Hogares Matinales

Normalmente despierto por las mañanas y la casa, casi como mi cuerpo, realiza un ritual para comenzar el día. A cada uno nos pasará distinto, incluso esas casas repetidas crean y motivan maneras diferentes de despertar. En la lista, inicialmente hay una razón de causa: al anochecer todo oscurece, nos ensimismamos; cuerpo y hogar… en el alba, el proceso es inverso: la casa se abre al ritmo de la luz matutina que se come a la oscuridad a paso firme. A partir de aquí, entran los colores únicos según se trate.

En tiempos fríos como este, esa apertura se intenta retardar hasta que el calor atice los muros. La variedad es infinita, incluso en mi caso. De vez en vez los ruidos comienzan en tiempos de madrugada, previo al amanecer… una puerta en la terraza abriéndose. En normalidad, a primeras horas de la mañana la historia recomienza. Una olla de canela se prepara en la cocina, sea por lo cálido, por la reacción corporal, el terroso olor o la ebullición animada de la olla nos reunimos naturalmente ahí, aunque sea para el breve saludo matinal. El encierro se mantiene por unas horas más, entre aromas y tranquilidad. Paulatinamente la casa abre sus puertas y ventanas. La cocina, una vez más, toma batuta. Le siguen el patio y la cochera, hasta terminar en cada cuarto. El hogar es una actividad humana ¿Qué otro argumento necesita para apreciar la belleza del propio y el ajeno?

El Errante

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