandonar la tensión de proteger dos espacios que más parecen uno. Lo corredizo conectará dos espacios más que lo abatible. Lo abatible sellará más que lo corredizo.

Que maravilla es conocer a los personajes de nuestro hogar.

¿Cuántos más habrá?

El Errante

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