El Modelo Arquitectónico

Cuando nos preguntan sobre quiénes somos, hacemos un decidido esfuerzo por inmiscuirnos en recuerdos, por compararles con acciones recientes, con opiniones nuevas (propias o ajenas), con deseos pasados y sueños presentes (y persistentes), por rutinas, por sentimientos y con ello el enlistado de todos nuestros allegados (y de los exiliados, también), de aprendizajes y, por qué no, del mismo suceder o momento en que se nos cuestionó sobre la historia de nuestra vida. Ávidamente haremos una selección de conjeturas y síntesis breves (que probablemente hallamos pensado muchos momentos atrás, preparándonos para esta complicada (y esperada) pregunta), y resolveremos anunciando los hallazgos variando la especificidad y calidad de lenguaje según el juez. Supongo, que los días los coleccionamos (pensamiento que tiene sentido en las enérgicas y sobre-productoras redes sociales). Aunque a pesar de eso, este pensamiento en particular tiene una conclusión orientada a otro lugar. Si las personalidades las definimos según se trate de ese largo (y cuidadoso) proceso, y escudriñamos un poco, cuánto podría tener como hábitat un mundo arquitectónico. Revisemos esos recuerdos con universos incompletos, posteriormente construidos conforme la visita a ellos, solicite. Ni se diga de los sueños, surrealidades y alteridades de la imaginación, que bien entrenados, guían a inhóspitos y maravillosos parajes. O regresemos a los sentimientos, acompañados siempre por lugares, los hay rosados y melosos; rojos y pasionales, grises y absortos, o azules e infinitos; de todos colores se podría sitiar la Tierra. O, más terrenalmente, atendamos esas rutinas, tantas monótonas, otras más enérgica… y noten esto, vistas desde nuestra mente, esa riqueza pudiese contraerse en comparación de vivirla en el momento, pues la mirada dista en extremo.

En fin, con tan larga lista para cada ser humano.

Y nunca se olvide esta condición (o maldición, según desee); la arquitectura como ese firme acompañante, ni por delante, ni detrás, siempre lateral a nosotros.

El Errante

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Recuerdos y futuros conmovedores

Asistí a una conferencia online (evidentemente por este permanente estado de cuarentena) del Arq. Miguel Montor; conversación, en realidad, a la que no hubiera asistido sino le conociera de un curso de «sketch arquitectónico» de hace un par de años, y del seguimiento que le he dado a su trabajo (nada complicado, gracias a las eficientes redes sociales). Ese par de horas en que coincidimos en aquella aula fueron suficientes para que a través de sus técnicas comprendiera la sensibilidad y el cariño que le tiene a la profesión. Recuerdo haber utilizado un plumón negro únicamente, con el que trazamos y terminamos el dibujo, al recargarlo de tinta con la suavidad de un pincel y con el ritmo necesario para difuminar los negros y cuidar de los vacíos. Un fantástico resultado, he de decir, sin embargo, uno que admiro por la más por la experimentación, que por el producto.

Quizá por ello hoy escucho ese diálogo. Superado el recuerdo, escribo para crear uno nuevo; imprimir en mi mente un relato a partir del cual puedo partir. Mencionó las palabras «conmovedor» y «constructivo», habló también a la «madurez arquitectónica» (a la que más de las veces me apresuro, engañosamente he de admitir), y alguna que otra remembranza. En otras palabras, andar en las fronteras, o en ese limbo en el que la arquitectura es nuestra; saber los medios y las técnicas del arte arquitectónico; conocer a donde a dirigir el ímpetu de la poética y componer los silencios, respectivamente.

Sigo sentado escribiendo y dilucidando la perfección en ese objeto arquitectónico abstracto, complejo y contenido en mi mente; con el temor a errar en ese arte constructivo y sin permitirme controlar ese ímpetu. Comprendo sus opiniones, y estoy seguro de que las comparto, si no fuera por el resquemor que parece provocarme. Sin poder adivinarlo, sé que me encuentro en el firme deseo de explorar aún ese «saber conmovedor» oculto en la arquitectura diseñada y construida, donde la emancipación de ese ímpetu encuentra su equilibrio en el mundo práctico.

Quién no dirá que alguna vez les podré escribir sobre ese momento.

En el mientras tanto, la búsqueda no cesa.

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