Misterios que me evitan

Cuesta mucho esa cuesta que quiero subir. Doy un paso y topo ciegamente con la frente. Me muevo a la izquierda o derecha y algo me sigue impidiendo el paso. Estoy a tientas y ciego; inexplicablemente sin poder avanzar. En días aciagos, escribir es una dolencia difícil de evitar. Me pregunto constantemente de las razones. Camino y camino en círculos, por ser la única manera de energizar mi hemisferio crítico, y lo analizo detenidamente. Adopto el papel detectivesco de un policía, intimidando sujetos, razones y excusas para dilucidar el trasfondo del asunto. Por más habilidoso que sea, me enfrento al némesis perfecto, un archienemigo hecho a imagen y semejanza ¿y cómo resolver el misterio si este yace dentro del juez?

En esas sesiones y a lo largo ya de los meses, han surgido palabras del acusado. Frases y algunos enunciados concluyentes que me acercan hacia acciones decisivas. Ya hay muchos antecedentes. Artículos y artículos que con más o menos acierto investigaban el mismo caso. Como búsquedas solo separadas por el tiempo, la desidia y la poca disciplina. Así, les presento la lista más reciente de síntomas que acechan mi práctica:

El formato. Ese formato tan corto, pero tan práctico. Eficiente como poco concluyente. Ausencia de continuidad. A la mano hay aún nulos o vagamente desarrollados métodos para conectar. Un laboratorio sin una metodología unificada no goza de mucha seriedad o potencia. Lo tendrá menos un laboratorio virtual de arquitectura. Par de argumentos finales. Mi falta de atención creativa a la historia y personaje. Cuando atiendo cada relato desde una posición tan neutra, todo adquiere un tono gris. Y la cereza del pastel es el vocabulario. Nexos, sustantivos, conjunciones, verbos, adjetivos y adverbios. Paso por los modismos, queísmos, redundancias y voces. Falto de variedad, al fin y al cabo.

Papel y pluma en mano ¿qué hay que hacer?

El Errante

Sin comentarios

Finales Interminables

Comienzo un texto, y casi instantáneamente viene a mí la necesidad de ser breve… ¡lamentables síndromes! En fin, caso aparte. Ante la inminencia del fin de año, escribo a ciegas. Quizá terminen leyendo alguna forma de oda a los finales; o un homenaje a un renovado diseño del blog… ¡cómo saberlo! ¡y cuanto acierto! La imprecisión de un fin de ciclo, tan borroso como el inicio o escabroso como el viaje.

En algún punto se enterarán, así que vale destaparlo… esto es un artículo de celebración, lo más pertinente, me parece. Antes que nada, personal. Concedo con emoción haber llegado al artículo sesenta y uno con un promedio de cinco artículos a la semana. Escribir en este blog al menos me da la oportunidad de pensar arquitectura o cualquier otro tema que despierte mi curiosidad. Con eso, lo más esperado es compartirlo con el rigor de soltarlo a la opinión pública… sepan que el Errante festeja con cada uno de ustedes que ha leído alguna que otra frase o descabellada idea en este lugar.

Dicho esto, la otra parte relevante. Pasado un año tan particular… la celebración exige alguna forma de cierre… algo que pueda redimir penas y glorias, esfuerzos y derrotas… y habiendo escrito de ello recientemente, haré lo propio.

Los finales tratan del reconocimiento… pariente del agradecimiento y victimario de la sinceridad. Superado cualquier tipo de acto ritual de fin de año, todo puede resumirse a esa acción central: el «reconocimiento». Un reflejo sin tapujos, ocurrido en una especie de éxtasis natural… una negación a sobrestimar las buenas acciones y una sincera reverencia a los errores. Sigan el paso… el reconocimiento es el umbral que se cruza desde una puerta semiabierta… una liberación que no culmina. Palabras más, palabras menos… el fin de año es el día más común de todos, o al menos, así espero que sea. Sólo un día normal donde ese sincero agradecimiento ocurra mutuo… un «final interminable», sí así lo desean.

Que manera tan ideal para un final… tengo la esperanza de que esos finales interminables les sucedan inesperada y continuamente a lo largo de sus vidas… y, aún así, festejar la reunión improvisada, virtual o mental con sus seres queridos.

Finales interminables para todos ustedes, los presentes y los ausentes.

El Errante

Sin comentarios