Notas de un Sujeto llamado Teoría

La arquitectura tiene una definición borrosa, sumamente difuminada actualmente… su práctica puede diferenciarse con facilidad en un mismo instituto. El movimiento moderno que estudiamos en la escuela es la representación de una unión, un elemento común al que adherirnos si era nuestro interés o contra el que referirnos… ahora sin una referencia, todo se disipa hacia flancos que antes obviábamos. Si pudiera decirlo en otras palabras, la arquitectura de nuestro presente es en un inicio eterno.

La verdad quisiera escribirles de tantas cosas, una marea de emociones que me inunda y que físicamente soy incapaz de liberar al ritmo que me pide. Leí en un artículo de Gary W. Davies (Failed Architecture) una serie de reflexiones que nace de preguntas básicas sobre la vivienda social en masa, paulatinamente aludiendo a las pocas propuestas teóricas del arquitecto actual y concluyendo en preguntas ontológicas que sacuden los cimientos de nuestra disciplina. Encima de todo quedo mudo ante una posible verdad: ¿será cierto que las prácticas arquitectónicas actuales limitan su propuesta teórica? ¿ya no hay argumentos para entrar en la propuesta intelectual o social? ¿ya no hay razones que puedan cimentar referencias para futuros proyectos?

Ya todo se vuelve confuso y excesivamente teórico para esta entrada que apenas roza las doscientos cincuenta palabras. Las preguntas persisten y se las comparto para liberarlas, que interiorizarlas no me brinda mucha tranquilidad. Y les insisto una invitación un tanto implícita, una evaluación personal sobre su veracidad, un reto al más puro estilo de un juego de la verdad. Sin excepciones todos sufrimos de un destino parecido… cada día inundamos nuestros sentidos de información y respuestas breves; sólo entonces entiendo el temor común hacia el sujeto misterioso: la teoría, con su mirada incierta y sus dudas interminables. De su soliloquio solo resultan preguntas aparentemente inservibles y la imposibilidad de actuar, una locura prevenible. Con esos prejuicios la insistencia sigue en pie, pues sólo esa, su mirada, puede entrever un porvenir inesperado y esperanzadoramente más próspero. A llanas palabras, son sus locas ideas las que mueven a la humanidad hacia delante ¿por qué olvidarlo?

El Errante

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Temas de Vivienda Colectiva

Arquine Jams No.23 | vivienda colectiva

La casa es uno de los objetos arquitectónicos más peculiares y únicos. Asistí a una conferencia online… (evidentemente hablar de asistencia es en realidad impreciso, pero para estos tiempos es aún tan significativo). La revista Arquine realizó un símil a los Jams de los jazzistas… y, sin querer ahondar más en esa cuestión, hablaron de vivienda colectiva (“ellos” a.k.a. Miquel Adrià, Fernanda Canales, Juan Herreros y Juan Carral). Entre sus discusiones, de las que suelo ir reflexionando, Canales propuso el tema de las transiciones, del cómo pasar de la cama a la ciudad, una transición con matices severamente distintos entre la vivienda colectiva y la unifamiliar.

Antes de proseguir, como arquitecto soy un ferviente partidario del inconmensurable valor e importancia del hogar. A nivel arquitectónico tan sólo, la casa es el lugar donde pasamos buena parte de nuestras vidas; mientras que, en el extremo de lo cotidiano, es según el cual actuamos. Descansamos, nos aseamos, convivimos y, en la luz de nuestros tiempos, trabajamos ahí (cuando así se dispone, claro). El hogar es un inicio. A sabiendas de ese valor inicial, prosigamos.

Siendo la casa un valor, me pregunto ahora no sólo de la transición entre la cama (como ese lugar absolutamente privado) y la ciudad (como el polo extremo de lo público); más allá, cuestiono el rol activo que la vivienda debería tener para con la esfera social, justo donde la vivienda colectiva adquiere más protagonismo. La vivienda unifamiliar disfruta de la privacidad de saberse por y para sí misma (una aseveración de tanto en tanto más notoria). Al contrario, la colectiva concentra y contiene el valor de varios hogares… justo aquí es a donde dirijo la cuestión. Una de las oportunidades más interesantes es su capacidad de ser un catalizador para la ciudad, por demostrarse como ese cúmulo. En la pasada posguerra (y aún hoy) ha habido grandes demostraciones que buscaban usar ese catalizador en favor de la construcción ciudadana, y las respuestas deberían dirigirse más fervientemente hoy a esa cuestión.

¿Cómo utilizaríamos el valor concentrado de una vivienda colectiva para no sólo catalizar a sus habitantes sino a la ciudad? ¿Qué futuro vislumbrar?

El Errante

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