Grabado y Arquitectura II

La textura es un medio de expresión clave en el material. En realidad, el concepto mismo en el lenguaje común es demasiado cerrado e incluso a nivel semántico, pues implica únicamente a la expresión superficial de algún elemento. Si nos lo preguntamos ¿qué no la textura rugosa de la piedra es un producto de su composición interna? ¿O la veta de la madera es una consecuencia de la vida del árbol de la que proviene? En la mirada de estas preguntas, la textura se entiende como la lectura superficial de un material en el tiempo, adquiriendo la forma que su composición le permitió. Entonces, es sólo una capa exterior de la larga lista de capas que le han precedido y, si lo hubiésemos dejado, de la que le seguirán. Es una parte de la historia de la materia y su intervención con el ser humano.

Si invertimos la mirada, la textura es una impresión momentánea de la vida del material. Bien podríamos, como tantos artistas del grabado lo hacen, usar técnicas como el “frottage” como un medio para explorar estas texturas y familiarizarnos con la materia. Ser cuidadosos y leer sus grumos y sus huecos, rastros de nuestra intervención y de su historia. Cuando talemos un árbol, miremos su rugosa corteza que lo acoraza, o rompamos su piel exterior y olamos el suave aroma de un pino o un cedro, toquemos sus venas y su marmoleada y frágil materia interior.

Un tema dignísimo de explorar, en especial en una escuela de arquitectura donde la materia es su masa y vagamente la mencionamos con tal ahínco y sensibilidad como ya el grabado lo hace.

El Errante

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